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“La vida es una comedia”

Arthur Fleck es un payaso callejero de fiestas y eventos que vive con su madre Penny en la ciudad de Gotham. El hombre se encuentra bajo una alta dosis de medicación, ya que posee un trastorno que provoca risa incontrolable. Su sueño de convertirse en un gran comediante parece haberse frustrado, en tanto que se siente constantemente atacado por la sociedad. Tras ser despedido de su empleo por llevar un arma a un hospital de niños, y ser acosado por unos agresivos empleados de Wayne Enterprises, Arthur explota violentamente, emprendiendo un camino de no retorno en su vida, liberando su ser más interno.

Este film, escrito y dirigido por Todd Phillips-, que escribió el guión junto con Scott Silver-, nos muestra una versión más humana del mítico personaje del Joker, con dilemas comprensibles y el humor como bandera.

La cinematografía es uno de los aspectos destacados de la cinta. Por ejemplo, al inicio, vemos a Fleck transitar solitariamente por unas eternas escaleras, casi como el acto de un sujeto que se siente como un perdedor. Luego, ese individuo, ya transformado, bailará por las mismas, en clave de libertad. Los ambientes fríos, oscuros y desalmados también pululan en el andar de la película. El clima de la producción es por momentos sombrío y también perturbador.

En el largometraje hay un claro homenaje al cine de Martin Scorsese, evidenciando en primera instancia y en sus planos y acciones, a una de sus obras claves: “The King of Comedy”. El personaje de Arthur podría claramente ser una referencia a aquel de Rupert Pupkin, interpretado por Robert de Niro: ambos tienen algún tipo de trastorno en el que no siempre distinguen realidad de fantasía, viven con su madre, quieren ser comediantes y admiran a una figura excluyente del ámbito; Jerry Langford en el caso de Pupkin, Murray Franklin en el caso de Fleck.

La curiosidad está dada en que Franklin está encarnado precisamente por De Niro, por lo que otra lectura que puede hacerse es que dicho personaje es una versión veterana de Pupkin, en el caso de que hubiera logrado su objetivo. Phillips va incluso más allá con su reconocimiento a la obra del neoyorquino, ya que no solo tintes de otros films del susodicho,-como “Taxi Driver”, o un ápice de “Raging Bull”- sino que hay una escena clave en la que Arthur Fleck habla consigo mismo, recreando una conversación con Murray Franklin. que recuerda precisamente a la mencionada película.

¿Es posible empatizar con un sujeto como el Joker? A lo largo de la historia, las distintas encarnaciones de la figura lo han exhibido como un villano psicótico y despiadado, acaso el más acérrimo enemigo de Batman, siendo alguien que representa los valores opuestos a los que pregona el Caballero de la Noche. Aquí, sin embargo, vemos una versión más humana del susodicho, mientras lucha con sus conflictos internos, en pos de un objetivo al que le parece inalcanzable. Claro que, una vez que cruza el umbral de lo siniestro y lo violento, en donde la meta inicial se bifurca, las opiniones bien podrían diferir pero hay algo de encanto en él que nos hace dejar de lado el “odio” típico que pregonan este tipo de personalidades.

Precisamente, la transformación del personaje comienza luego de la primera brecha, de las primeras muertes. En ese instante empieza a sentir una liberación deseada, para desatar el infierno que lo corroe por dentro. El problema es que la violencia genera más violencia, y las grandes masas enfadadas y trastocadas siempre buscan una referencia para soltar su ira, por lo que se unirán al caos, imitando a la figura de un líder que los lleve en su lucha en contra del orden que consideran poderoso y autoritario.

Ese poder es encarnado por Thomas Wayne, cuya versión en este film es la de un hombre arrogante y con pocas pulgas, lejos del padre ideal y amoroso que Bruce Wayne, -que también hace una breve aparición,- siempre añora. Por enésima vez, el asesinato de los Wayne es representado, aunque en este caso, con un toque payasesco. Por otra parte, Fleck cruzará sus caminos con el empresario, en pos de un viejo asunto pendiente.

El humor se presenta se forma tan natural y directa, que transciende los límites de la crudeza y lo violento. Esto es un acierto, ya que en otras circunstancias, hubiera primado la concepción de lo desagradable por sobre lo lúdico. En algunas escenas claves, la banda sonora toca viejas versiones de canciones como “Smile” o “That’s Life”, promoviendo un sentido de contradictoria alegría. El film ganó el “León de Oro”, en el pasado festival de Venecia.

Joaquin Phoenix realiza una excelente actuación como Arthur Fleck/Joker. Sus emociones, estados de ánimo, gestos, risa y eventual mutación logran que componga de gran manera a un personaje muy complejo, que va adentrándose cada vez más en su propio mundo de locura casi irrefrenable. Robert De Niro compone una buena interpretación como el cómico presentador Murray Franklin, siempre con un ápice de sarcasmo y altanería en su andar. Frances Conroy es Penny Fleck, la trastornada madre del protagonista principal, que también logra una acertada ‘perfomance’ con tintes siniestros dentro del cariño que dice profesar, contraponiéndose al rol de matriarca por el que se hizo conocida en la serie “Six Feet Under”.

Completan el elenco principal Zazie Beetz como Sophie, una vecina del payaso y Brett Cullen como Thomas Wayne. Además, Dante Pereira-Olson aparece como su hijo Bruce, y a ellos se les suman Bill Camp, Shea Wigham, Glenn Fleshler y Brian Tyree Henry en diversos roles.

En una sombría noche neoyorquina, Arthur Fleck explotó. Disparó su revólver numerosas veces y cuando terminó su cometido, lo invadió una súbita sensación de horror. Pero la misma duró apenas un instante, ya que comenzó a sentir una punzante liberación dentro de su ser. La furia se transformó en alegría, la alegría nuevamente en violencia, y la locura incipiente se apoderó de un hombre que muy pronto no conocerá límite alguno.

Puntaje: 8 de 10

Guillermo Bruno