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Acerca de “El lenguaje del erotismo” por Paula Alaimo

Paula Alaimo

Se entiende que el erotismo no solo está relacionado con lo sensual,  sino que juega un rol principal en la atracción entre los seres humanos.

Es así que el arte, en toda su dimensión, ha encontrado allí una fuente de inspiración que ha elevado su poder de transmisión, partiendo desde un significado poético hacia uno más visceral.

Y es justo en esto último, en épocas en donde la censura de lo explicito puso su manto sobre las palabras, que obligaron a que los relatos omitan, que oculten una narrativa tan propia de la seducción y el deseo.

Si abordamos el tema en la pintura, podremos advertir en diferentes épocas el desnudo sutil y no tanto de mujeres y hombres, que representaban escenas, las cuales fueron condenadas en su época. Pero que hoy en día, la relevancia de su expresión erótica los deja en un pedestal del buen gusto y exacerbación de lo sutil, delicado y quizás romántico.

Cuerpos rellenos, con curvas sugestivas, torsos esculpidos a detalle. Miembros masculinos expuestos, igual que senos a la vista de todos en plena representación dramática, fue lo que la escultura logro exhibir al mundo, liberando a su modo ese lenguaje que los cuerpos revelaban: sensualidad, roce, amorosidad.

Erotismo divinizado, que bien comparte con la pintura.

La pregunta es ¿solo allí lo veremos manifiesto al erotismo? Claro que no.

El cine, ese arte audiovisual de excelencia, que lo ha utilizado de tantas y tantas maneras, es la mayor base en la que juega ese pensamiento.

Es subjetividad pura, es deseo en movimiento. Un film erótico, exige un relato y lenguaje delicado, es una condición en la narración en sí misma, trabaja lo implícito y no lo explícito, tan contrapuesto al porno.

Si podemos analizarlo como una energía, podríamos decir que no actúa lo sexual, simple, va hacia ese momento siendo atracción y rechazo, expansión y contracción, es pulsión erótica.

Si traemos un ejemplo, entonces la magnífica película “El piano” de Jane Campion, nos lleva a evocar lo anteriormente dicho en claros ejemplos: la utilización de las imágenes más mínimas y tan necesarias como las manos, “el elemento erótico” del film. Aquel indómito mar, la música, la luz, las intenciones y ese movimiento de revelación del deseo  y sexualidad de los protagonistas, hacen de esta expresión artística, un modelo claro de lo que se espera del lenguaje del erotismo en el cine.

Tampoco podemos dejar de mencionar la existencia de este desplazamiento en mundos homosexuales, según la narrativa femenina, en donde lo oculto, lo velado y lo contenido se hace de esta descriptiva fílmica en “Full Metal Jacket” de Stanley Kubrick.

Y así podríamos hablar también de estos tres últimos elementos en la “Niña Santa” de Lucrecia Martel, donde lo religioso, además, juega como elemento moral en esta pulsión erótica.

¿Qué podríamos decir entonces de la literatura? Pues lo primero es que como en las otras expresiones artísticas que mencione, hay de todo y para todos los gustos. Sin desestimar algún autor en particular, cierto es, que en la literatura erótica del siglo XX, la narrativa de los escritores no se contiene, ni se autocensura, ya que los tabúes aunque existen van desapareciendo.

¿Qué podría decirse de negativo en esta práctica? que muchas veces se desdibujan los límites y que el acto sexual en si se toma como erótico, idea tan contrapuesta de lo que se entiende de esa acción. Ya que como dije al principio, el erotismo trabaja la subjetividad, lo implícito, y no lo explícito.

Exige un lenguaje delicado, no detiene la narrativa mientras que el acto sexual o bien la pornografía, la hace.

Entonces estará en la virtuosidad de la pluma del autor, no abandonar esta práctica, dotando al acto sexual de una retórica adecuada  que comunique a través de las palabras, esa carga que el erotismo exige.

Pero es necesario entender que, como en el cine, existen muchas formas de plasmar la carga erótica sin sexualidad. ¿Estará en la posibilidad de ese autor, narrar la subjetividad, la mirada en el otro? ¿Será capaz de expresar en sus párrafos la lectura de la imagen rebelada en un espejo, la tensión no resuelta, la transmisión sensitiva? ¿Facilitara al lector la posible revelación de esa sexualidad en el personaje, que se ira develando en cada párrafo?

Sera perentorio entonces, descubrir las formas para conseguir la manera de disparar el deseo en la descripción de sonidos, en el juego de sombras y luces,  en los mundos donde habite los territorios incestuosos, con pinceladas promiscuas e indecentes.

¿De qué se servirá entonces el buen escritor para develar miradas fugaces y evasivas en primeros planos, esas que al ser continuas e intensas le dan fuerza al movimiento?

¿De dónde se inspirara para, en pocas palabras, delimitar o liberar una narrativa que necesita de una abundancia y una carencia de adecuadas intenciones?

¿O seguirá tal vez aquel escritor, que se dice autor del género erótico, haciendo foco en lo genital, en la repetición del acto sexual, deteniendo indefectiblemente la evolución del relato, llevando al lector hacia un inevitable hastío?

Preguntas de una autora del género romántico, deseosa de abordar con delicadeza, el lenguaje del erotismo en la literatura.

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Publicado el

16 abril, 2020