
Zama: Solitario y Suspendido Por Luciano Cundino

Zama es la historia de una espera eterna. De un letrado español asentado en el Paraguay de finales del siglo XVIII que no hace otra cosa más que ejercer sus deberes diarios, relacionándose con gente de menor, igual o mayor jerarquía. Basada en la novela homonima del escritor argentino Antonio Di Benedetto (1922-1986), publicada en 1956 y adaptada cinematográficamente por la realizadora salteña Lucrecia Martel. Se estreno el 28 de septiembre del 2017 luego de nueve años de espera, ya que su última película había sido La mujer sin cabeza (2008).
En términos de ritmo narrativo, Zama no dista mucho de las obras previas de Martel. Con pocos diálogos, dejando que las riendas las tomen los sonidos, los silencios, la naturaleza y la gesticulación de los personajes. Tal como iniciaría su opera prima La ciénaga del año 2001, con el sonido de grillos, vientos y “zombies” arrastrando reposeras, tomando vino e inundados en el calor más abrasivo.
Zama se une a la ciénaga por la melodía de insectos y la agitación del agua en la costa del rio. Lugar que nos presenta a Don Diego de Zama contemplando la orilla, mirando a su alrededor y haciendo absolutamente nada, esperando algo como lo indica Di Benedetto en la dedicatoria de su novela “A las víctimas de la espera”. Zama, si bien es claramente una víctima de la espera, tambien es víctima de sus deseos y sus acciones. Siendo catalogado como “Miron” por un grupo de mujeres que se bañaban en barro, a quienes Zama observaba desde un montículo de tierra para luego ser descubierto y perseguido por una de ellas a quien abofetearía imponiendo autoridad.
Este primer conflicto es una representación bastante fiel de las primeras páginas de la novela, la cual está narrada en primera persona por nuestro personaje principal. Exponiendo sus pensamientos y perspectivas. He aquí el talento y pericia de Lucrecia Martel para trasladar, lenguaje cinematográfico mediante, una obra compleja desde el plano escrito, ya que no solo es compleja la novela sino tambien la construcción de los personajes con los cuales es muy difícil conectar en términos emocionales.
En la adaptación cinematográfica, Don Diego de Zama, Interpretado magistralmente por Daniel Giménez Cacho, es un personaje antipático, cansado, malhumorado y melancólico, quien se encuentra esperando una carta del Rey que lo habilite a retornar a Argentina en donde permanece su esposa y sus hijos. A medida que transcurre la trama, múltiples personajes van transitando e impactan de una forma u otra en la vida del letrado. Lucrecia Martel al tomar la novela homónima de Di Benedetto realiza un recorrido por algunos hechos puntuales tomando durante la mayor parte de la primera hora basada su relación con Luciana Piñares de Luenga (Lola dueñas) y su auxiliar Ventura Prieto (Juan Minujin).
Luciana es la esposa del ministro de hacienda y se presenta como objeto de deseo para Zama. Deseo que será representado por Martel mediante conversaciones sugerentes y miradas cómplices. En la novela, los momentos relatados por Diego y sus interacciones con Luciana son más explícitos y frecuentes, pero Lucrecia Martel, con la maestría que la caracteriza, minimiza los diálogos y limita los encuentros de manera que nosotros como espectadores comprendamos que hay algo que tambien se nos presenta en pantalla sin necesitar una sobre explicación de lo que está aconteciendo entre planos, ya que esta más que claro que al que más le afecta ese acercamiento es a Zama, quien tiene como uno de sus objetivos poseerla pero esto quedaría asemejado solamente en un sueño utópico.
Con Ventura Prieto la relación es distante, los diálogos están cargados de tensión, ya que los intercambios de opiniones ponen de manifiesto las diferencias culturales que los separan. Ventura Prieto está muy seguro de sí mismo y parece controlar de una manera más solida su actitud mientras que Zama está constantemente a la defensiva y su malestar se refleja en su aspecto físico, aspecto que ira deteriorándose a medida que la espera se siga dilatando.
Tanto en la novela como en la película una pelea separa sus caminos y es Ventura Prieto quien consigue algo accidentalmente que Zama quería. Que lo saquen del lugar en donde estaba estancado. Los personajes van y vienen, el tiempo pasa y Zama continua en el mismo lugar, sumiso a las órdenes de los gobernadores que van transitando y a la espera de algo que puede no llegar nunca. La cuestión es, que se hace en el mientras tanto, como lidiar con el tedio, el calor y lo que su propio cuerpo le pide.
Antonio Di Benedetto segmenta la obra literaria en tres ejes temporales 1790, 1794 y 1799. Lucrecia Martel no distingue los años, sino que el paso del tiempo se ve reflejado en el desgaste físico y psicológico del protagonista, incluso en la indumentaria y su forma de hablar. Justo cuanto más harto parece estar, mas es requerida su capacidad de reacción en un momento en el que la película se transforma en una especie de western. Situacion en que los hombres blancos son cazados por los indios y con Diego de Zama totalmente derrotado por un enemigo que se encontraba a su lado. curiosamente, el criminal que Zama debía atrapar para conseguir su ansiado retorno a casa.
Su final se asemeja bastante con el de William Blake, aquel contador transformado en forajido quien es interpretado por Johnny Depp en Hombre muerto (Dead Man, 1995) de Jim Jarmusch. Una película que comparte varios aspectos con la realización de Lucrecia Martel. El hombre a la deriva de la naturaleza con un destino incierto que es sobrepasado por las consecuencias de sus acciones. Incluso, los finales de ambas películas son casi exactos, dos antihéroes reposando en una precaria canoa, siendo alejados de este mundo.


