
Un monstruo familiar Por Martin Vivas

“La gente me asusta
y el monstruo soy yo”
(Pez, Rompo tu piel de asno, 1994)
En los años cincuenta, el género sci-fi adquirió autonomía en los Estados Unidos, con una industria que se encontraba a su disposición, siendo pionera en la producción de este tipo de films y creciendo categóricamente la cantidad de rodajes en el corto plazo. La mayoría de estas películas encontraron un terreno fértil en el ideario macartista, propio de la época, que nutrió la histeria anticomunista y la paranoia sobre el espionaje soviético.
Entre estos largometrajes podemos mencionar a Invasores de Marte (Invaders from Mars, 1953) de William Cameron Menzies y La invasión de los Ladrones de Cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956) de Don Siegel. En aquellos se destaca la violencia del invasor, su frialdad y vileza, la posesión de los cuerpos humanos, condiciones que ameritan la aniquilación del enemigo por parte de la humanidad sojuzgada. Y sobre todo el desfile de seres monstruosos en sintonía con la abyección que revela su despreciable accionar.
No obstante ello, otros cineastas intentaron dar una versión distinta del tema. Tal el ejemplo de El Día que Paralizaron La Tierra (The Day The Earth Stood Still, 1951) de Robert Wise, que contiene un claro mensaje pacifista. En esta línea también se encuentra Vinieron del Espacio Exterior (It Came from Outer Space, 1953) de Jack Arnold. Es pertinente resaltar que la misma se encuentra inspirada en un cuento de Ray Bradbury, escritor que ha sabido presentar otra cara del alienígena, aproximándolo a la existencia propiamente humana.
Arnold es conocido por haber dirigido varias películas que tienen entre sus personajes a uno o varios engendros. Podemos destacar El monstruo de la laguna negra (Creature from the Black Lagoon, 1954), ¡Tarántula! (1955) y El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man, 1957). En ésta última los animales domésticos o simples bichos de jardín se convierten en fenómenos ante el encogimiento del personaje principal, que debe enfrentarlos o huir ante el peligro.
En Vinieron del espacio exterior el monstruo llega por accidente a la Tierra. Una avería en la nave no le deja mas alternativa que el aterrizaje forzado en nuestro planeta, envuelto en una bola de fuego que viaja directamente hacia el espectador, como el tren de los Lumière. El extraterrestre nos es presentado inmediatamente, lo que sugiere que su apariencia amorfa no es el tema central del film; existe en este mundo y eso sólo basta para introducir otras cuestiones.
Sin embargo, no podemos dejar de detallar la composición física del ciclópeo monstruo: un enorme cráneo con mucho pelo a su alrededor y un gran ojo en el centro de su rostro. El engendro, al andar, deja a su paso una especie de brillo. Por momentos la bestia se mantiene oculta, no se expone, solamente escuchamos su tétrica voz, ello con el fin de evitar el contacto y el temor que genera el encuentro ante lo distinto.
Pero esto no constituye un obstáculo para el astrónomo John Putnam, que le brinda ayuda desinteresada al forastero. Otro grupo de personas pretenderán la aniquilación de lo desconocido, el miedo que genera la aparición del otro ininteligible provoca la violencia en aquellos, su tranquilidad solo puede llegar tras la extinción del monstruo, en clara alusión al modelo dramático y arquetípico del Frankenstein de Mary Shelley.
Ahora, existen dos tipos de movimientos, por un lado, aquello que nos es familiar y se vuelve monstruoso, y por otro aquello que nos resulta grotesco y se torna conocido y habitual. En la película se verifican ambos flujos. Observamos algunos ciudadanos que son clonados con el fin de servir al extraterrestre. Estos doppelgängers se ven exactamente como sus matrices, pero tienen la mirada perdida y un andar muy peculiar, lo que nos sugiere la idea de automatismo.
Por otra parte, tanto el Dr. Putman, como los espectadores, logramos acostumbrar, a medida que avanza la película, nuestra mirada al aspecto y convicciones del engendro. La primera reacción del científico ante el aspecto del alienígena es cubrirse el rostro. Pero es una reacción instintiva, que puede ser deconstruida si se tiene voluntad. A ello colabora la brillante idea de la visión subjetiva del monstruo: observamos lo que él ve, nos coloca en su lugar. Así, comprendemos que este efecto tipo filtro no es meramente una cuestión técnica.
Vinieron del espacio exterior contiene un mensaje evidentemente conciliador. Apunta a la cooperación con el otro, quien merece ser escuchado y atendido en sus necesidades. Y a su vez, revela que los prejuicios llevan generalmente a decisiones equivocadas, que es necesario ponerse en el lugar del otro, empatizar. Arnold nos presenta un monstruo a contramano del cine de la época que lo emparenta más al personaje de El hombre elefante (The Elephant Man, 1980) de David Lynch.
La palabra monstruo deriva del latín mostrare. Esto es, la mostración de lo que se encuentra reprimido y oculto en el ser humano, aquello que se pretende esconder pero que a pesar de todos los esfuerzos surge a la luz. Ello testimonia la ineluctabilidad de la aparición quimérica y de su encuentro con el héroe, que en muchas oportunidades deberá espejarse para finalmente comprender que aquel que tiene en frente no es mas que uno mismo, o al menos una parte de aquél, de ahí su familiaridad.


