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“Festín diabólico”: Mala Publicidad

 

Por María Cabrera 

“Toda publicidad es buena publicidad”, el popular refrán dice que no existe semejante cosa como la “mala publicidad”, ya que toda publicidad es, en fin, publicidad, y que cualquier cosa que haga a un proyecto más conocido es beneficioso. ¿Qué tan cierto es esto? Un cruel asesinato que nadie que quería recordar, dos asesinos que representaban todo lo que la sociedad detestaba, un papel que ningún actor quería tomar, un director que renunció a su propia obra, todos estos elementos parecerían suficientes para enterrar cualquier proyecto.  El mismo Alfred Hitchcock calificó a «Festín diabólico» (Rope, 1948) como un «experimento que no funcionó», y luego de su estreno la mantuvo en privado durante casi tres décadas. La película no estuvo disponible porque sus derechos, junto con otras cuatro películas del mismo período, fueron recomprados por Alfred Hitchcock y dejados como parte de su legado a su hija Patricia. Han sido conocidos durante mucho tiempo como los infames «cinco Hitchcock perdidos» entre los cinéfilos, y se volvieron a estrenar en los cines alrededor de 1984. Los otros son “La ventana indiscreta” (Rare Window, 1954), “El hombre que sabía demasiado” (The Man Who Knew Too Much, 1956), “El problema con Harry” (The Trouble with Harry,1955) y “Vértigo” (1958).

“Festín diabólico” (Rope) es una película estadounidense de 1948 dirigida por Alfred Hitchcock, su primera película en color, con James Stewart en el papel principal. Es una adaptación de la obra de teatro “Rope”, escrita por Patrick Hamilton en 1929, y tiene grandes similitudes con la muerte real, que tuvo una gran repercusión en su época, de Bobby Franks a manos de Nathan Freudenthal Leopold, Jr. y de Richard A. Loeb en 1924. 

«Leopold y Loeb», fueron dos estudiantes adinerados de la Universidad de Chicago quienes secuestraron y asesinaron a Robert Franks, en lo que fue descrito por la prensa como el «crimen del siglo». Según sus declaraciones, ambos asesinaron a Franks para demostrar su inteligencia superior al resto, cometiendo el «crimen perfecto».

El film comienza con un asesinato y cierra con un disparo que convoca a la policía. Lo que sucede en el medio se filma insoportablemente cerca del tiempo real. David, Brandon y Philip están reunidos para tomar un cóctel en un elegante apartamento de Manhattan, pero la pareja estrangula al tercero y mete su cuerpo en un cofre de madera. En lugar de ocultarse o esconder la evidencia de su crimen, organizan una fiesta e invitan a los seres queridos del difunto a beber champán y conversar, a solo unos metros de su cadáver que se enfría.

Es la primera película en la que el maestro del suspense tuvo absoluta libertad para todo. Su relación con David O. Selznick, que le había producido varios films, se volvió totalmente insostenible y Hithcock montó su propia productora, Trasatlantic, con la que emprender nuevos y ansiados proyectos. El material de la obra teatral de Patrick Hamilton que reunía sexo, comida y un crimen era irresistible. La película es una de las más experimentales del director, abandonando la mayoría de las técnicas normales de rodaje para permitir largas escenas continuas, las denominadas “plano secuencia”. ​ Es, o pretende ser, una película de una sola toma, Alexander Sokurov logró lo realmente en “El Arca Rusa” (Russkiy kovcheg) recién en el 2001 con una gigantesca toma de Steadicam de 96 minutos recorriendo el Hermitage de San Petersburgo. 

La cámara de Hitchcock estaba cargada con carretes de 10 minutos y tenía que agacharse detrás de la espalda de un actor, o de un mueble, para cortar «invisiblemente» de una pieza de película a la siguiente. Esta técnica puede ser parte de la fuerza claustrofóbica de la película: el cofre del ataúd rara vez está fuera de plano, y la cámara sigue a los actores por cada centímetro cuadrado del set confinado. Están atrapados, al igual que la audiencia. 

