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ENSAYO SOBRE ROALD DAHL

TEXTO CRITICO REALIZADO POR BELEN COUTO PARA EL TALLER DE CRITICA AVANZADOS

 

Dictado por: José Tripodero

Roald Dahl y el cine: un talentoso accidente

Por Belén Couto

 

Hace 105 años nacía un hombre con una pluma particular. Sus padres lo nombraron “Roald” en honor a Roald Amundsen, el primer hombre en llegar al Polo Sur[1]. Con semejante hito, era claro que Dahl no pasaría desapercibido durante su estadía en este mundo… ni después. Si bien es mundialmente conocido por sus obras literarias infantiles y juveniles, algunas de ellas, como “Cordero asado” (Lamb to the slaughter) cobraron vida en la televisión para el programa ”Alfred Hitchcock presenta”. Dato: sí, el mismísimo maestro del suspense fue el primero en adaptar a Dahl. No obstante, su relación con las pantallas se estrecharía. Dahl colaboró como guionista con material propio, y ajeno (“Solo se vive dos veces” (1967), una de las tantas aventuras de James Bond). Aunque pensaba que esa labor le daría dominio para ser fiel a sus relatos, quedó mayormente insatisfecho.[2] Como dice el ya mencionado Alfred en «El cine según Hitchcock» (2020), cree que es erróneo dejar al autor ser partícipe de una adaptación ya que «ignora los principios de un tratamiento cinematográfico»[3]. Eso explicaría de alguna manera la rabia del galés. Pese a esas diferencias creativas, la trascendencia de Roald Dahl en la cultura popular a partir del cine es inminente. Es por eso que a continuación se desarrollará qué hace especial al maridaje entre Dahl y el cine.

 

Humor subversivo[4]

Según la RAE[5], subvertir significa “Trastornar o alterar algo, especialmente el orden establecido”, en cualquier área. Dahl supo sacudir a sus lectores con interrogantes morales. Decidió usar su imaginación y algunas vivencias personales para hablar de disparidad de clases, maltrato intra y extrafamiliar, entre otros tópicos. Es por eso que la sátira, los protagonistas jóvenes e inteligentes y los poemas (muchas veces fuente de inspiración para bandas sonoras) relucen en sus páginas. Un ejemplo de esto último son las fugaces apariciones de la rima que describe a Boggis, Bunce y Bean en “El Fantástico Sr. Zorro” (2009) en una audaz versión de Wes Anderson, así como también los números musicales de ambas adaptaciones de “Charlie y la fábrica de chocolate”. Algunas de las películas que tienen aristas coincidentes en cuanto a los temas mencionados anteriormente son: “Matilda” (1996) de Danny de Vito, “Willy Wonka y la fábrica de chocolate” (1971), de Mel Stuart y “Charlie y la fábrica de chocolate” (2005) de Tim Burton.

 

La crítica social

El séptimo arte tiene la ventaja de reflejar lo que limita al papel. La cámara le da vida a los satíricos relatos del galés, y con ello abre un sinfín de posibilidades. En primer lugar, teniendo en cuenta “Charlie y la fábrica de chocolate” (la novela de 1979), podemos decir que sus adaptaciones apuntan tanto a la disparidad de clases como una crítica a la crianza de los niños de ese entonces. Si se tienen en cuenta los gestos de los Willy Wonka de ambas versiones, Gene Wilder (1971) y Johnny Depp (2005), se los muestra como anfitriones fuera de lo normal, con conductas erráticas cuando los niños se accidentan en su fábrica, dejando a juicio del espectador si hay complicidad entre ambos Wonka y los oompa loompas de actos que ponen en riesgo la integridad de los menores. Los primeros planos a Wilder y Depp no connotan sorpresa, sino satisfacción y goce al ver a los ganadores del ticket dorado caer paulatinamente como consecuencia de su avaricia, codicia y falta de empatía hacia el prójimo. Durante estos infortunios la cámara muestra al grupo remanente, es decir, a los acompañantes junto a sus hijos y Wonka, con un plano picado o contrapicado para enfatizar el lugar donde está el personaje en apuros.

