Seleccionar página

 

maxresdefault

El cine de superhéroes no es nuevo pero sí lo es el fenómeno que representa, desde ya hace algunos años, la transposición de cualquier material proveniente de comics e historietas que tenga como protagonistas a personajes poseedores de alguna cualidad sobrenatural o superlativa en relación a la media de los mortales. Incluso el fenómeno superó la frontera del cine y se extendió hasta la TV, series como Daredevil, Jessica Jones, Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D., etc. (factoría Marvel) o Gotham, Arrow, Flash, etc. (factoría DC) han acaparado la atención. Sin embargo dejáremos de lado lo que sucede en la TV y en las plataformas de streaming.

 

En la década del 90 el mundo de los superhéroes era un gueto, del cual solo podían escapar Batman y sus secuelas, pero es en ese período en el que la propia franquicia cae en un abismo debido al díptico de Joel Schumacher.  La sobre preocupación en los colores y en la parodia hizo que el cine de superhéroes se viera todavía más marginal, dedicado a un público raro que iba a ver viñetas en movimiento, solo para niños y preadolescentes. Incluso estos proyectos le eran encomendados a directores proclives a defender la industria que a construir transposiciones más cerebrales. En el pantanal encontramos por ejemplo a Daredevil (2003) dirigida por Mark Steven Johnson, quien años más tarde también se encargaría de GhostRider (2007), también están los ultra fallidos casos de Gatubela (2004) del publicitario Pitof y Elektra (2005), una suerte de spin off de Daredevil. ¿Cómo logra el cine de superhéroes salir del pozo en el que estos bodoques industriales lo metieron?  Probablemente la respuesta esté en un film que no podría encasillarse dentro del género: El Protegido (2000) de M. NightShyamalan, aunque a partir de aquí la llamaremos por su título original; Unbreakable.

 

En Unbreakablese da un caso que funciona como una fórmula, la de contar la historia de la transformación de un hombre ordinario en un “personaje”. Esta película probablemente sea un gran prólogo de dos horas, presentando a un hombre en la búsqueda de su identidad, “¿por qué estoy en este mundo?” y otros dilemas existenciales. Uno de los grandes méritos de Shyamalan es elaborar una atmósfera ultra realista, en principio por presentar el disparador de la historia: un accidente trágico deja el saldo de centenares de muertos, solo hay un sobreviviente que es el protagonista de la historia, un simple guardia de seguridad que viajaba en tren de regreso a su hogar. La ayuda para despejar la angustia que dice sentir el protagonista se la brinda un personaje excéntrico (su vestimenta se asemeja mucho a la de The Joker, el archirrival de Batman), quien lo guía por un camino: el camino del héroe. Si simplificamos ese path como lo llama Joseph Cambell, el autor de El Héroe de las Mil Caras (piedra angular de la teoría literaria sobre el mito del héroe) podemos decir que el héroe tiene como objetivo reencontrar un equilibrio perdido. El tránsito de lo ordinario a lo distintivo es el concepto que atraviesa Unbreakable, un film / plantilla para las futuras transposiciones a partir de mediados de la década del 2000. Además de un antagonista caracterizado bajo el perfil de un villano de superhéroes, hay una lectura reflexiva sobre la historieta, alejándola de la mirada superficial que el propio cine colaboró en construir.

 

superheroes

 

Cierto es que Shyamalan no inventó la fórmula de retroceso para relatar la historia de un proceso de transformación en un héroe, ni tampoco lo hicieron los historietistas como Alain Moore o Frank Miller en los 80’s que también emplearon la misma estrategia, en esos casos para sacar del ostracismo a un lenguaje en sus últimos años de la llamada “Edad de Bronce”.  Hay que remontarse a Aristóteles, si queremos trazar una línea cronológica acerca del destino del héroe clásico, un concepto marcado a fuego consciente e inconscientemente por todo aquel que intente hilvanar una historia sobre personajes que recorren un camino en forma circular, del desequilibrio al equilibrio.

 

Batman Inicia (Batman Begins, 2015) de Christopher Nolan es la primera deudora deUnbreakable porque utiliza la estrategia de resetear la vida de Bruce Wayne y ponerla en la senda de reconfiguración para resolver, en principio, un hecho traumático. Más cristalina es la conexión con Año Uno (1988), la historieta de Frank Miller que decide volver a un grado cero al personaje, de allí Nolan se valió para contar la transformación de un joven Wayne perdido en un vigilante que debe velar por la seguridad de Ciudad Gótica. Quizás en menor medida pero en la misma sintonía, esta primera parte (de lo que sería una trilogía) se asocia de manera más directa con el film de Shyamalan. En el sentido de una transformación dolorosa, ya más en un terreno enunciativo, Wayne al igual que David Dunne (el protagonista de Unbreakable) reniega de una camino determinado que un sistema le obliga a transitar pero que sabe que es inevitable. Acusada de seria y solemne, esta primera parte se ocupa de edificar, en sentido transpositivo, la idea de un mundo en el que el humor está presente en la deformidad de su partes, es decir en la parodia por ejemplo. Entender el fenómeno transpositivo es la vía para entender el cine de superhéroes porque no existen personajes de esta  clase para la pantalla grande, siempre hay una fuente que es la historieta.

 

Marvel, la editorial “antagonista” de DC, si puso en primer plano el humor, siendo esta una característica que prima en sus personajes más importantes: IronMan, Spider Man, incluso en otros más graves como Capitán América o los X-Men. También la clave está en la elección de los actores, Robert Downey, Jr. por su versatilidad era el indicado para interpretar al millonario, filántropo y científico rebelde Tony Stark, cargado de una gran dosis de ironía e histrionismo. La avanzada científica siempre ha sido un disparador para las historietas de la década de 1940 – 1950, cuando la paranoia en la escalada entre EE.UU. y la Unión Soviética estaba en su apogeo por ver quien ganaba esa carrera, por ejemplo, para llegar a la Luna. La mayoría de los superhéroes nacieron en ese período, así como también sucede con lo fantástico, este tipo de género en la historieta funcionaba para valerse de un contexto político y social, claro que en una traducción hacia un público infantil-adolescente que era el consumidor mayoritario de los llamados comics por ese tiempo. La situación ha cambiado, afortunadamente, porque las historietas se han complejizado, así también lo ha leído el cine, sino miren la presentación del personaje de Elijah Price en la mencionada Unbreakable.

 

batmanneutro_va5d