Seleccionar página

“Los pájaros”: Animal de cine

Por Matías Carricart

Las películas de animales atacantes son recurrentes en la historia del cine. Pueden salir muy bien como muy mal. Dos son los subgéneros que se encargan de esta temática: el animal horror, en donde son animales que, por alguna extraña razón, atacan a la raza humana; y el creature feature, que reemplaza a los animales por extraños monstruos, generalmente similares a los existentes, o alguno mitológico. En el primero, hay películas como “Tiburón” (Jaws, 1975) de Steven Spielberg, que inició las superproducciones de Hollywood (los famosos blockbusters), “Ranas” (Frogs, 1972), la australiana “Razorback: Destructor” (Razorback, 1984) y, la más reciente, “Infierno en la tormenta” (Crawl, 2019). Por el lado del creature feature, es imposible no mencionar a “King Kong” (1933), el gorila gigante que, luego de algunas remakes, hoy integra un universo cinematográfico junto a Godzilla; la comedia de horror “Gremlins” (1984), “Terror bajo la tierra” (Tremors, 1990) y “Megalodón” (The Meg, 2018), por solo nombrar algunas.

El maestro del suspenso, Alfred Hitchcock, no se queda afuera de este tipo de películas. En la década del 60, ya era un director consagrado. Había llegado a esos años con varias maestras de manera consecutiva: “El hombre que sabía demasiado” (The Man Who Knew Too Much,1956), “El hombre equivocado” (The Wrong Man, 1956), “Vértigo” (1958), “Intriga internacional” (North by Northwest, 1959) y “Psicosis” (Psycho, 1960). Esta última película es, quizás, su paso del suspenso hacia el género del terror. Sin embargo, la racha de estrenar una película durante siete años consecutivos (siendo diez en dicho período) y con un gran éxito de taquilla como “Psicosis”, se rompió. Esto se debió a que se marchó de Paramount, iniciando lo que, para muchos críticos, es su periodo final: el de Universal.

La relación con Universal había comenzado en “Psicosis” cuando se sumaron a una co-producción mientras Paramount se quedaba con la distribución de la última película que les debía por contrato. En ese tiempo que estuvo sin hacer una película, el inglés se dedicó a dirigir algunos episodios de la serie “Alfred Hitchcock presenta” (Alfred Hitchcock Presents, 1955-1962). Precisamente, así se llamaba la antología en la que el director leyó la novela corta “Los pájaros” escrita por Daphne Du Maurier, de quien ya había adaptado en “La posada maldita” (Jamaica Inn, 1939) y “Rebecca, una mujer inolvidable” (Rebecca, 1940). Mandó a comprar los derechos y se puso a trabajar en el guion junto Evan Hunter, que venía trabajando en su serie. La adaptación estaba destinada a ser un capítulo más, pero hubo un hecho real que lo hizo a que se decidiera llevarla a la pantalla grande: fue cuando leyó en un diario que un grupo de gaviotas atacó unas casas en la bahía de Monterrey, los vecinos salieron a defenderse con antorchas de fuego y, al otro día, los cadáveres de las aves llenaron las calles del pueblo. De esta forma, de la novela solo quedaron el título y la idea inicial de los pájaros atacando a la población.

La película al comienzo no muestra atisbos del terror que vendrá después. La primera escena es en un local de mascotas, donde llega Melanie (Tippi Hedren) para comprar un pájaro para su tía. Allí se encuentra con Mitch, un abogado (Rod Taylor) que busca unos agapornis para regalarle a su hermana. Así como “Psicosis” comienza como una película de una mujer que roba un dinero y luego cambia al terror de Norman Bates, “Los pájaros” muestra el ida y vuelta de esta pareja, con ella llevándole el regalo a su casa de Bahía Bay. Hasta casi la mitad de la película, todo parece indicar que se trata de una comedia romántica. Desde el desentendido del principio por parte de él hasta la sospecha que tiene ella sobre la madre. Hitchcock se vale de algunos detalles para adelantar lo que vendrá luego, como el ataque de la gaviota a ella en el bote o los gritos de éstas cuando llega a la casa.

Otra característica de la película es la ausencia de una banda sonora. Hay múltiples efectos de sonido que evocan a los pájaros, trabajados por Bernard Herrmann, pero el único tipo de música es el de los niños que cantan en la escuela. Si la música fue tan importante en la escena de la bañadera de “Psicosis”, acá no hace falta. Con el sonido de los pájaros es suficiente para comprender el drama que sienten los habitantes de Bahía Bay. Por otro lado, la película se mueve entre varios espacios: el exterior donde los pájaros comienzan a atacar, y el interior como la pajarería inicial y el bar. Los habitantes tienen la ilusión de estar a salvo cuando están dentro de un lugar hasta que, poco a poco, las aves comienzan a ingresar. Todo esto narrado a través del miedo que despiertan las miradas de los protagonistas, como la de Melanie en la cabina telefónica, o la de Lydia Brenner cuando ve unas tazas rotas en la casa de un granjero.

Si bien la película fue bien recibida, recibió críticas que se fue repitiendo a lo largo del tiempo: el motivo de los ataques y el desenlace. Hitchcock juega con varios argumentos a lo largo de la película, específicamente en una escena en un bar, pero nunca se confirma la razón exacta. ¿Fin del mundo? ¿La humanidad es la culpable? ¿Melanie, la extraña que llega al pueblo?  A esto se confirma que no hay una solución a esos ataques, solo esperar su calma. De esta manera, así como en la primera mitad construye un clima de tranquilidad, cambia de manera abrupta en la segunda parte con un estado de alerta constante. Los pájaros rompieron la calma del pueblo, no se sabe por qué y no se sabe cuándo van a parar. Por otro lado, el paso del tiempo llevó a una nueva crítica sobre el trato que recibió Tippi Hedren por parte del director, que la hizo repetir 45 veces una escena donde la actriz era atacada por los pájaros, sin utilización de efectos ni de dobles. «Uno de los pájaros que estaba atado a mí, saltó de mi hombro a mi cara y me arañó el párpado inferior», relató la actriz en su libro “Tippi: A memoir”, en donde además lo señala por acoso y hostigamiento.

Pese a las críticas, Los pájaros es una demostración que el maestro del suspenso podía incursionar en otros géneros. Para muchos fue su última obra maestra y, de lo que no quedan dudas, es que los sonidos de los pájaros ahora son oídos de otra manera.

 

Fuente:

Hedren, T. (2016). Tippi: A memoir. Harper Collins 

– Acá pueden ver los textos de todos los alumnos del Laboratorio de Críticas –

Algo más que suspenso