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Tangerine: Navidad sin nieve 

“Un buen film en los Estados Unidos es un film gratuito”. 

John Cassavetes

Por Martín Vivas

El precursor del cine independiente se manifestaba en favor de la gratuidad de todo film pues entendía que el dinero aniquila la creatividad del autor. De esta manera, la carencia se convierte en el principal aliado de todo cineasta que se encuentra compelido a pensar en formas alternativas de realización de la obra, y en consecuencia traslada la reflexión al mismísimo espectador. Así, una situación que podría ser considerada desventajosa es la principal provocadora de una nueva mirada.  

Hacía más de un año y medio que Sean Baker se encontraba intentando lograr el financiamiento para una nueva película cuando encontró en Tangerine (2015) un verdadero bote salvavidas. El modo en que decidió encarar este nuevo proyecto le permitió continuar en actividad cuando otros colegas seguían filmando. Tras una serie de pruebas, y encontrándose limitado en cuanto al presupuesto, decidió rodar con tres teléfonos celulares Iphone 5s, equipados con lentes especiales que adecuaban la imagen a la pantalla grande, y con un casting realizado a través de la red social Instagram. 

El cineasta estadounidense encuentra en el ánimo exacerbado, pasional, de análisis y relevamiento propio de las épocas festivas, el escenario más adecuado para narrar otro cuento navideño, alejado del modelo convencional que es común para este subgénero. Las calles sin nieve de los barrios marginales de Los Ángeles no nos permiten reconocer que el relato transcurre en Nochebuena. En el comienzo lo sabemos por la conversación iniciática que mantienen las amigas Sin-Dee (Kitana Kiki Rodriguez) y Alexandra (Mya Taylor). En este parloteo encontramos el punto de partida y el motor del film: la búsqueda de la verdad acerca de un supuesto engaño. Esta revelación pone el pie en el acelerador de un devenir frenético, que en pocas oportunidades se permitirá la pausa para destacar la soledad y languidez de los personajes.

Sean Baker pone su ojo sobre el movimiento trans. Es un observador, no pertenece a ese mundo pero no ensaya un juzgamiento de lo mostrado. Evita plantear una problemática, más bien exhibe un estado de las cosas intentando que el espectador se conecte a nivel humano. Para las prostitutas, quienes no reniegan de su situación, la calle es su hogar y las compañeras su familia, una de tipo no habitual. Tangerine se ahorra los golpes bajos, apartándola del tipo de films que optan por esa estrategia para generar en el espectador una fingida lástima.  

Así y todo, podemos hallar algunos elementos que componen el espíritu navideño por excelencia, fundamentalmente los de la compasión y absolución, valores entendidos positivamente dentro del arquetipo dickensiano. Tal el caso de un par de policías que invitan a olvidar la reyerta entre Alexandra y un cliente insatisfecho. Otro ejemplo es el de la incipiente afinidad que se genera entre Sin-Dee y Dinah (Mickey O’hagan), relación que había comenzado con la primera arrastrando violentamente a la otra por la calles angelinas. 

Pero también, la Navidad es un momento acorde para la revelación. El enmascaramiento comienza a ceder y lo aparente comienza a dar paso a lo real, lo oculto sale a la superficie. El secreto del taxista Razmik (Karren Karagulian) es descubierto por su suegra hacia el final del film. Para Baker los finales conforman lo más importante de una película, allí donde convergen todos los personajes, es el puerto al que convergen todas las rutas de navegación, y es lo que principalmente el espectador se lleva a la salida de la sala de cine. Por este motivo, los remates deben ser memorables. En Tangerine la historia termina donde había comenzado, en el local de venta de donas, es un relato cíclico. Claro que si Sin-Dee se quedaba allí todo el día hubiera llegado al mismo resultado. O no, porque justamente el recorrido de los personajes es, además de ser la excusa para mostrar una Los Angeles distinta, lo que los termina definiendo en este desenlace. 

Por último, el tono del film es el tragicómico. La comedia se utiliza para destacar de manera irónica el destino trágico de los personajes. Alexandra reparte volantes para su actuación artística a la que sólo asisten Sin-Dee y la amante de su novio. Razmik en una oportunidad bromea sobre la mascota de una pasajera hasta que se entera que ha fallecido recientemente. Baker propone sacarnos una sonrisa para huir del sinsentido, del patetismo y de lo caótico, todo lo que se encuentra representado a su vez por la desbordada banda sonora a cargo de artistas trap y electrónica del under de Los Angeles. Tangerine no ofrece villancicos ni nieve, tampoco reuniones familiares alrededor de una mesa y, sin embargo, podemos afirmar con certeza que se trata de un film navideño.

– Acá pueden ver los textos de todos los alumnos del Laboratorio de Críticas –

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