Si bien es cierto que en las versiones de Stuart y Burton predominan los momentos musicales de los oompa loompas, la dupla Burton/Elfman (2005) logra dar escalofríos a los espectadores, apostando por una atmósfera más lúgubre con respecto a la original (1971), tanto en lo estético y actoral como en lo musical. A lo largo de ambos filmes se puede apreciar que la simpleza y el buen corazón de Charlie Bucket será recompensada con eventos que cambiarán su vida por siempre, como “vencer” a sus “contrincantes” sin saber que lo eran. Después de todo, ni el dinero ni el estatus social pueden comprar la bondad, o el amor, como diría The Beatles.

 

Los adultos, ¿aliados o enemigos de los niños?

El universo literario de Dahl prefiere narrar historias desde el punto de vista de sus protagonistas. Sus personajes más sobresalientes en las adaptaciones para dar cuenta de esto son Matilda y por qué no, Luke, el huérfano en “Las Brujas” (1990). Hay evidencia de sobra en cada una de las películas de la brillantez de los menores que deben sortear obstáculos en relación con el mundo adulto, por lo que cuentan con su ingenio y en algunas ocasiones una ayuda sobrenatural para vencerlos. El caso más sólido es el de Matilda, quien a pesar de ser una niña, vive como una mujer independiente, haciendo los quehaceres hogareños y yendo a la biblioteca a buscar clásicos de la literatura universal por placer, anhelando escolarizarse. Allí se puede ver a su primera aliada, la bibliotecaria que queda sorprendida por el apetito intelectual de la joven. Luego de años de sufrir maltratos por parte de sus padres, descubre también que tiene un don para la telekinesis, ayuda que le servirá para desafiar a Harry y Zinnia Wormwood, además de la temible Sta. Tronchatoro, la directora del colegio donde la pequeña genio logra asistir. DeVito logra plasmar en la pantalla lo grotesco de esos mayores a través de un ojo de pez, deformándolos como si fueran criaturas diabólicas, a diferencia de la Sta. Miel, su segunda aliada. Hasta el final del metraje se la puede ver confidente de la pequeña lectora. Por otro lado, el guión tiene la habilidad de demostrar cómo el Sr. Wormwood y la Sta. Tronchatoro comparten valores a la hora de enseñar a los niños, diciéndole en diferentes ocasiones la misma frase a Matilda:  “Tú eres tonta, yo lista; tú pequeña, yo mayor; tú no tienes razón, yo siempre. Y no puedes hacer nada para remediarlo”. Por otro lado, DeVito traza un interesante paralelismo entre la hostil relación entre padre-hija y tía-sobrina.

Es difícil concluir este texto teniendo en cuenta que las posibilidades de análisis de todas estas obras en conjunto, sin mencionar las que se han dejado fuera, llevarían horas de debate interno de quien escribe. Pero de algo uno puede estar seguro: Dahl pensó en crear mundos y personajes para quien quisiera leerlos. Nunca imaginó sus historias en la pantalla grande, hasta que sucedió accidentalmente. A pesar de la negación de Dahl a dar el visto bueno a las películas, cada director mencionado encontró valiosos elementos en sus relatos para enaltecer su humor subversivo, el que lo distingue de otros autores infantiles. Humor que hace que, 31 años después de su muerte, su público lo recuerde y siga elaborando teorías detrás de sus grandes clásicos.

 

[1] https://www.roalddahl.com/roald-dahl/about

[2] https://www.archivo007.com/downloads/star_ficcion.pdf

[3] Truffaut, François (2020, p. 73) , El cine según Hitchcock, (20a edición) Alianza Editorial/ Grupal

[4] Martín Ortíz, P. (2009). Presencia del humor en la literatura de Roald Dahl. AILIJ (Anuario de

Investigación en Literatura Infantil y juvenil) https://drive.google.com/file/d/1Me5ZJMJ1LeE_7to0cB4qCpngzup6mW3V/view?usp=sharing

[5] https://dle.rae.es/subvertir?m=form