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Adolfo Aristarían: “Sombras en la noche”

Por Martín Vivas

 “Esta oscuridad
Esta noche de perros
Esta soledad
Que pronto te va a matar
Vas perdido entre las calles
Que solías andar” (Noche de Perros, Serú Girán. 1979)

 

El cine de Adolfo Aristarain ha tenido un recorrido camaleónico. La temática que aborda ha ido mutando según las urgencias y cavilaciones de su autor. Así podemos identificar claramente una materia que empareja tres de sus primeros films, me refiero a “La parte del león” (1978), “Tiempo de revancha” (1981) y “Últimos días de la víctima” (1982), sólo interrumpida por un par de películas de promoción musical: “La discoteca del amor” (1980) y “La playa del amor” (1980). 

La particularidad que une su comienzo como cineasta es la de exhibir, en pleno uso consciente del género policial negro o crimen, una serie de personajes miserables y con los cuales se puede empatizar poco o nada (quizás con la única excepción del obrero Pedro Bengoa). El contexto en el que se desarrolla esta primera parte de su filmografía  es el de un momento político-social complejo. Y como espejo, Aristarain refleja el lado oscuro de una ciudad violenta, una faceta que el cine argentino aún no había explorado, esto es, la persecución sindical, los aprietes, la autocensura. 

No obstante todo esto lo hace en una segunda capa, es decir, existe una crítica y una necesidad de evidenciar lo que sucedía en la Argentina, pero de forma subyacente a la historia que se cuenta. Tal es así que sus películas pudieron superar de alguna manera la censura de la dictadura militar (1976-1983), con algo de suerte y de astucia por parte de su productor, Héctor Olivera (“La Patagonia rebelde”, “La noche de los lápices”, entre otras). Por consiguiente, Aristarain se ha convertido en un “smuggler”, un contrabandista que ha sabido incluir cuestionamientos al poder político en un período muy delicado, del mismo modo que lo hacían Charly García y compañía en Serú Girán. 

Asimismo, se puede observar la influencia que ha tenido el cine norteamericano de los 70s en su propia obra. La ciudad, sucia y selvática, se ha transformado en un personaje más, que determina categóricamente a los personajes de su filmografía. A ello se le suman la ausencia de galanes y de finales felices, la psicosis urbana y la sociedad alienada. 

A esta tríada, y luego de un paso breve del director por la televisión española con la serie “Pepe Carvalho” (1986), le podemos adicionar “The Stranger” (1987), filmada en la Argentina como si lo fuera en Estados Unidos, con una combinación de actores y actrices del país del  norte y argentinos. La protagonista de la misma es Bonnie Bedelia (“Duro de matar”), que intercala escenas con Ricardo Darín y Cecilia Roth, entre otros. 

Esta especie de thriller psicológico mantiene una conexión con las anteriores en tanto la ciudad y la violencia forman parte de su relato. Sin embargo los hechos transcurren, en su mayoría, en los interiores de las locaciones (hospital, casas, la sala de cine, la morgue, etc.). Y el exterior sobreviene como amenaza, un afuera siempre latente y expectante por romper la barrera de la seguridad y el confort de los hogares. Otra diferencia se da en el tercer acto, el final es venturoso para los protagonistas. “The Stranger” puede ser entendida como un film bisagra, o simplemente como la despedida de Aristarain del género que lo definió como autor.

 

Un lugar en el cine

Nunca tendremos raíz
Nunca tendremos hogar
Y sin embargo, ya vés
Somos de acá” (Los Sobrevivientes, Serú Girán. 1979)

Ya en los 90, el cineasta dirige el videoclip de “Sacha, Sisi y el círculo de Baba” (1983) de Fito Paez, pero un año antes da un giro a su carrera con “Un lugar en el mundo” (1992). Hay una metamorfosis que se ve desde el primer minuto: el escenario donde transcurre la historia ya no es la ciudad, sino un pueblito cerca de las montañas en la provincia de San Luis, Argentina. Pero no sólo esto ha cambiado en su cine sino también el tono, la música y los personajes (pese a que Luppi y Roth siguen siendo sus elegidos para representarlos) que resultan más empáticos. Ya no son los autos, el asfalto y la noche algunos de los ejes de sus películas. Ahora, por el contrario son los caballos, las calles de tierra y la plena luz del día. Incluso parece estar queriendo transmitir un mensaje durante todo el film, pero de manera directa y no de manera tácita como en sus anteriores películas. La temática que aborda pasa por el exilio, la patria, los ideales, las secuelas de la dictadura. Fue el único film de Aristarain nominado a un Oscar como mejor película extranjera. 

La siguiente película del cineasta mantiene la misma tesitura. “Martín Hache” (1997), filmada enteramente en España, es una obra que se construye fundamentalmente en el diálogo, por lo que dicen los personajes más que por lo que se ve. Aristarain ha abandonado definitivamente una forma de filmar por otra muy distinta. Se ha adaptado, como un camaleón, a una coyuntura política y social, y principalmente lo ha sido su vida la que lo ha determinado a representar en la pantalla determinadas cuestiones. En ésta última logra que, pese a que las figuras no sean personas empáticas, se vean reales. Nos muestra una humanidad en constante conflicto, con sus luminarias pero esencialmente con su lobreguez. Una juventud que busca (como puede) encontrar su lugar en el mundo y un padre que no sabe como orientar a su hijo, porque es él quien está perdido. También puede ser el cine de la esperanza puesta en Hache, un pibe sin nombre que adquiere identidad hacia el final del film. 

No podemos enmarcar al cine de Aristarain como un todo homogéneo, pues intentarlo es ir en contra de la propia naturaleza de las personas: no se puede ser siempre el mismo. Y sin dudas “Tiempo de revancha” tenga muy poco que ver con “Roma” (2004). Entender esto como una virtud y no como un defecto es una tarea que vale la pena, esto es, la de recorrer la historia de un hombre buscando su lugar en el cine, un espacio siempre distinto. Esa particularidad que lo distinga frente al resto, como cineasta y como ser humano.