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“El legado final de un genio”

Año 1613. Tras la quema de su teatro “The Globe”, William Shakespeare se encuentra retirado en sus aposentos campestres. El hombre ha perdido el interés en la escritura y ahora pasa sus días trabajando en los jardines de su casa, con la compañía de su mujer y su hija. Al sujeto además le azotan los recuerdos de su hijo pequeño Hamnet fallecido unos cuantos años atrás, por lo que está en un momento muy delicado de su existencia.

Este film, dirigido y protagonizado por Kenneth Branagh, y escrito por Ben Elton, exhibe lo que fueron los últimos años de vida del famoso escritor. El principal baluarte de la cinta es su fotografía y cinematografía, ya que los planos, por momentos parecen estar pintados, como si fueran bellos cuadros. La fotografía de los interiores se realizó utilizando solamente la luz de las velas.

Hay una cierta melancolía. desazón y soledad a lo largo de las escenas del film, que tiene una clara injerencia teatral. La angustia corroe a William Shakespeare por la pérdida de su descendiente mientras lanza culpas compartidas y se preocupa por el futuro de su hija, quien todavía no ha cumplido el “mandato social”, típico de la época. Además, el individuo redescubrirá un viejo anhelo de tiempos pasados, con un último encuentro filosófico.

La relación con su esposa Anne Hathaway se muestra como un tanto distante. Ella es unos cuantos años mayor que él y más allá de un compañerismo esporádico, no se vislumbran grandes exhibiciones de afecto.

El mencionado Branagh interpreta, en buena forma, y con una sólida caracterización, a Shakespeare. La siempre impecable Judi Dench es su mujer. Lydia Wilson y Kathryn Wilder son Susanna y Judith Shakespeare, las hijas del dramaturgo. Por último, el altamente reconocido Ian McKellen hace una breve pero notable aparición como Henry Wriothesley, el conde de Southampton.

William Shakespeare observó pacíficamente el calmo paisaje, mientras le pareció ver a su querido Hamnet corretear por los matorrales. Al volver a mirar, el niño había desaparecido, pero lo que jamás se desvanecerían serían los imborrables recuerdos compartidos.

Puntaje: 7, 5 de 10

Guillermo Bruno