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“No existen los ángeles”

Estados Unidos, Octubre de 1990. Una joven va a toda velocidad por la ruta mientras suenan fuertemente los acordes de la canción “Roam”, de la banda The B-52. La muchacha se da cuenta de que la podrían estar siguiendo por lo que, tras una maniobra, estaciona con pánico incipiente en una estación de servicio. Su desesperación la lleva a otra carretera, en donde se rinde ante su destino frente a un enorme camión.

Poco después, el experimentado alguacil Joe Deacon se encuentra recolectando evidencia de un asesinato. El hombre está preocupado por ese caso y sus posibles ramificaciones, en tanto que se siguen sucediendo muertes sospechosas. El prometedor aunque algo pomposo detective James Baxter es puesto a investigar el asunto, que se volverá cada vez más escabroso y en el que Deacon no querrá escatimar su participación.

Este film está escrito y dirigido por John Lee Hancock. El profesional escribió un posible libreto a principios los 90′ y hasta se llegó a hablar de Steven Spielberg o Clint Eastwood, entre otros, para poder dirigir el eventual largometraje. Finalmente Hancock escribió su propio guión completo y la idea se materializó en la pasada década. Y precisamente son las palabras escritas, pasadas a imagen, las que terminan teniendo,- cuando no-, una gran influencia en el desarrollo de esta cinta.

Durante la primera hora de película, vemos como se construye una historia con tintes de policial clásico, devenido en thriller psicólogico. Los tiempos de cada plano tienen una calculada parsimonia. Quedará luego en cada espectador ver si prefiere ese modus operandi o algo más canónico. La cuestión es que el progreso de la trama se implementa de manera efectiva bajo ese procedimiento.

Mientras tanto, flashbacks nos irán narrando momentos pasados en la existencia de Deacon, en aquellos asesinatos que hicieron mella en su vida. La soledad del hombre a veces se explica en sus propios demonios y el ex detective no va a ser la excepción a la regla.

Cuando el film va rodeando los 60 minutos, el guión comienza a caerse a pedazos, con atisbos vislumbrados anteriormente, resueltos atinadamente en esa complicidad ‘holllywoodense’ con el espectador, representada con clichés ya muy conocidos. Tras el umbral de la hora, la trama entra en un enjambre de inverosimilitud casi desesperante, tirando por la borda cualquier acción lógica que exhiban los personajes, y hasta comprometiendo a las actuaciones de los involucrados.

El final deja un manto de dudas, y queda esa sensación de que con un texto más firme, podría haber tenido un mejor sabor de boca, incluso beneficiándose de una cierta originalidad que no termina de materializarse por todo lo antes expuesto.

Denzel Washington interpreta a Joe Deacon, en tanto que Rami Malek es Jim Baxter y Jared Leto es Albert Sparma, uno de los sospechosos, en un elenco que incluye a Chris Bauer, Terry Kinney, Glenn Morshower, entre otros. Claramente Washington es quien más se destaca, en un rol tal vez no ideal, pero si bastante acertado para él. Luego tanto Malek como sorpresivamente Leto,- seguramente preso del derrumbe del guión-, no terminan de estar a la altura de las circunstancias.

Una premisa interesante, un desarrollo inteligente, un ¿apuro? imperdonable cuando la carne comenzaba a freirse. “The Little Things” es la demostración de lo que pudo ser y no fue, pero de todas formas, esa cinematografía oscura y certera podría ser suficiente para adentrarse en aquel mundo de voces acalladas que buscan justicia.

Puntaje: 6 de 10

Guillermo Bruno