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CINE DE GENERO / EL BEDE DE ROSE MARY

TEXTO CRITICO REALIZADO POR LA EGRESADA BELEN COUTO PARA EL TALLER DE CRITICA PARA PRINCIPIANTES

 

Dictado por: José Tripodero

El bebé de Rosemary

Por Belén Couto

Cincuenta y tres años después de su estreno, “El bebé de Rosemary” (1968) dirigida por Roman Polanski sigue dando de qué hablar. Antes que el lector continúe con las siguientes líneas, queda advertido que está a punto de iniciar un viaje sin retorno al año uno.

 

El filme de 137 minutos transcurre en una Nueva York de los 60, donde Guy y Rosemary Woodhouse visitan la Casa Bramford, en busca de un hogar para establecerse. A pesar de las advertencias de Hutch, amigo del matrimonio, deciden vivir en aquel edificio plagado de ocultismo. Luego de mudarse al departamento de una mujer recientemente fallecida, la oscuridad y las coincidencias no se hacen esperar. “El bebé de Rosemary” retrata la opresión y dominación de la sociedad, especialmente de la mujer, a través del fanatismo religioso y el exitismo, tópicos que balancea ingeniosamente para mantener expectante al público hasta el último minuto.

 

En primer lugar, Polanski juega con la luz y oscuridad, dejando pistas de la dualidad entre lo bueno y lo malo. Los créditos iniciales rosas, la vista aérea del sombrío edificio y una canción de cuna que tararea la misma Farrow, simulan el comienzo de una película romántica. En la primera secuencia la fuente de entrada tiene calas, símbolo de pureza, haciendo un guiño a Rosemary, aniñada, pulcra y calma. Evidencia su vulnerabilidad. Esto contrasta con la secuencia que Guy y el doctor Sapirstein la llevan de vuelta a casa, nerviosa por el futuro de su bebé, desmejorada y con un radical corte de pelo. Guy, corrompido por fuerzas malignas, siente que peligra su carrera si le ocurre algo a la semilla del diablo, la cual es parte de un pacto previo que hace con Roman y Minnie, sus vecinos satanistas. Lo ayudarían a alcanzar la fama si los retribuía con Rosemary como madre del anticristo. Esto lo ocultan fingiendo su amistad. Por eso el señor Woodhouse insistirá con ser padre continuamente, lo cual prende alarmas en Rosemary.

 

El director, por otro lado, resignifica figuras católicas con su lente para develar a la audiencia el lado malvado de las mismas, y su posible conexión con el satanismo. Un ejemplo de esto es un plano contrapicado del “sueño” de Rosemary; se ve en la cúpula de una iglesia “La creación de Adán” seguido de la ilustración de un cráneo de carnero. Observando la obra de Miguel Ángel el espectador puede pensar que en vez de ser Adán y Dios, es Adrian queriendo tocar la mano de su padre, Satán. Además, en el momento del ritual se evidencia la conexión entre los Castevettes y Guy. La intención real de los viejos brujos, sobreprotectores y atentos al embarazo de la fértil vecina, es cuidar a la portadora del anticristo. Se ve en las alucinaciones que sufre por el mousse que le da Minnie a Rosemary que contiene Tannis, la hierba del diablo. Luego de un fundido a negro, ya al día siguiente, Rosemary se despierta confundida y con su espalda rasguñada, como evidencia del ritual.

 

A través de esta historia, el personaje de Farrow transiciona de una niña adulta a una mujer con carácter, despojada de su ingenuidad. A medida que Rosemary ignora las creencias religiosas como las mentiras de su entorno, comienza a tener más iniciativas e ideas propias. Pero primero debe pasar por un sinfín de momentos injustos, como ser tratada como una enferma mental y ser desacreditada sistemáticamente, estar encerrada en su casa a merced de los antojos de su esposo, medicada dudosamente y dejándola sin libre albedrío.

 

Es por eso que este film sigue siendo relevante hasta nuestros días. Sin ir más lejos, “Historia de lo Oculto” (2020) de Cristian Ponce hace un simpático guiño a esta obra, nombrando Adrian Marcato a un autoproclamado brujo argentino de los años 70s. “El bebé de Rosemary” muestra desde una óptica novedosa y crítica los distintos tipos de maltratos que sufrían las mujeres por su género y las normas socialmente aceptadas en el momento que fue filmada. A no ser que todo haya sido producto de la imaginación, o quién dice, de un hechizo de Steven Marcato.