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“Grizzly man” Werner Herzog (2005) by Majo Rossi

“Grizzly man” Werner Herzog (2005) by Majo Rossi

GRIZZLY MAN : MIRAR y MIRAR

Por María José Rossi

Un juego complejo de miradas compone el documental GrizzlyMan (2005) del director alemán Werner Herzog, más allá de los osos y de la protección del medio ambiente. La clave, creo, está en una de las frases del director, casi sobre el final, o sea, mucho después de que nos enteramos que su protagonista fue literalmente devorado por uno de los osos a quienes tanto cuidaba. Devorado por su propia alucinación.

Cada año, durante 13 veranos, Timothy Treadwell va al Parque y Reserva Nacional Katmai, Alaska, a pasar una temporada con los osos grizzly, sus amigos, a los que quiere proteger de los depredadores. Se acerca a ellos a distancia imprudente, proscripta por las disposiciones federales. No menos de 90 metros es lo permitido, pero él llega incluso a tocarlos, los primeros planos hablan de una distancia menor al metro y medio. Va generalmente solo, a veces lo acompaña una novia, una mujer, género con el que confiesa tener dificultades. Acampa cada tanto en la espesura de un pequeño bosque, contraviniendo otra disposición, que indica que las guaridas humanas deben estar a la vista. La sociedad humana, con sus mujeres exigentes, sus infinitas disposiciones absurdas, sus depredadores insensibles, se van convirtiendo cada vez más en el enemigo.

Pero Timothy va a las escuelas, les habla a los niños, milita el proteccionismo. Y le habla a una cámara. Durante todo el tiempo que duran sus expediciones, le habla a una cámara.¿Qué clase de público imagina Tim, a quién le habla?

Tim se mira en el espejo de los osos; les dice que los ama, los echa cuando se acercan demasiado, se arrepiente, les dice otra vez que los ama. Repite todo el tiempo que arriesga su vida, que está siempre al borde de la muerte. Tim desprecia cada vez más a la civilización, está en conflicto con ella, se siente incómodo. Casi que querría ser un oso más. La paradoja es que un habitante de esa civilización retoma esos fragmentos filmados y compone un documental.  La mirada del cineasta no es la de los osos, por quienes Tim ofrenda su vida. Herzog nos dice que sólo ve en la mirada de los osos el vacío de un animal que sólo quiere alimentarse para sobrevivir. Y ahí está la clave.

Treadwell mira a los osos y se cree mirado y reconocido por ellos. El ojo de su cámara captura sus costumbres para la que la civilización,de la que se siente cada vez más lejos, pueda ver lo mismo que él ve: osos que cazan salmones en el río, que compiten entre sí, que vagan mansamente por la llanura, que pueden ‘posar’ a cierta distancia mientras Treadwell habla, dándoles la espalda, a la cámara. Hasta que un día un oso agresivo y hambriento lo deglute. La cámara prendida registra los últimos gritos, los estertores de su muerte y los de su compañera. Sólo van a quedar los restos en el estómago del animal, el forense que interviene separa trozos de carne de restos de tela.

Lo cierto es que nada de nada quedaría de él si no fuera porque la civilización denostada convierte en acontecimiento sus doce años de expedición. En primer lugar, la cámara que guarda sus registros. En segundo lugar, la mirada de un humano que restituye para otros humanos lo que Tim hace por los osos, de quienes nunca obtuvo ninguna clase de gratitud ni reconocimiento.

La mirada de Herzog mira mirar; un mirar desde la subjetividad, o sea, desde un cierto lugar (un punto de vista).Y un ver desde los ojos, desde el doble dispositivo del globo ocular y de la lente que intenta ver-se y mirarse a través de ojos que sólo ven pero que no miran (la de los osos, por si hiciese falta aclararlo). La cámara de Herzog mira y reconstruye una mirada. Mira y reconstruye una vida que cuida para ser cuidado.

El documental de Herzog es ese cuidado. El director no comparte la mirada de Treadwell, que mira a los osos con ternura y con odio a la civilización, a la vez que habla y actúa para ella. Pero su cámara es amorosa. Y ese gesto del gran director y el ojo de su cámara, son los que logran finalmente ‘salvar’ a Tim, no de las fauces de los osos, sino de una muerte lenta, la que descansa en el olvido de los hombres.

Herzog lo salva de ese olvido y de la completa, infinita, indiferencia de esos osos por quienes, seguramente, después de mirar el documental, no elegiríamos nunca perder la vida. Aunque eso depende de la mirada. De la nuestra, de la de cada cual.

Habilidades

Publicado el

26 junio, 2016