
La aldea: A lo único que debemos temer es al miedo mismo Por Tamara Rey

Si bien no genera los mismos escalofríos La aldea (The Village, 2004) no se asienta en el olvido sino todo lo contrario, asimismo El orfanato (2007), Los otros (The Others, 2001), El proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999) o Sexto sentido (The Sixth Sense,1999) dejaron sus huellas de asombro en los ojos de los espectadores por los giros inesperadamente aterradores.
Se sostiene en el tiempo la idea de lo no real como monstruoso, eso otro u ese otro que no vemos o vemos de forma distorsionada siempre consigue ser una abrumadora amenaza. En La aldea, Walker (William Hurt) de espaldas a la cámara y frente a la mirada de sus alumnos de primaria pregunta quién es el culpable de que haya aparecido un coyote muerto y una de las niñas responde: «Aquellos de quienes no hablamos lo mataron.»
Los pueblos son lugares perversos donde vive gente perversa. Se esconden secretos, se inventan historias y más cruel aun es hacer que el otro también lo crea. En ésta historia los viejos aldeanos se funden en un exilio para preservar la inocencia, la esperanza y la justicia. Es una tregua tramada por ellos mismos: vivir encerrados en el valle y no regresar a los pueblos jamás. Si rompen sus propias reglas y se atreven a cruzar esa delgada línea entre el valle y el bosque serán acechados y asesinados por unas criaturas antropomórficas encapuchadas y vestidas de rojo. Los aldeanos se acobijan de amarillo para protegerse, aunque a algunos de ellos les genera adrenalina ese misterio y juegan sobre esa línea a pararse de espaldas al bosque y esperar cuánto aguantan sin asustarse, invitando al mismo juego a quien se sienta en la butaca frente a la pantalla.
Ivy (Bryce Dallas Howard) y Hunt (Joaquin Phoenix) están enamorados, ella es la única que no puede ver y arriesga su vida para salvarlo y quien expresa al principio «A veces no hacemos las cosas para que no sepan que queremos hacerlas». Reprimir el deseo, prensar los sentimientos, ocultar los traumas, el dolor.
Walker, el padre de Ivy, confiesa a su hija antes de ella cruzar la frontera para ir al pueblo en busca de medicamentos de que no esté atemorizada porque las criaturas no son reales: “somos nosotros mismos, es toda una farsa.»
Una composición impecable
Es monstruosa la banda sonora de James Newton Howard, creando esa atmósfera de suspenso desde los títulos, así como la escenografía y vestuario creando y ambientando un pequeño y aislado pueblo de Pensilvania a fines del s.XIX, luego de la Guerra Civil y antes de la industrialización. La fotografía del británico Roger Deakins, los colores, la tonalidad, la perspectiva de cada plano sugestionando sensaciones. Ver al unísono increíbles y reconocidos actores y la fuerza en el cuerpo y la mirada de la joven Bryce Dallas Howard al estilo de la actriz australo-polaca Mia Wasikowska, completa la obra.
El pueblo que se ve en la película se construyó en su totalidad en un campo a las afueras de Chadds Ford, Pensilvania. Un campo adyacente albergaba un estudio de sonido temporal. El rodaje principal finalizó a mediados de diciembre de ese año. En abril y mayo de 2004, varios de los actores principales fueron llamados de vuelta al set. Los informes señalaron que esto parecía tener algo que ver con un cambio en el final de la película y, de hecho, el final de la película difiere del final en una versión robada del guión que apareció un año antes; en la versión original, la película termina después de que Ivy trepa el muro y se revela a la audiencia que la película tiene lugar en la actualidad.
Un relato con un final extraordinario
El bosque es en realidad la Reserva de Vida Silvestre Walker, comprada con la fortuna de la familia Walker. El guardabosques es quien devela que Walker le paga al gobierno para mantener toda la reserva debajo de una zona de exclusión aérea y que ninguna fuerza externa interrumpa allí.
En el final, Ivy mata a una criatura para defenderse. pero sin saber debajo de ese disfráz se escondía Noah (Adrien Brody). Walker delante de sus cómplices adultos, entre ellos la madre de Noah, dice va a tapar lo sucedido explicando lo mataron las criaturas y finaliza diciendo: «Tu hijo ha hecho nuestras historias reales.»
No podemos ignorar el miedo, sean las criaturas del bosque o, en nuestra sociedad moderna, la incertidumbre sobre la seguridad. “A lo único que debemos temer es al miedo mismo”, dijo Franklin D. Roosevelt.
En tiempos de crisis, la comunidad puede ser lo que nos ayude a sobrevivir al miedo. Dice el productor Sam Mercer: «La aldea no es muy diferente de los vecindarios de hoy. Cuando el miedo comienza a amenazarnos y se apodera de nosotros, la gente acude la una a la otra para ayudarse. Lo que se construye con fuerza es el sentido de comunidad”.


