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«Nunca subestimes el poder de la realidad»

Estados Unidos, tiempo presente. Una joven astrónoma llamada Kate Dibiasky capta con un telescopio una señal de lo que podría ser un cometa. Tras corroborar la veracidad del objeto, la profesional descubre que el mismo podría impactar en la Tierra, en 6 meses, causando daños letales para la humanidad. Junto con su colega, el Dr Randall Mindy, se contactan con las altas autoridades de la NASA y programan una reunión en la Casa Blanca. ¿Habrá tiempo para evitar el desastre mayúsculo?

El nuevo film de Adam McKay, producido y escrito por el susodicho,- junto a David Sirota-, nos trae una sátira irónica y sarcástica en su punto máximo respecto de los manejos del poder en EEUU, la esencia de dicha nación, las banalidades y superficialidades de un mundo cada vez más tecnológico y una mirada a lo que es la sociedad de hoy en día.

Comencemos por la política. La Presidenta del país norteamericano, Janie Orlean, parece más preocupada por un escándalo interno y su futuro en las elecciones venideras de medio término. Su pomposo hijo Jason, que obra de Jefe de Gabinete, se ve como distendido, desconectado y alegre, como si dirigir el show fuera solo apretar un botón. Pero, como tristemente ocurre en la realidad, y somos fehacientes testigos de ello, nada más propicio que un cambio de timón para mantener a las masas felices y subir puntos de aprobación en las encuestas.

Mientras nos enteramos que la corrupción corre en la Casa Blanca incluso en los temas más pequeños, que mejor que sacar a la luz al patriotismo más puro y mandar a un héroe para salvar al universo. Como nos enseñaron las llamadas películas de «acción», el «muchachito» es el que arregla todo.

Golpearle las puertas a la prensa parece ser una táctica segura de difusión, pero lo que surge en primera plana son los entretelones de la pareja musical del momento, esos que hay que investigar si no estás en el candelero. Por supuesto, los celulares con sus dedos frenéticos están alertas a cualquier avance en la relación, nadie puede perderse un segundo de tamaño suceso. Aquellos dos locos que buscan avisar sobre el fin del mundo, pueden esperar un poco más. Y recuerden, si quieren hacerse notar, cuanto más histriónicos sean, mejor.

Aquí se nos introduce además al «tercer hombre más rico del mundo»,- conclusiones aparte-, que es un empresario que pretende obrar como filántropo. Pero detrás de todo ese amor está aquél otro deseo, el deseo del lucro. A quien se le ocurriría sacar algún rédito de una situación límite, ¿no?.

El tono de la película no pierde jamás su tono satírico-irónico, y no escatima en su ritmo. Si bien hay alguna escena de transición de más, se nota que McKay sabe cuando seguir y cuando cortar, para evitar cualquier engorro innecesario. A título personal, quien suscribe estas líneas tenía miedo de que la trama del largometraje fuera demasiado burda y que entrara en esos lugares canónicos que tanto parece gozar a veces el cine de los Estados Unidos. Afortunadamente, continuando con la neta subjetividad, no es el caso.

Al final todos tratarán de llevar agua para su molino, de convencer al pueblo que lo real es lo que ellos dictan. Pero para salir de dudas que mejor que informarse y observar el panorama. Cuando la realidad es cristalina no hacen falta ni falsos profetas ni políticos demagogos, solamente un poco de sentido común.

«Don’t Look Up» cuenta con un excelente elenco, con Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence a la cabeza en los roles de Kate y Randall respectivamente. Meryl Streep se impone como siempre como la Presidenta Orlean, en tanto que Cate Blanchett interpreta a una reportera de experiencia. El «casting» incluye a Jonah Hill, Tyler Perry, Mark Rylance, Rob Morgan, Ron Perlman, Ariana Grande, Timothée Chalamet, Paul Guilfoyle, Michael Chiklis, entre otros, además de un «cameo» de Chris Evans.

En un mundo tan loco como en el que estamos viviendo: ¿Cabe la posibilidad de pensar que un cometa podría destruir el planeta dentro de medio año? Hoy día la respuesta tendría más afirmaciones que negaciones. De todas formas, en una sociedad que está harta de ser escéptica, quizás con un poco de luz clara, sin egos ni beneficios propios por doquier, sabríamos bien a que ateneros antes de «mirar para arriba» y contemplar, en vez de la sórdida realidad, a un lugar mejor para vivir.

Puntaje: 7,5 de 10

Guillermo Bruno