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“Pacto siniestro”: Entrecruces de puesta en escena

Por Jorge Pinzón

 

Las casualidades no existen

Según los diálogos que pueden leerse en “El cine según Hitchcock”, libro en el cual el cineasta francés François Truffaut entrevista al director británico; la carrera del mismísimo maestro para comienzos de la década del 50’, venia de algunos traspiés. Luego del éxito de la popular “Festín diabólico” (Rope, 1948), las irregulares “Bajo el signo de capricornio” (Under Capricorn, 1949), y “Desesperación” (Stage fright, 1950) le propiciaron al británico dos grandes fracasos de taquilla. A esa misma conversación cinéfila se puede remitir, para decir, que la vuelta a los primeros planos en cuanto a crítica y taquilla del maestro del suspenso fue sin lugar a duda, la maravillosa: “Pacto siniestro” (Strangers on a train, 1951).  Dicho film fue una adaptación de la novela homónima de Patricia Highsmith, y para la elaboración del guion Hitchcock conto con la colaboración del afamado escritor Raymond Chandler, quien, sin embargo, termino abandonando el proyecto por diferencias con el director.

En esta película en cuestión, dos aparentes desconocidos, se encuentran en el vagón de un tren. A partir de dicho encuentro los espectadores pueden inferir que el personaje de Bruno (Robert Walker), sabe bastante más de la vida de Guy (Farley Granger) que viceversa, y que la casualidad poco tiene que ver con este cruce de caminos. Esto se debe a que Guy es un tenista emergente, de relativo reconocimiento público; pero más allá de su profesión, Bruno evidencia saber de las relaciones amorosas de Guy, que tienen que ver con una relación de amante con Anne (Ruth Roman), mientras trata de concretar un divorcio que no termina de llegar, con su esposa Miriam (Kasey Roger). El personaje de Bruno propone al de Guy, en sus propias palabras, un Criss cross, lo que sería un acuerdo de cambio. Dicho acuerdo consiste en que Bruno asesine a Miriam, y así Guy puede obtener fácilmente el divorcio, mientras que Guy debería asesinar al padre de Bruno, con quien este lleva una pésima relación. Intercambiarían coartas y nadie sospecharía de los móviles de cada uno. Esto hace pensar a Guy, pero rápidamente lo toma como un chiste y lo descarta por completo. Bruno buscara de todas las maneras posibles, acosándolo a mas no poder, que Guy cumpla con su supuesta parte del trato.

 

Vidas cruzadas

Decir que el maestro del suspenso es al mismo tiempo un maestro en la puesta en escena, no es nada nuevo ni innovador; pero por eso no deja de ser importante. Películas como las ya mencionada “Festín diabólico”, o las posteriores: “La ventana indiscreta” (Rear Window, 1954), y Vertigo (1958), tienen a la puesta en escena como elemento preponderante, todo en función de generar ese aclamado “suspense” característico de su filmografía. En Pacto siniestro un claro ejemplo, es justamente la escena que da forma a esta sinopsis inicial. En ella se puede ver como de dos autos bajan dos hombres con sus respectivas valijas, uno lleva raquetas también como equipaje, mientras se dirigen a ingresar en la estación ferroviaria. La particularidad es que la altura de la cámara esta puesta de tal manera, que solo logran verse los cuerpos desde la cintura para abajo, haciendo hincapié en los pies. Una vez ingresan al tren, la cámara se va hacia los rieles de las vías, cuando justamente estas se están entrecruzando, al mismo tiempo que el rumbo del tren cambia obedeciendo este entrecruzamiento. Pero no termina ahí, la escena vuelve al tren, en donde la cámara sigue filmando unos de los pares de pies iniciales, hasta que la persona en cuestión se sienta en un asiento, y esta al mover los pies los choca con los de otra persona: el otro par de pies que se había bajado del primer auto al comienzo. Cuando la cámara sube hasta la altura de sus rostros nos damos cuenta que son nuestros protagonistas, a quienes conoceremos como Guy y Bruno. Ahí es cuando la sinopsis toma otra impronta, y en donde el concepto de Criss cross o de vidas que se cruzan, se funde de manera perfecta con la maestría en la puesta de Hitchcock.

