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The Pledge (Sean Penn, 2000) 

TEXTO CRITICO REALIZADO POR TAMARA REY PARA EL TALLER DE CRITICA AVANZADOS

 

Dictado por: José Tripodero

Se enciende la pantalla, suena «Nwalhulwana» en un pueblo de Nevada, y Jerry (interpretado por el monstruoso Jack Nicholson) se funde en el vuelo de pájaros negros que lo atraviesan. 

Jerry Black es un detective de homicidios a punto de jubilarse. Sus colegas Stan (Aaron Eckhart), Strom (Dale Dickey), su jefe Eric (Sam Shepard), entre otros, lo sorprenden en una reunión festiva por su trayectoria y despedida.  En medio de esa celebración oye sobre un caso reciente de un ataque sexual seguido de la muerte de una niña de 8 años, Ginny Larsen.  

Se dirigen al lugar del homicidio y sólo hay un testigo, un niño que andaba por las montañas en su motonieve, que pudo ver a lo lejos desde el cuerpo de la niña hasta un hombre con aspecto de indio que escapaba en su camioneta.

Asomando sus pasos en una inmensa granja abarrotada de pavos, es Jerry quien va a informar el hecho espeluznante a los padres de la niña. Su madre Margaret (Patricia Clarkson) le pide prometer y jurar ante Dios y dándole un crucifijo artesanal hecho por su hija, que encuentre al «asesino oculto», y aquí no hay vuelta atrás a una redención.

Acusan, la policía de Reno, con absoluta certeza de culpabilidad, a quién hasta ahora es el único sospechoso, Toby (Benicio del Toro), el indio que andaba cazando castores. Jerry sólo observa el interrogatorio, cuando se llevan al acusado, en un instante de violenta presión el indio se dispara a si mismo y muere. 

 Ocho años atrás, en el condado de Monash otra niña, Luanne Rotze, con el mismo modus operandi también fue asesinada, un caso no resuelto que le cuenta uno de los oficiales de allí, «fue como estar en una película» expresa un personaje tan simpático y relajado.

 Jerry busca intensamente pistas que lo conduzcan a entrelazar los hechos. Entra a una tienda de adornos navideños, con colores brillantes que contrastan con todo el exterior, y pregunta a la encargada, con su gorro rojo puesto, dónde encontrar a la abuela de Ginny (escena tan sutilmente escalofriante).

 Jerry la encuentra y conversa con Annalise (Vannesa Redgrave) ya que el día del asesinato de su nieta era el día en que compartía con ella, pero nunca llegó a su casa, sólo pudo hablar de ángeles. También dialoga con la mejor amiga de la pequeña quien le cuenta de los dibujos de Ginny donde en uno de ellos vuelca su mirada de haber conocido al «Gigante de puerco espines» con su camioneta negra. Aparece en escena, en un solarium de una Institución psiquiátrica, el padre de una niña desaparecida desde hace tres años, James (Mickey Rourke). Jerry acude a él pero no consigue señales más que ver a un hombre devastado por no haber encontrado a su hija.  

La búsqueda desesperada por el asesino se intensifica cada vez más y se representa tan inteligentemente en su sesión de terapia con planos cenitales de su doctora (Hellen Mirren) haciendo preguntas privadas en las que ya no hay respuestas, sólo se oyen voces, una historia de crimen que se adueñó de una historia personal.

 Jerry decide comprar una estación de servicios ubicada en un camino estratégico para su secreta investigación. En ese entonces conoce a una camarera, Lori (Robin Wright), una mujer bella, pero derruida en apariencia, quien vive sola con su hija, Chrissy, de 8 años de edad. Ambos, madre e hija, se encariñan con Jerry e inician una historia juntos. Él es un perfecto protector para ellas, la niña confía en él y a su vez es la presa perfecta para una develación. Un sospechoso en alerta es un ministro de la iglesia, a quien se lo ve interactuar con Chrissy en la parte delantera de la casa de ellos, donde la niña juega, y que no es casual su hamaca se encuentre sobre la ruta, es como un juego, peligrosamente pensado por Jerry, como también elegir un vestido rojo para ella en el festival, las niñas asesinadas llevaban puesto un vestido rojo.

Cuando Lori le comenta a Jerry que la niña no está en la casa porque la invitaron a la iglesia, él toma un arma, sin que la madre lo vea, y corre hacia la misma e imaginando, como diría su psicóloga, los niños imaginan, pero Jerry no es un niño, es un adulto intentando descifrar acontecimientos atroces, abre las puertas de la iglesia y ve a la niña ensangrentada, muerta, pero no, era su imaginación, todo estaba bien. La locura consume lo racional, se apodera. 

Chrissy le pide a Jerry que le cuente un cuento para poder dormirse, él jala un libro de cuentos, comienza a leer mientras ella le confiesa haberse encontrado con el «Mago». Un disparador aterrador pero con un sentido de salvación en encarnar una presa y así poder atrapar al asesino.

El operativo de policías se asienta en el lugar donde, por suposición, se encontrarían nuevamente «el Mago y la niña», y él le obsequiaría bebés puercoespines. Una operación con una niña de amuleto y una madre que no sabe lo que está sucediendo. Todo se quiebra, el asesino no aparece, la madre no le perdona a Jerry haber utilizado a su hija de carnada y aquí otra vez preguntas sin respuestas, Jerry sólo oye voces. Sus colegas abandonan el lugar y lo tratan como a un loco. La redención no existe.  

 Y otra vez se oye de fondo «Nwalhulwana» (música africana) en una estación de servicios abandonada, el viento vuela las hojas, y Jerry murmura palabras en puro abandono y desolación, «ella lo dijo». La cámara se aleja y en un primer plano domina la escena de una gigantografía de un policía con un rosario en su mano.

 The pledge, película del año 2001, con un desfile actoral impresionante, así sea una aparición en una única escena o en toda la historia; una fotografía que también es protagonista en cada escena, todo cobra un sentido, las campanas de la puerta de la tienda de accesorios navideños, la bandada de pájaros, la pesca en el lago, el globo rojo esfumándose al cielo, la nieve, lo frío, el paralelismo entre imágenes de situaciones extremas, la poca o mucha profundidad de campo, la niña en la hamaca o la manada de caballos, las miradas, los insectos, la ruta.  La elección de canción principal es maravillosa, los africanos tienen rituales, creen en una conexión con los antepasados, con lo que desean transportar, con el ser uno mismo, con la sanación. Una obra donde lo criminal y lo social se exponen en un ritmo acertado, es un pueblo, no una ciudad cosmopolita.

Una obra maestra, una historia policial donde todos pueden ser sospechosos, pero en verdad, el asesino jamás devela su rostro y arde en el infierno, sin posibilitar a una venganza o mejor dicho, una redención.