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“Intriga Internacional”: Hitchcock multicolor 

Por Alejandro de la Fuente

 

“De vez en cuando, la consciencia humana soporta cargas de un horror tan pesado que sólo pueden arrojarse en la misma tumba. De este modo la mayoría de las veces queda sin descubrir el fondo de los crímenes”

E. A. Poe. El hombre y la multitud

 

Estrenada en el séptimo festival de cine de San Sebastián y nominada al premio Oscar en tres categorías: mejor guion original, dirección y montaje. “Intriga Internacional (North by Northwest, 1959) fue la película más cara de Alfred Hitchcock y un éxito en la taquilla. El director recibió $250.000 dólares y el 10% de las ganancias brutas si estas superaban los 8 millones de dólares, con un control total sobre el film. De hecho, se negó amablemente ante la Metro Goldwyn Mayer a sacar una escena. Se rodeó de sus mejores colaboradores con quienes venía trabajando desde hace tiempo. La historia original fue escrita por Ernest Lehman, producción de Herbert Coleman, fotografía Robert Burks, la espectacular banda sonora Bernard Herrmann (compuesta para la película, pieza clave para la acción y tensión dramática en esta historia), el montaje a cargo de George Tomasini y Saul Bass quien hizo la secuencia de créditos inicial. 

 

“Intriga Internacional’‘ es a simple vista un film liviano, comercial, diseñado para entretener, pero reviste capas profundas que hacen de esta obra la más política del maestro del suspenso. Un par de disparos y un apuñalado le bastan a Hitchcock para construir un relato sólido dónde se entrecruzan acción, aventura y suspenso.

“Intriga Internacional” o “Con la muerte en los talones” como se la denominó en España (con mayor fuerza literaria) sostiene de principio a fin un gran ritmo narrativo, con varias escenas de acción perfectamente logradas. Una persecución automovilística en la carretera dónde Roger Thornhil (Cary Grant) envenenado de alcohol evade a sus captores (que querían simular un suicidio) provocando un choque que llama la atención de la policía. También, tiene que luchar por su vida, cuando intentan asesinarlo desde una avioneta fumigadora que terminó impactada contra un auto en una zona desértica y desolada. En función de esta escena Hitchcock, entrevistado por Truffaut, decía lo siguiente: “Quise reaccionar contra un viejo cliché, el hombre que se ha presentado en un lugar en que probablemente va a ser asesinado. Ahora bien, ¿qué es lo que se hace habitualmente? Una noche «oscura» en una pequeña plazuela de la ciudad. La víctima espera, de pie en el círculo luminoso de un farol. El pavimento está mojado por una lluvia reciente. Un primer plano de un gato negro que corre de manera furtiva a lo largo de una pared. 

 

Un plano de una ventana, el rostro de alguien que, a hurtadillas, aparta los visillos para mirar afuera. La lenta aproximación de un coche negro, etc. Yo me hice la siguiente pregunta: ¿qué sería lo contrario de esta escena? ¡Una llanura desierta, en pleno sol, ni música, ni gato negro, ni rostro misterioso tras las ventanas!” (1). Desafiando nuestras expectativas, Hitchcock creó una escena llena de suspenso pero que es tan gratuita que roza lo inverosímil, pero funciona; bajo el control y la experticia técnica de planos subjetivos y objetivos que nos recuerda a la famosa escena del ataque en “Los Pájaros (1963)”. Pone al hombre frente a la nada, sólo ante su destino. Nos hace sentir el peso de la distancia recorrida por Roger Tornhil en exhausta persecución. En una última escena gloriosa de acción, ya transformado en héroe, rescata a su enamorada, Eva Kendall (Eva Marie Saint) a punto de caer al vacío. Fundido mediante, aparece un túnel blanco y la imagen de ellos recién casados en el tren, llenos de gracia y sensualidad. 

 

Desde lo formal hay presencia de bellos planos generales, dónde el film respira e invita a la contemplación y reflexión sobre las sucesivas desgracias que atraviesan la vida de Roger. Es un film urbano, con muchas escenas de exteriores a diferencia de sus otras obras maestras anteriores como “La Soga (1948)”, “La ventana Indiscreta (1954)” dónde los espacios físicos hablan, son partícipes del drama, reflejos materiales del mundo psicológico de los protagonistas. Al comienzo de “Intriga» se abre un plano panorámico que muestra los enormes edificios de una pujante New York, predominan las líneas verticales, ventanas espejadas y una estructura en cuadrículas que de arranque nos habla del mundo moderno y cosmopolita. 

 

Debajo se sitúa la multitud empequeñecida, furiosa, luchando por subir al transporte público o tomar un taxi. Toda una metáfora sobre la estructura social y el poder invisible que opera sobre los sujetos, partes ciegas de los engranajes que sostienen un sistema. La película va a desplegar estas ideas a través de la vida monótona, gris y despersonalizada de su protagonista central, un personaje ordinario al que le van a suceder cosas extraordinarias, como ser envuelto en una trama de poder qué él desconoce y que irá develando a medida que avanza el film hasta asumir una identidad que no le era propia. Es un acto de pasaje de la inconsciencia a la consciencia. De hecho, en un momento de inflexión del  relato, Roger se informa de la verdadera función de Eva (una espía a sueldo del gobierno) y queda envuelto en un manto de luz. Es el momento de transformación en el camino del héroe de este falso culpable que Hitchcock acostumbraba utilizar. Roger parlamenta con el agente del gobierno que quiere entregar a Eva a un grupo de conspiradores que nunca queda claro que información trafican. Tenemos aquí uno de los macguffin, elemento sin relevancia (micro-filmes) pero que hace avanzar la historia, según Hitchcock. El otro Macguffin lo constituye el misterioso Kaplan. “Qué clase de democracia es la que entrega una mujer inocente a la muerte”, dice Roger, en una abierta crítica al accionar del poder y una forma de gobierno en el contexto de la Guerra Fría. No es casual la elección del Monte Rushmore con los rostros de los padres fundadores de Estado Unidos dónde Roger, al salvarle la vida a Eva, se salva así mismo y salva una cierta idea de nación. Además, nos ofrece a los espectadores (que en todo momento sabemos más que los propios protagonistas) una salida por fuera de las estructuras con un final feliz. 


“Intriga Internacional”, nos invita también a pensar el protagonismo femenino encarnado en Eva que, si bien no rompe con los moldes convencionales de una época: sueña con casarse, es rehén de los hombres para quien trabaja y busca un hombre que la salve, es una mujer activa, intrépida e inteligente que protagoniza una gran parte del film. Subestimada por Roger, es ella quien vela por su protección y cuidado mientras él no ve más que un solo aspecto de su personalidad. Hitchcock la utiliza para cargar de tensión sexual una parte de la trama, sobre todo la escena del tren. Pionera en el cine de espionaje, “Intriga Internacional” sigue entreteniendo, atrapando y haciéndonos pensar aún hoy en el siglo XXI. Un falso culpable, una crisis de identidad, una rubia, dos MacGuffin, humor negro y una trama tan brillante como cinematográfica son algunas de las señas particulares de este director, autor que siempre combinó un cine industrial masivo con su mirada singular y profunda sobre el alma humana y las estructuras sociales. Ese autor es el británico y eterno Alfred Hitchcock.

1. François Truffaut, El cine según Hitchcock, 3ª reimpresión, Madrid, Alianza Editorial, (1993), p. 222-223

– Acá pueden ver los textos de todos los alumnos del Laboratorio de Críticas –

Algo más que suspenso