Además de esta emblemática escena se pueden citar otras tantas de la misma película, igual de icónicas o de interesantes en su construcción. La primera aparición de Miriam, quien no quiere darle el divorcio a Guy para que este no pueda continuar su romance con Anne, la hace quedar como un personaje despreciable; pero esta contado de manera magistral, culminando con su posterior asesinato por parte de Bruno, secuencia digna de una película de terror. El momento en donde Bruno aparece desde las sombras para acosar a Guy, y en donde con la consiguiente aparición de la policía, los dos permanecen hablando detrás de las rejas de una plaza, es magnífico, y da cuenta de la naturaleza maligna de Bruno, como de los problemas que esta va a traer a el tenista si no hace algo al respecto. Pero para finalizar con este racconto de prodigiosas escenas, cabe mencionar, el momento en donde Guy juega un partido de tenis, el cual debe terminar en el menor tiempo posible, para evitar que Bruno plante evidencia falsa en el lugar donde anteriormente había asesinado a Miriam. En esta ocasión, Hitchcock no solo se vale de la puesta, sino que hace un magistral uso del montaje paralelo, advirtiendo la complejidad de este crucial momento del film.

 

El legado

Una de las particularidades que tiene este film tiene que ver con sus personajes y particularmente con uno de ellos: el Bruno Anthony de Robert Walker, es un villano de antología. Su perversión, psicopatía e incluso su inteligencia, hacen que sea un personaje el cual demanda mucha atención, y como gran parte de los mejores villanos del cine, provoca hasta una cierta sensación de empatía ambigua. Lo que es llamativo, o no tanto, es que estos rasgos psicopáticos en un personaje principal tienen sus distintas formas dentro de la propia filmografía del director británico. Hay una misma línea narrativa, en cuanto a formas y motivaciones que tiene este fascinante personaje de Bruno, con respecto al personaje de Brandon Shaw (John Dall), en “Festín diabólico”. Dos psicópatas que solo se mueven por vanidad y que no dudan en asesinar para probarlo. La diferencia podría radicar en que Brandon quiere hacerlo para aumentar su ego con respecto al personaje de su ex profesor, interpretado por James Stewart. Como un reto o desafío. Mientras que Bruno, al parecer, si bien quiere eliminar a su padre, tiene cierta fascinación por el caos. De manera más extrema, podemos poner en la misma línea, aunque diez años después, al enorme Norman Bates de Anthony Perkins en “Psicosis” (Psycho, 1960), del mismo Hitchcock. En este caso la psicopatía se repite, así como sus relaciones parentales irresueltas. En el caso de Bates de manera mucho más macabra y extrema. Los tres personajes son, en apariencia, tres seres carismáticos y seductores con una marcada tensión sexual en cada uno de sus actos.

 Pero estas similitudes pueden verse incluso por fuera de la obra del maestro del suspenso. En la vernácula Si muero antes de despertar (Carlos Hugo Christensen, 1952), un asesino de infantes parece tener las mismas habilidades para engañar y asesinar que el Bruno Anthony de “Pacto Siniestro”. Aún más parecido es el aterrador Harry Powell del mítico Robert Mitchum en “La noche del cazador” (The Night of Hunter, Charles Laughton, 1955) no solo en sus formas y habilidades encantadoras como atroces, sino incluso desde el parecido físico, sobre todo en sus rostros. Un importante rasgo a mencionar; estos dos personajes, así como Bruno Anthony, suelen aparecer desde la sombra, o la utilizan como característica del personaje en distintos momentos de los films. El terror es otro vaso comunicante en estos films, entre los que podemos incluir también a “Psicosis”, no como un género acabado, pero si con sobrados tonos prototerrorificos  a lo largo y ancho de sus realizaciones. Finalizando con este ejercicio de relaciones cinéfilas, es imposible no nombrar la película que relee en clave de parodia a la película en cuestión: “Tira a mama del tren” (Throw Momma From the Train), del fabuloso Dany de Vito, quien es el mismo el que remplaza a Robert Walker en el papel del acosador, aunque por otros motivos e ideales.

– Acá pueden ver los textos de todos los alumnos del Laboratorio de Críticas –

Algo más que suspenso