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Edulcorando al pasado

TEXTO CRITICO REALIZADO POR MARTIN VIVAS PARA EL TALLER DE CRITICA AVANZADOS

 

Dictado por: José Tripodero

Volver al futuro (Robert Zemeckis, 1985)

Los copos blancos van sepultando

Todo lo hermoso, todo el amor

Y ya en las almas está cantando 

La musa triste de mi dolor

Añoranzas – Letra y Música: José María Aguilar

 

1955: El Delorean, conducido por Marty McFly, desaparece dejando un rastro de fuego sobre la calle que llega hasta la sala de cine “Town” donde, según la cartelera, se proyecta el film The Atomic Kid (1954) de Leslie H. Martinson. 

1985: El Delorean se ha estrellado contra el mismo local que ahora es ocupado por la “Assembly of Christ” (Asamblea de Cristo) del reverendo John Crump (por sólo una letra no es Trump). A los costados, las paredes se encuentran atestadas de afiches que anuncian la promesa de salvación sólo si se responde al llamado de Jesucristo. Del otro lado de la plaza se logra ver el Essex, cine dedicado a la proyección de películas pornográficas.     

Sólo este pasaje del clásico indiscutido “Volver al futuro” (1985) de Robert Zemeckis funciona para acreditar un sentimiento que atraviesa todo el largometraje: la añoranza del pasado que halla razón en un presente y un futuro aciagos y desalentadores. Una forma del pensar que se hace eco del proverbio “todo tiempo pasado fue mejor”. Y que lleva al autor a una ostentación almibarada de los años pretéritos que por momentos se convierte en una denuncia del hoy y del porvenir.       

Una apología

Esta defensa del pasado se constata fácilmente en la puesta en escena. La plaza central de Hill Valley del año 1955 denota una higiene extrema. No se ve un solo papel sobre el suelo y un empleado mantiene corto el césped. Los locales que rodean el parque se encuentran ocupados en su totalidad y cuatro empleados de una gasolinera Texaco hacen el mismo trabajo, poniendo de manifiesto una situación económica favorable y de pleno empleo. 

El reloj de la torre funciona. La plaza parece resplandecer al ritmo de la ingenua melodía de “Mister Sandman” (The Four Aces). La canción alude a un personaje del folclore estadounidense que derrama arena sobre los ojos de los durmientes para que aquellos tengan bellos sueños. En el Hill Valley de 1955 hasta un empleado de cafetería puede fantasear con ser alcalde en el futuro.  

Por contraposición, en el año 1985 la misma plaza luce descuidada. Abundan los desechos en el piso y es el lugar que encuentran los indigentes para dormir. El reloj ya no funciona. Una gran cantidad de locales se encuentra vacía y parte de su fachada se observa derruida o anuncia la mudanza del comercio. Un banco comercial ocupa uno de aquellos. Si aparece ahí es porque se le atribuye algún tipo de responsabilidad sobre la situación económica imperante. Lo financiero en lugar de promover la economía se transforma en verdugo de aquella. Esta realidad ya no se presenta como una ensoñación a cargo de Mr. Sandman sino como la más dura y abominable verdad.     

Los demás escenarios son mostrados con la misma exacta inclinación. Así en el pasado la casa del Dr. Emmett Brown es una mansión que rebalsa de lujos, con un lugar dedicado especialmente al panteón de los científicos. La casa del Doc en 1985 la constituye sólo el garaje de la vieja casona. Parte del terreno ha sido cedido y sólo tiene salida al estacionamiento de un Burger King. 

Tampoco la escuela a la que asiste Marty McFly se libra de esta particularidad. La de 1955 se  muestra impecable sin ningún grafiti que altere su pulcritud. Varias bicicletas sin candado se destacan estacionadas frente a la institución. Sin embargo la del presente se exhibe enrejada, con tachos en la puerta y las paredes vandalizadas por grafiteros. Incluso el barrio donde vive Marty se presenta en el pasado como un proyecto, esto es, todo deseo e ilusión. En el presente Lyon Estates es sólo un barrio más. 

El espacio para la gesta

Este pasado que tanto es realzado resulta el lugar más propicio para la heroicidad. Una de las primeras escenas de Marty McFly en la plaza de 1955 lo muestra de espaldas a un monumento homenaje a los soldados caídos en la Guerra de Corea (1950-1953), los que son considerados de alguna manera héroes. Este concepto funciona en las sociedades actuales cuando en verdad los muertos en batalla deberían ser considerados víctimas antes que paladines.   

De esta manera Marty McFly puede enfrentarse a Biff Tannen sólo en aquella veta temporal. En 1985 ve desanimado como su padre, George Mcfly, es maltratado sucesivamente por Biff. Hay algo de entrega en el comportamiento del hijo que entiende que ya es demasiado tarde para alterar el orden “natural” de las cosas. Sin embargo el pasado se presenta como una posibilidad, la esperanza renace y Marty rivaliza directamente con el agresor de su progenitor, quien también es invitado a la mesa de la audacia. 

Ahora bien, el psicoanálisis entiende que el recuerdo (lo que nos queda de nuestro pasado) se establece a partir de fantasías, siendo cada una de ellas una pequeña ficción producto de la descomposición y recombinación de fragmentos de nuestra vida. De ahí que el recuerdo se construya como un relato fantasioso, una especie de teatro que la conciencia contempla para darle un nuevo sentido desde el presente.  

Entonces debemos considerar que el pasado al que viaja Marty McFly no es aquel que verdaderamente transcurrió. Sino que se trata de un ideal, un modelo que ha armado en su contemporaneidad y con todo aquello que sus seres queridos le han referido. Por lo tanto el viaje que hace el personaje no es más físico que mental, una especie de excursión introspectiva. También ese pasado es el sitio donde se puede ser un ídolo de la guitarra y hasta hacer realidad sus fantasías incestuosas.     

Que vuelva el pasado (retocado) 

El intendente de Hill Valley de 1985 tiene la intención de modificar el reloj de la torre. En cambio hay un grupo de conservadores que quiere repararlo y mantenerlo en el mismo estado. De igual modo Zemeckis nos enseña que el pasado tampoco es un mundo maravilloso, pero si aquel es ajustado un poco el mañana puede ser distinto. No se pueden soslayar las limitaciones que esta revisión tiene. Hay cuestiones que escapan al amoldamiento temporal tales como la aparición de los árabes que venden plutonio. El Dr. Brown dice que es algo que se puede conseguir “a la vuelta de la esquina”. Paradojalmente aquello es lo que permite el viaje en el tiempo. 

A pesar de ello el presente se muestra como un campo minado por el peligro, donde la muerte tiene una connotación real. La falsa muerte del Dr. Emmett Brown obra en favor de esta idea. Las amenazas del hoy son palpables cuando en el pasado parecían los castigos de un mero juego de niños. 

“Volver al futuro” nos muestra una distinción clara entre un pasado edulcorado y un presente calamitoso, sin dejar de evidenciar la vinculación que entre ellos existe. Ambos tienen la potestad de condenar al otro, de resignificarlo. Y esta construcción de sentido tiene que ver más con el sujeto que con lo que ha ocurrido verdaderamente. Un proceso que sucede todo el tiempo en nuestras cabezas pero acerca del que raramente reflexionamos. Esta es la invitación que nos hace Zemeckis.