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“Crónica de un ¿futuro? cercano”

Año 2019. La familia Lyons, compuesta por cuatro hermanos, sus respectivas parejas e hijos, y la abuela Muriel, se reúnen en clave de fiesta. En la TV, la política Vivienne Rook despotrica contra la sociedad y el sistema mientras se da ínfulas. El nacimiento de un hijo, los movimientos del mundo, parejas que se unen y se desunen y el avance de la tecnología son algunos de los eventos que se van sucediendo a medida que pasan los años.

Esta miniserie británica de 6 capítulos, producida conjuntamente entre la BBC y HBO, creada y escrita por Russel T Davies y dirigida por Lisa Mulcahy y Simon Cellan Jones, nos muestra las vicisitudes de un futuro muy cercano y por momentos bastante certero.

La producción trata varios de los conceptos que rodean incluso al mundo actual: Calentamiento global, desastres naturales, explosiones económicas, inmigración descontrolada. También hace foco en la parte tecnológica, yendo mucho más allá de la telefonía celular, para enfocarse tanto en la inteligencia artificial, la fusión del humano con las computadoras y el control certero de las emociones.

Precisamente, el aspecto de la tecnología es uno de los temas centrales de la miniserie. Al igual que como ocurre actualmente, las máquinas van reemplazando al ser humano y ello conlleva a la desaparición de ciertos empleos que antes eran necesariamente realizados por personas. Por otra parte la obsesión de ciertos ciudadanos por mezclarse en ese contexto terminará trayéndoles complicaciones a la salud, ya que la compenetración total o parcial con la ciencia tiene siempre un costo.

En el asunto social y político, vemos, como fue dicho, una gran inmigración, además de una serie de personas no deseadas. Las mismas quedan concentradas en antros con similitudes lejanas a los campos de concentración, donde el escape parece ser la única solución. Eventualmente habrá toque de queda y sitios prohibidos o cerrados, en lo que es un triste paralelismo a los problemas del siglo XX.

Las relaciones sociales están muy bien logradas, en especial entre los miembros de la familia. En un universo en el que predominan las pantallas, los Lyons persisten en encontrarse cada año, pese a que la “comodidad” y el uso electrónico a veces los supera. Como ocurre siempre en la vida, así como habrá alegrías y logros, también habrá pérdidas y contratiempos. Aquí viene un mini “spoiler”, pero al final del día, la que se mantiene realmente firme y estoica es la abuela, que con su sabiduría tiene mucho para enseñarles a sus descendientes.

Las actuaciones son buenas. Rory Kinnear es Stephen Lyons, el hermano mayor de la familia, que trabaja en economía aunque pronto vendrá sacudidas sus circunstancias laborales y personales. T’Nia Miller interpreta a Celeste su mujer, y Lydia West y Jade Alleyne son Bethany y Ruby, sus hijas, teniendo la primera una obsesión por la mencionada fusión tecnológica. Jessica Haynes es Edith Lyons, la hermana del medio, una intrépida y temeraria activista en tanto que Ruth Madeley es Rosie, la alegre hermana menor, que está en silla de ruedas.

Russel Tovey es otro hermano, Daniel, en tanto que Maxim Baldry y Dino Fetscher son Viktor Goraya y Ralph Cousins, las respectivas parejas del susodicho. La experimentada Anne Reed saca a relucir sus habilidades como la abuela Muriel, y Emma Thompson,- personaje vital en el contexto de la miniserie, aunque no tenga tantas apariciones-, es la peculiar política Vivienne Rook, cuyos pocos escrúpulos y personalidad pujante la ayudaran a subir en los rangos de su carrera.

La foto familiar del 2019 en la residencia Lyons mostró a todos sus miembros sonrientes, mientras se preparaban para recibir al nuevo año. Pese a los vaivenes de un mundo cada vez más cambiante, ellos lograron inmortalizar de una forma u otra, ese único instante de unión y templanza, ante un futuro incierto como toda existencia.

Puntaje: 8 de 10

Guillermo Bruno