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Daniel Tinayre: “Industria nacional”

Por Gabriel Conversano

Daniel Andrés Manoli Tinayre (Vertheuil, 14 de septiembre de 1910 – Buenos Aires,  24 de octubre de 1994) fue un director de cine, guionista y productor de cine francés radicado en Argentina.

Tinayre dirigió 23 filmes entre 1934 a 1974, entre sus largos más destacados se encuentran: “Pasaporte a Río” (1948) “La vendedora de fantasías” (1950), “La Patota” (1960) la cual en 2015 tuvo un remake a cargo de Santiago Mitre, “Extraña Ternura” (1964) y “La Mary” (1974). Fue uno de los fundadores de la entidad de Directores Argentinos Cinematográficos (DAC) en 1958 junto a otros grandes exponentes de la cinematografía argentina. Falleció en 1994 víctima de una hemorragia gastrointestinal proveniente de una complicación de hepatitis B.

Claves para entender su estilo

El trabajo de Tinayre es difícil de encasillar, él como algunos otros directores (Martin Scorsese, Danny Boyle) tuvo la suerte de poder explorar diferentes géneros, tópicos y herramientas discursivas. Además de dirigir, llegó a participar en tareas de producción y escritura de guiones, pero esto no es azaroso, sin duda alguna Tinayre tenía la necesidad de comunicar, la tan particular visión que tenía sobre el mundo.

Sus historias van desde policiales negros a comedias, con un fuerte hincapié en el melodrama, pero lo realmente importante a destacar de su trabajo es lo disruptivo que este era para la época, con fuerzas y conflictos bien construidos y complejos, con un ritmo narrativo apabullante que podría dejar sin aliento inclusive a el ojo más ávido, y otros tantos elementos, que hoy en día podemos encontrar en algunos directores como Pablo Trapero o Lucrecia Martel, pero que para la época en la que estas producciones se realizaban era totalmente atípico marcando un estilo propio.

Su narrativa 

Este aspecto que es tan importante para una obra audiovisual y por desgracia a veces es tan maltratado, en los trabajos de Tinayre es vertiginoso pero estructurado, y propone un ritmo poco visto, debido a lo complejo que es llevarlo a cabo, en sus obras, sus personajes son poco a poco presionados por el universo que los rodea, empujados a las situaciones donde no les queda otra opción que reafirmar su compromiso para resolver el conflicto que se plantea, esto puede tener dos desenlaces. Uno puede ser que la narrativa luzca apresurada, todo el desarrollo se pierda confundiendo al espectador por que no puede llegar a procesar la información que se le está planteando y la pieza falle en contar lo que queríamos ejemplo de esto es “Venom” (Ruben Fleischer 2018) en donde todo avanza pero nada queda claro. 

O como lo hace Tinayre, donde los personajes son acompañados por la progresión y van siendo desarrollados con estas, pero esa vertiginosidad no se pierde y la tensión está presente en cada momento del relato, ejemplo de esto es “Pasaporte a Río”. Ramón Machado (Arturo de Córdova) luego de dar un golpe y verse envuelto en situaciones violentas, debe escapar a Río de Janeiro Brasil, pero lejos de ser fácil tendrá a la policía pisándole los talones, su única opción es aliarse con Nina Reyes (Mirtha Legrand) quien vio uno de los asesinatos que cometió, quedándose sin sustento a raíz del hecho.

A partir de que el espanto y la necesidad los una, la tensión siempre se mantiene a la alza pero siempre desarrollando tanto a los personajes como la trama, comunicando lo indispensable al espectador, creando un relato sólido y una manera de narrar formidable.

 

Detrás de un gran hombre se hallan grandes mujeres

Dejando de lado el aspecto más formal de la obra de Tinayre, nos encontramos con la representación de la mujer, en sus policiales que contestan al cine negro más clásico, lejos queda la imagen de la “feme fatal” como podemos encontrar en Estados Unidos, acá no hay una rubia, de vestido rojo la cual es una complicación para la fuerza protagónica, acá la rubia de vestido rojo, es la fuerza protagónica.

Las mujeres, en sus historias son decididas, de convicciones fuertes, con mínimos temores y comprometidas a resolver el conflicto que se plantea, como Ellen Ripley (“Alien: El octavo pasajero”, 1979) solo que 40 años atrás.

En “A sangre fría” (1947) Elena Rossi interpretada por Amelia Bence es quien instiga en todo momento a Fernando Román interpretado por Pedro López Lagar a envenenar a la señora de la casa. En “Deshonra” (1952) el rol protagónico recae a un más en las mujeres del elenco, teniendo como protagonistas a Fanny Navarro (Flora María Peralta), Mecha Ortiz (Directora interventora) y Tita Merello (Isabel), explorando la vida en un presidio femenino, los apremios que las reclusas reciben, la verdad y la justicia, esto debido a que Flora dice ser inocente, logrando un abordaje del universo como el que podemos encontrar en otras obras como “Leonera” (Pablo Trapero 2008) o “Sympathy for Lady Vengance” (Chan-Woo Park 2005). Otro personaje femenino que destaca es “La Mary” interpretada por Susana Giménez en el año 1974, atravesado por el amor y la locura, sacando lo mejor de su actriz que declara haberle pedido el papel al directo y este siempre buscando la excelencia la empareja con Carlos Monzón (Cholo) que en ese momento era el campeón del mundo de boxeo, provocando un éxito y volviendo a esta película en una de culto.

“Yo creo en el éxito, no creo en otra cosa”

Esta frase dicha por Daniel Tinayre a Oscar Barney Finn en una entrevista, nos habla claramente de cómo era el director; un trabajador meticuloso, severo con él y sus compañeros, con estándares de calidad altísimos debido a su formación, con una dirección fotográfica envidiable aun hoy en día a pesar de que la mayoría de sus filmes se encuentren en blanco y negro y por desgracia algunos están perdidos, con historias oscuras y emocionales, fue un director del cual se puede aprender plano a plano, que no se guardó nada y pese a los convencionalismos de las épocas, pudo sobrepasarlos y arriesgarse, buscando siempre el éxito.