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«Cortina rasgada: estaba todo inventado»

Por Pablo Paladino 

 

Se dice que hay dos tipos de talentosos: aquellos que en un pequeño gesto demuestran su grandeza y otros que lo manifiestan recién si evaluamos la obra completa de toda su vida. ¿En cuál de estos grupos podríamos encasillar a Alfred Hitchcok? Luego de ver, en 2022, una película de hace más de 50 años, en apenas un par de escenas, uno puede hacerse una idea de por qué Hitchcock es considerado un fuera de serie en el mundo del cine.

En 1966 estrena “Cortina rasgada” (Torn Curtain) dentro de su etapa crepuscular como director, contando con dos superestrellas del momento: Julie Andrews y Paul Newman (con quien mantuvo una tensa relación durante la filmación). Los honorarios del elenco de esta película de espías fueron muy elevados comparado con el resto de las obras de Alfred.

Inspirada en una noticia real de aquel entonces, Hitchcock escribe esta historia que combina romance, espías, guerra fría y suspenso. Podría considerarse a “Cortina rasgada” una película complementaria a su anterior “Intriga internacional” (North by Northwest, 1959). Ambas melodías suenan en el mismo tono. La trama y los tropos son bastante clásicos del género: Un afamado científico estadounidense participa con su pareja (también del gremio) en un congreso sobre ciencia. Sin previo aviso decide viajar a Berlín oriental, cuna del comunismo en guerra fría, y colaborar con pares de aquel lado de la “cortina de hierro”. Su pareja desconfía de que sea realmente un espía y lo sigue hasta allí, donde ambos deberán escapar de situaciones muy peligrosas.

Las claves del suspenso radican en: no saber qué va a pasar a continuación o bien estar seguro de lo que ocurrirá, pero desconocer el “cuándo” o el “cómo”. Hitchcock propone, además, especialmente en esta película, el “casi”: Nuestros protagonistas están todo el tiempo a punto de ser descubiertos y en el último instante algo ocurre. A veces por azar y otras por acción de los personajes, pero siempre en favor de la continuidad de la trama. Un alivio momentáneo que deja respirar al espectador para volver a aumentar la presión en el siguiente conflicto.

Con el suspenso y la idea “pedagógica” del director como faro, “Cortina rasgada” contiene una secuencia muy destacada por críticos y público: “La muerte de Gromek”, la principal némesis de Michael Armstrong, el personaje de Newman. Con una larga coreografía de pelea y posterior asesinato del “matón socialista malvado” Gromek (hasta tiene una larga cicatriz en la cara como para no perder de vista el estereotipo), Hithcock plantea una premisa hiperrealista: es muy difícil matar a una persona. Las películas de acción (de aquel entonces y actuales también) se encargan de minimizar la cuestión y representan las muertes con una facilidad ridícula. El inusitado esfuerzo que transitan los personajes es completamente deliberado para, según sus palabras, “demostrar cuán difícil, penoso y largo resulta matar a un hombre”. En ningún momento hay música de fondo, sólo escuchamos el forcejeo y los golpes.

Las persecuciones y las historias de acción son inseparables: siempre hay roles de gato y de ratón y algún escenario que los contiene. Sólo alguien como Hitchcock, con su talento para la cámara, los cortes y la edición de sonido, puede generar tensión en una persecución entre dos espías a pie, apenas caminando, sin correr y a través de un museo. La que podría ser la escena de caza más lenta y aburrida de la historia es completamente atrapante, un deleite para los sentidos.

“Cortina rasgada” también tiene innovación y talento en el aspecto fotográfico: es la primera vez donde intentó cambiar el estilo de reparto de la luz buscando resolver el problema de la iluminación en las “nuevas” películas a color que no convencían al director. Su colaborador en ese aspecto fue Jack Warren, con quien ya había trabajado en “Rebeca” (Rebecca, 1940) y “Cuéntame tu vida” (Spellbound, 1945). Según las propias palabras de Alfred: “Constituye para mí un cambio radical. Es una luz proyectada sobre grandes superficies blancas y hemos rodado todo a través de una gasa gris. Los actores preguntaban: ¿dónde están las luces? Hemos conseguido casi el ideal que consistiría en filmar con la luz natural.”. Toda una novedad para los años sesenta y que se extiende hasta la actualidad con fuentes de luz difusas e indirectas.

Detalles potentes con un objetivo puntual que registran momentos brillantes y que a la vez resultan suficientes como para evidenciar genialidad, en apenas un par de minutos. Tras haber visto tanto cine (siempre con más en la columna del debe que en la del haber, por supuesto), tendemos a creer que no hay nada nuevo bajo el sol. De manera contra intuitiva, a pesar de “estar todo inventado”, las películas que no vimos son nuevas para nosotros y eso conlleva inevitable sorpresa y alegría. Redescubrir a Hitchcock (así como a cualquier otro talento del cine de antaño) siempre será garantía de satisfacción, siempre habrá un detalle, una mueca de genialidad que nos demostrará que, a veces, la parte es más que el todo. Aún muchas décadas después, siempre habrá algún “estreno” para disfrutar.

* Citas de “EL CINE SEGUN HITCHCOCK“, TRUFFAUT, FRANCOIS

– Acá pueden ver los textos de todos los alumnos del Laboratorio de Críticas –

Algo más que suspenso