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Diversión acrítica

TEXTO CRITICO REALIZADO POR ALEJANDRA BELTRÁN PARA EL TALLER DE CRITICA AVANZADOS

 

Dictado por: José Tripodero

Volver al futuro (Robert Zemeckis, 1985) 

Robert Zemeckis desde el título del film nos está adelantando dos cosas (como mínimo). Por un lado, en el juego entre el verbo volver y el sustantivo futuro, en esa contradicción en donde no vamos hacia el futuro, si no que volvemos, se intuye un tocamiento, una intrusión en el tiempo. La mención de que algo va a pasar involucrando un tránsito del presente al pasado y del pasado al futuro, nos indica los posibles géneros, fantástico, ciencia ficción, aventura.

En cuanto a los títulos, en donde el back está indicado con una flecha y todo el diseño representa desplazamiento, nos hace pensar en la misma apuesta semiótica de “La guerra de las galaxias” (Star Wars, 1977). Recordemos  los títulos y las palabras explicativas del inicio en plano tridimensional como arrojadas al universo.

En el inicio del film nos encontramos con un ambiente saturado de relojes y una serie de inventos que se los muestra fallidos, pero que en realidad nos marcan que quien tendría que estar haciendo uso de esos enseres tecnológicos, no está, se inscribe el fuera de campo.

El film avanza en la presentación de los personajes, el joven Marty McFly, su novia, su familia, el abominable jefe de su padre y finalmente el inventor loco, Emmet Brown.

Marty es un chico con sueños y pasiones, el rock and roll, el skate y una novia hegemónicamente bella. Es el único que nos genera empatía dentro de una familia en donde su padre es presentado como alguien sometido y maltratado por su jefe desde siempre. Su madre, alcohólica, es una juzgadora militante de las jóvenes, principalmente de su hija y la novia de Marty, desde la premisa de que el deseo debe ser aplacado a fin de mantener una conducta decorosa acorde a señoritas respetables. Es decir una familia normal, pero así mismo disfuncional a la hora de generar vínculos de amor y cuidado.

Hasta que llegamos al momento en que Emmet le presenta a Marty su último invento, una máquina del tiempo corporizada en un auto. La cual es probada aparentemente con éxito por la mascota de Emmet y luego, a raíz de ciertas circunstancias, por Marty. Quien aparece en el año 1955 en la misma ciudad que habita en el 85´, conociendo en el pasado a las personas que forman su entorno.

Como el viaje al pasado no fue algo programado y buscado, el inventor tiene que ver cómo logra volver al futuro a Marty con los elementos del año 1955. La trama en el pasado, se despliega mostrándonos a él interactuando con su familia desde un lugar de paridad generacional, con la fascinación propia de quien está descubriendo in situ sus orígenes.

Finalmente Marty logra llegar al 85, cumpliendo la principal regla que le transmite Emmet, no alterar los hechos que ya se dieron en el futuro. Estos hechos no se alteran ex profeso, sin embargo la aparición de Marty en el pasado le permite a su entorno tomar decisiones distintas, proyectando otro futuro.

 

Un pasado constante.

Robert Zemeckis nos ofrece un film de ciencia ficción en el presente, alguien crea una máquina que puede viajar en el tiempo. Así planteado, no estamos ante una película futurista. En esta primera entrega de lo que será una zaga, se parte del presente, para volver al pasado y desde allí regresar a un futuro que no es más que el presente desde donde se partió. Hasta acá no se presenta un futuro desconocido.  Temática presente en films contemporáneos como Blade Runner, 1982”. En donde las referencias al futuro son desde un mundo distópico, con grandes avances tecnológicos, acompañados por una moral cruel y deshumanizante. Desde esta mirada crítica de Ridley Scott, “Volver al futuro” es una ingenua producción estilo Disney para adultos.

Pensemos en esta ingenuidad a la que hago referencia. Desde los planos de inicio, todos los elementos que aparecen, saturación de relojes, electrodomésticos tuneados para optimizar sus funciones, resultan más emparentados a un automatismo mecánico, al modo del autómata de “La invención de Hugo” de Martin Scorsese, que a invenciones herederas de la física cuántica y la idea de poder ilimitado en el avance tecnológico.

Así mismo, en cuanto a los vínculos establecidos entre los personajes del film, la estereotipia es la constante. Un hijo cuya rebeldía es hacer rock y montar un skate. Una madre que pone en el eje de la crianza de sus hijos los valores del pudor y mostrarse en el lugar de la insatisfacción, borrando toda conexión para con ella y sus hijos con la construcción de deseos propios, no implantados. Un padre que genera vergüenza en su hijo por el lugar de sometimiento en el que está ubicado con respecto a su jefe.

Cuando Marty vuelve a 1985, se encuentra con un presente distinto al que dejó, pero con los mismos valores conservadores de siempre. Su madre, su padre y sus hermanos pasan a ser personas orgullosas de su vida y sus logros. Logros más acordes a estándares hegemónicos de realización personal que de una liberación que les permitió conectarse a lo genuinamente deseado. Con lo cual su padre es un escritor famoso que ya no está sometido por su jefe, sino que es él quien maltrata y humilla permanentemente a Billy. El modelo de triunfadores es el que prima, Marty le dice con alegría a su madre, “qué delgada que estás”, sus hermanos tienen trabajos y responsabilidades de gente de bien, parece que todo está donde debe estar.

Volver al futuro es una película de aventuras que nos invita a soñar que la ciencia, el poder de la invención y la tecnología  nos puede ayudar a cumplir nuestros más ansiados deseos, siempre que estos deseos no modifiquen en ningún aspecto, no sólo el futuro, si no tampoco el orden establecido desde una ideología de supremacía blanca con aspiraciones burguesas.