Seleccionar página

“La tortura bajo la alfombra”

Daniel Jones es un investigador estadounidense que trabaja para el Senado. Cuando arranca la historia, el hombre está metido en un lío legal debido a una investigación concerniente al uso de tortura por parte de la CIA a prisioneros en las postrimerías del ataque terrorista del 11 de septiembre del 2001. El relato retrocede al año 2003 y vemos como se inicia el arduo proceso de indagación mencionado, que tendrá complicadas ramificaciones.

Este film, dirigido y escrito por Scott Z.Burns, está basado parcialmente en las peripecias explicitadas en el artículo de Katherine Eban: “Rorschach and Awe”. El largometraje narra la eventual confección de un reporte verídico sobre el uso de las duras torturas.

La trama se desarrolla muy ágilmente, mientras observamos como van pasando los años, dentro de lo que se convierte en una investigación cada vez más compleja. El frenetismo de las acciones y las conversaciones están a la orden del día, dejando casi nulo espacio para cuestiones sentimentales o personales.

Durante el denominado primer acto de la película, se vislumbran varios flashbacks que exhiben numerosos actos de tortura y degradación a varios prisioneros, además del elaborado y siniestro plan psicológico para ‘quebrar’, con técnicas cada vez más elaboradas a los captivos. Lo siguiente es netamente subjetivo, pero lo cierto es que la cinta se torna un tanto explícita respecto a este tópico, y tal vez alguna que otra escena podría haberse obviado, aunque la verdad cruda, por más cruda que sea,- valga la redundancia-, a veces hay que verla con ojos y sentidos nítidos.

El proceso de recabación de información termina llevando al protagonista y a sus colegas a revelaciones poco deseadas para las aspiraciones de las altas esferas del poder. Por ello, el resguardo deberá ser vital para aquellos que buscan sacar a la luz la autenticidad de los hechos.

A lo largo del film, se observan planos exteriores oscuros de sitios en donde se cuecen no solo las diversas investigaciones sino que también se deberán respetar los procedimientos más estrictos. Casi como un homenaje a “All the President’s Men” y su Watergate, los datos más álgidos serán recibidos en locaciones recónditas, donde el silencio y la ausencia de ojos sospechosos serán el baluarte para que los papeles lleguen a buen puerto.

Las actuaciones son buenas. El requerido Adam Driver interpreta a Jones, un sujeto determinado a llegar al fondo del asunto, con un ímpetu que trascenderá cualquier peligro que se le presente. La reconocida Annette Bening realiza una grata performance como su jefa Dianne Feinstein, una mujer íntegra que deberá lidiar con el intrincado costado político y burocrático de la cuestión.

El cast tiene la particularidad de incluir a diversos actores con roles importantes en notorias series de TV, como es el caso de Jon Hamm, Maura Tierney, Michael C Hall, Corey Stoll, Matthew Rhys, Jennifer Morrison, Ben McKenzie, entre otros, en un elenco que también tiene a los habitúes Ted Levine y Tim Blake Nelson.

La CIA es una de las organizaciones de inteligencia más importantes del mundo. Como todo organismo de esa índole, se han manchado las manos con sangre más de una vez. En el medio de una horrible trifulca de dos universos opuestos, Daniel Jones dio en la tecla de un sórdido asunto que involucró a la integridad física y mental de un grupo de personas que pese a su posible participación en atrocidades, merecían aunque sea un ápice de humanidad.

Puntaje: 7,5 de 10

Guillermo Bruno