Los muros del escenario se movían sobre ruedas y se desplazaban fuera de plano, y luego volvían a ser reposicionados cuando estaban dentro de la toma. Un operador designado se encargaba de mover los muebles y otros accesorios fuera de la trayectoria de la gran cámara de tecnicolor, y luego se aseguraba de que estuviesen reposicionados en el lugar correcto. Un equipo de operadores de sonido y cámara mantenían la cámara y los micrófonos en constante movimiento, mientras los actores mantenían un conjunto de señales cuidadosamente coreografiadas.

El extraordinario diorama en el fondo era el más grande utilizado en un escenario hasta esa fecha. Los numerosos humos de chimenea, luces provenientes de los edificios, señales de neón, y el amanecer se desarrollan y cambian a medida que el film progresa. Durante el clímax del film, el director en su primera película a color se permitió jugar con las luces de neón rojas y verdes, acentuando el contraste entre el bien y el mal, lo moral y lo amoral. Además, nos regalan su esperado “cameo”

En «Festín diabólico», Hitchcock parece menos preocupado por los personajes y sus dilemas morales que por cómo se ven, suenan y se mueven, y con el espectáculo general de cómo un crimen perfecto sale mal. Parte de este espectáculo es el alto contenido homosexual de la obra teatral que puso en jaque la adaptación. La obra de Hamilton hacía referencia a la relación homosexual entre Leopold y Loeb, pero para sortear el “Código de producción” (la censura de la época), se tuvieron que hacer ciertos cambios. Arthur Laurents, fue contratado para rescribir el guion y eliminó la aventura que uno de los asesinos tenía con su profesor, Rupert Cadell. La película pasó los controles de los censores, pero muchas ciudades eligieron censurarla independientemente; las memorias de Leopold y Loeb (y su relación sentimental) se mantuvieron frescas en algunas mentes. Dall, quien interpreta a una mitad de la pareja, era homosexual en la vida real y la obra de piano tocada por Granger (Mouvement Perpétuel No. 1 por Francis Poulenc) fue el trabajo de un compositor homosexual. Granger, a su vez, era bisexual. El papel de Granger fue primero ofrecido a otro actor bisexual, Montgomery Clift, quien lo rechazó, probablemente debido al riesgo de declarar su sexualidad en público. Cary Grant rechazó la parte de Rupert Cadell por similares razones.

La obra tuvo un pedigrí gay desde el principio. Nathan Leopold y Robert Loeb eran brillantes, guapos y ricos. Y también eran amantes. “Sabíamos que eran homosexuales, claro, pero nadie dijo nada al respecto”, dijo Granger sobre su personaje y el de Dall en el documental de 1995, The Celluloid Closet, basado en el libro de Vito Russo del mismo nombre. “Ese fue uno de los puntos de la película, en cierto modo”.

Los homosexuales homicidas pagarán por su crimen, pero si la última imagen de la película sirve de indicio, no se arrepienten de lo que han hecho ni de quiénes son. Durante décadas, este fue el único papel que los homosexuales podían desempeñar en los principales medios de comunicación, y todavía surge incómodamente a menudo. Si bien puede ser un hito tener en una película del calibre de “Festín diabólico” una pareja del mismo sexo, ¿es toda representación una buena representación? 

En principio puede ser considerado un logro para la época, pero también suma a las incontables representaciones en los medios que unen la homosexualidad, con el libertinaje y la depravación, como si la preferencia sexual de un personaje sumara una capa más de perversión, siempre que no se rigiera por la norma, claro. 

“Festin diabólico” es un logro técnico sin precedentes hasta el momento, una película donde el suspenso está increíblemente logrado, con grandes diálogos y actuaciones. Es un vals donde no hay un pie fuera de lugar. Pero también es un lamentable ejemplo más de la mirada heteronormativa sobre la homosexualidad en 1948, y a veces, aún al día de hoy. Las sirenas de la policía suenan a lo lejos, estos homosexuales pueden ser antihéroes, villanos, en realidad, como a menudo se representaba a los homosexuales, pero al menos sobrevivieron hasta el cuadro final.

– Acá pueden ver los textos de todos los alumnos del Laboratorio de Críticas –

Algo más que suspenso