
La larga noche de Francisco Sanctis: La historia es el viaje Por Jorge Pinzón Bermúdez

Lo que aparentaba ser un reencuentro con una amiga del pasado, deviene en un nervioso viaje sin destino. La excusa sobre la prometedora publicación de unos textos de poesía escritos por el propio Francisco se diluye rápidamente, y de repente, es parte de una especie de misión. Los realizadores se toman su tiempo para terminar de develar la naturaleza del encuentro. Elena le da dos nombres y una dirección; esa noche irán a buscarlos. El deberá decidir que hace con lo inesperadamente legado.
Esta escena transcurre durante el primer cuarto de la película y termina de construir la idea hitchcockiana de hombre común en un tiempo y lugar equivocados, materializándose en el conurbano bonaerense. El protagonista, encarnado por Diego Velázquez, es un padre de familia de clase media que a su vez trabaja en una empresa. Sus aspiraciones tienen que ver con ascender en su condición laboral y tener una vida más apetecible con los suyos. Un pasado con acercamientos a la militancia política parece ser la nota distorsiva en su historia, del cual proviene su vínculo con Elena.
Hay tres elementos que los directores Andrea Testa y Francisco Márquez logran condensar y que son parte constitutiva de La larga noche de Francisco Sanctis (2016). El contexto en el cual transcurre la película, el ritmo, y todo lo que hace propiamente al viaje de Francisco. Esto último alude a lo referido estrictamente con lo que acontece: decisiones se toman, personajes que surgen a lo largo del recorrido, y lugares que se transitan. La forma que adoptara el relato va estar atravesada por dicha triada.
El contexto refiere a la década del setenta en Argentina, durante el periodo de dictadura cívico militar situado en algún lugar de Buenos aires. Una tensa calma parece habitar las calles. Una pesquisa mostrada casi fuera de campo, la cual el protagonista testifica camino a su trabajo, da cuenta del estado de situación. El peligro se siente, pero no se ve. Es apartir de la información que recibe Francisco que el tono de lo que se cuenta será cooptado por el contexto. Cada secuencia callejera va estar atravesada por un peligro aparente e inminente. Las sirenas policiales, las sombras que abrazan las calles que solo son abatidas por las luces de los autos, incluso los transeúntes anónimos producen un estado de paranoia que va carcomiendo la realidad.
Los paralelismos con respecto a Hay unos tipos abajo (1985), La parte del león (1978), o La conversación (1974), son pertinentes. La atmosfera enrarecida conlleva reminiscencias al cine de espías: El espía que sabía demasiado (Tinker Tailor,Soldier, Spy, 2011), Puente de espías (Bridge of Spies, 2015) pueden ser ejemplos válidos. A diferencia de otras películas que narran la dictadura militar como La noche de los lápices (1986) o En retirada (1984), lo testimonial adquiere un rol secundario, priorizando las conexiones con el género de suspenso.
En cuanto lo referido al ritmo, existe un contraste que se da de principio a fin. Al ser un relato que sucede a lo largo de una sola noche, se podría esperar un ritmo frenético, al estilo bola de nieve como en Después de hora (After Hours, 1985) Good time: viviendo al límite (Good Time, 2017) o Edmond (2005). Sin embargo las escenas parecen están imbuidas de un aire cansino. La rigidez como la duración de los planos, y la ausencia de diálogos en varios tramos, logran generar una sensación de lentitud. Haciendo que el tiempo parezca suspendido mientras la odisea no tiene fin.
El recorrido da cuenta de un viaje interno como externo. A la odisea concreta que sufre el personaje de Diego Velázquez, se suman sus tribulaciones, interpelando su propia moralidad. Ningún personaje parece tener intenciones de ayudarlo. Cada lugar visitado, cada dialogo entablado intervienen al momento de decidir. Los minutos finales se presentan súbitamente. La travesía encuentra su norte, y antes de que sea perceptible, el final irrumpe dejando tras de sí un rastro de dudas. Una revisión tal vez sea necesaria para completar el viaje.


