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“¿Cuál es el costo de las mentiras?”

26 de abril de 1988. En una solitaria y agria vivienda, un hombre graba su último testimonio. Acusaciones, reflexiones y pensamientos reflotan, mientras en el aire surge el fantasma de Chernobyl, aquella tragedia impensada que tuvo un costo humano sin precedentes. El sujeto sale por última vez a la calle, y observa aquel panorama desolado. Vuelve a subir, apaga el grabador y toma su decisión final. Su trabajo ya está hecho, ahora es hora de conocer la terrible historia detrás de la fatalidad.

 

Esta miniserie de cinco capítulos, producida por HBO y Sky, creada y escrita por Craig Mazin, y dirigida por el sueco Johan Renck exhibe los drásticos sucesos verídicos acontecidos en la central nuclear soviética de Chernobyl en el año 1986, en una noche en la que se desató el infierno y en donde la desidia y el error humano contribuyeron a un desastre casi sin precedentes.

 

El clima que se respira en el ambiente es gris, agrio y eventualmente sucio por la contaminación por radiación. Las partículas radioactivas avanzarán paulatinamente hacia distintas poblaciones. Algunos, las verán, reunidos, como copos de nieves, sin saber del peligro que corren al aspirar esas sustancias. Otros, aquellos valientes que fueron a apagar un fuego y se encontraron con algo mayúsculo y los que pusieron su vida en juego para tratar de aminorar las consecuencias, sentirán el tétrico chirrido hasta el último instante de su existencia.

 

El libreto es conciso y va desenmarañando, con algunos lapsus no cronológicos, la trama y el andar progresivo del accidente. La producción no es excesivamente cruda, aunque tampoco escatima en mostrar la evolución del desastre y la involución de los damnificados. Tal vez, las escenas que muestran el sacrificio de animales, en este caso, perros, podrían haber sido mayormente evitadas o más resumidas, pero ello es un territorio subjetivo y una decisión ejecutiva.

 

Las cuestiones políticas y las determinaciones frágiles, abundan en este relato real. Porque como fue dicho, hubo un claro error humano a lo largo de los procedimientos previos a la tragedia, además de la desidia, la inconsciencia e informaciones poco claras. Pero, si todo ello fuera expuesto, los grandes popes dirigenciales y de seguridad quedarían en la mira, por lo que harán lo que esté a su alcance para tratar de minimizar su responsabilidad en las causas del hecho. Por otro lado, la facultad y el poder de decidir sobre las vidas de miles de hombres que de una forma u otra tendrán sus días contados, aunque se retiren como héroes, es una ardua resolución de tomar.

 

Los diálogos son fundamentales en esta miniserie y los denominados silencios también, ya que las perspicaces miradas a veces dicen mucho más que las delicadas y fatalistas palabras.

 

Las actuaciones son muy buenas. Hay intérpretes de distintas nacionalidades, muchos de ellos británicos, que usan su acento natural sin tapujos ni preocuparse por forzar una tonada rusa que poco les vaya a beneficiar. Jared Harris, -el hijo de Richard-, es Valery Legasov, un importante químico que ayudará a paliar los efectos de la catástrofe. Emily Watson es Ulana Khomyuk, una reconocida física que también tendrá una importante injerencia en el intento de empezar a resolver el duro asunto. El personaje de Khomyuk es ficticio y es un homenaje a todos aquellos científicos valientes que colaboraron con Legasov en Chernobyl, y a los que no les importó poner en riesgo su salud ni ser apresados o denunciados por las autoridades de turno, sino que priorizaron su trabajo en pos de apaciguar y frenar los tremendos efectos del suceso.

 

Por su parte, Stellan Skarsgard se mete en la piel de Boris Shcherbina, un político algo reacio y férreo al principio, pero que más adelante se une sin dudar a la causa de los mencionados profesionales. Además, Paul Ritter interpreta al polémico Anatoly Diatlov, uno de los encargados principales de la planta nuclear, la noche del acontecimiento, y Jessie Buckley es Lyudmila Ignatenko, la esposa de Vasily, uno de los primeros bomberos en acudir a la zona del desastre. Completan el elenco Adam Nagaitis, Con O’Neill, Adrian Rawlins, Fares Fares, Barry Keoghan, Sam Troughton, Robert Emms y David Dencik ,-como Mikhail Gorbachev,- entre otros.

 

Precisamente fue Gorbachev quien escribió una vez: “La fusión nuclear de Chernobyl fue quizá la verdadera causa del colapso de la Unión Soviética”. Razón no le falta a quien fuera el último presidente de la URSS ya que cuando convergen el secretismo, la desidia, los intereses políticos, el ego, la mentira y la salvedad personal, pueden ocurrir hechos terribles que de otra forma, hubieran sido inimaginables en las páginas de la historia de la humanidad.

 

 

Puntaje: 9 de 10

 

Guillermo Bruno