Seleccionar página

“Aquellos días campestres”

Estados Unidos. Fines de los ’90. Una gran foto familiar silvestre captura tres generaciones relevantes: Bonnie Vance, Beverly Vance y J.D Vance, matriarca, madre e hijo. Pasa el tiempo, J.D ahora es un futuro prospecto de Yale en materia de leyes, con una pareja y los nervios de entrar en un mundo ríspido. Pero, lo azotan los recuerdos de su infancia, de esa mamá que sufría una adicción a las drogas y de esa abuela, que pese a su dureza, fue un grato sostén en su vida.

El último film de Ron Howard, escrito por Vannesa Taylor-, una de las plumas detrás del guión de “The Shape of Water”,- y está basado en las memorias verídicas del mencionado J.D Vance.

El melodrama rodea peligrosamente a la primera mitad del largometraje, en donde seremos testigos del punto de vista del andar de la existencia del joven, tanto en su fase adulta como en sus años juveniles. La alegría familiar se vislumbra esporádicamente y los problemas suelen golpear la puerta de los Vance. La siempre innecesaria violencia surgirá cuando el arrastre a la dependencia de los estupefacientes ya ingrese en territorios escabrosos.

Mientras tanto, en el “presente”, vemos al protagonista en búsqueda de una estabilidad necesaria, en tanto que se va poniendo estrictos objetivos. Pero el pasado toca su puerta constantemente y aquellas voces familiares no cesarán. Al fin y al cabo, pese a todo, una de las principas preocupaciones del muchacho radica en el bienestar de esa madre conflictuada, cuyo afecto no será borrado por las circunstancias.

La segunda mitad de la cinta es quizás, la más fuerte respecto a la fuerza narrativa. Allí, veremos los matices más profundos de la relación entre el chico y su abuela. Lo difícil del carácter de la mujer parece ir quedando de a poco a un costado mientras va formando un vínculo con su nieto. El problema es que este clímax llega quizás muy tarde y su potencial se “esparce” apenas a lo largo de un puñado de escenas, por lo que no consigue equilibrar de forma absoluta a los vaivenes de un segmento inicial desbalanceado en la intención e intensidad en lo que a la materia dramática se refiere.

Amy Adams y Glenn Close interpretan a Beverly y Bonnie Vance respectivamente, en tanto que Gabriel Basso es J.D Vance en su versión adulta, y Owen Asztalos en formato juvenil. El elenco se completa con Haley Bennett, Freida Pinto y Bo Hopkins. Adams y Close realizan una grata actuación, sobre todo esta última, que jamás decepciona.

La fotografía de la familia Vance solo capturó un instante en donde el tiempo pareció congelarse. Independientemente de los demonios de cada uno, el origen propio, rara vez se olvida.

Puntaje: 6,5 de 10

Guillermo Bruno