
Hombres con mujeres Por Ariana Retamar

Drive My Car (2021) es la novena película del director japonés Ryūsuke Hamaguchi, la misma está basada en el cuento corto homónimo del escritor Haruki Murakami, parte del libro “Hombres sin mujeres”.
Yūsuke Kafuku es un actor y director de teatro que se enfrenta a distintos problemas matrimoniales. Un radical cambio en su vida amorosa y su nuevo proyecto laboral lo hacen enfrentarse a fantasmas del pasado y empezar a replantearse quién es el realmente.
Como explica Ryūsuke, al tratarse de una historia corta, como director y coescritor de la película puede tomarse diferentes licencias de adaptación. Mientras que algunos autores tienen que definir qué abreviar o cómo sintetizar algunas historias o personajes, Hamaguchi y Oe podían explorar y expandir las historias de cada personaje y, obviamente, incorporar nuevos que se interrelacionaran con las narrativas ampliadas. En esta interpretación cinematográfica de la historia, se le permite al espectador conocer mucho más de cada personaje.
En el libro, para cuando Kafuku conoce a Watari, su esposa, Oto, ya había fallecido de una muerte muy lenta y dolorosa. De Watari se revela su historia poco a poco; sin embargo, en la película, se profundiza en su pasado, en qué la convirtió en la persona reservada y experta en manejo que acompaña al actor durante su nueva etapa.
Esta diferencia, sin dudas, hace más interesante a la película por dos razones. La primera es evidente: se puede conocer más a dos personajes muy importantes para el protagonista. La segunda, tal vez exclusiva para los lectores de Murakami, es que al autor se le suele criticar su representación de personajes femeninos en los relatos. Hay críticos —e incluso fieles lectores de sus obras— que lo acusan de dibujar a la mayoría de las mujeres como manic pixie dream girls. La esencia de los personajes femeninos se mantiene, para bien y para mal. Por ejemplo, cuando Kafuku y Takatsuki hablan de que la fallecida Oto solo podía idear historias estando al borde del orgasmo, parece una línea creada para la mirada masculina que no estaba en el escrito original. Sin embargo, Watari mantiene el misterio que la caracteriza en la obra literaria, mientras que se le agregan más capas de profundidad. Se le permite al espectador conocer poco a poco de su pasado y qué la convirtió en la persona que es hoy.
Fue un acierto haber prescindido de los primeros seis párrafos de la historia, en la que el personaje interpretado por Hidetoshi Nishijima realiza un soliloquio sobre cómo las mujeres manejan de forma intrínsecamente distinta a los hombres, siempre más tensas. Pero, como dije anteriormente, el director sabe conservar lo importante de cada personaje y reduce esa página a un simple diálogo de dos líneas entre el actor y su futura chófer.
Afortunadamente para el espectador, las mujeres de las historias no fueron las únicas beneficiadas en la interpretación audiovisual. En la película, Yūsuke es más humano; en la obra literaria habla de adquirir personalidades para obtener lo que quiere o necesita de las personas, como si se tratara de una prenda de ropa de la que puede vestirse y deshacerse para volver a su estado anterior. Aunque claro, como afirma Heráclito, es imposible bañarse dos veces en el mismo río: la máscara que viste para sacarle información a Kōji Takatsuki sobre la aventura que tuvo con su ahora fallecida esposa lo afecta y lo cambia, aunque “vuelva a ser él”. Lo nuevo que aprende, lo que continúa desconociendo, lo convierte en una persona diferente a la que era luego de vestir su disfraz. En el largometraje, en cambio, el actor está más preocupado por encontrar su verdadero yo, quien está detrás de todas las fachadas que ponemos en el día a día.
No es una novedad que el guion de Drive My Car haya sido bien recibido: finalizó la ceremonia de Cannes llevándose el galardón de Mejor Guion Adaptado. Desde el punto de vista de la fotografía de la película, también logró traducir lo aislados que estaban los personajes, principalmente en los largos viajes en el auto. Los paisajes japoneses forman parte de más de un 90% de las composiciones en los planos generales, dejando al auto rojo como protagonista de los planos. Esto logra enfatizar la idea de lo aislados que están estos dos personajes, en la burbuja que los contiene mientras viajan.
Es hora de abordar al elefante en la habitación: ¿Por qué el director decidió cambiar el icónico color del auto amarillo a rojo? El director fue cuestionado al respecto y la respuesta es menos interesante de lo esperado. El cambio de color fue provocado, justamente, por el paisaje de Japón. Hamaguchi, junto con el director de fotografía, temían que el tono amarillo del Saab 900 pasara desapercibido frente a los colores naturales de los paisajes de Hiroshima, Tokio y Hokkaido.
Sin dudas, adaptar libros a películas no es una práctica que resulte fácil, ya que siempre se someten a la inminente comparación de los lectores. Tampoco es nueva ni, mucho menos, llamativa. Pero sí es atractivo escuchar que en tiempos donde se publicitan películas bajo títulos que cierran sus premisas con palabras como “¡Y solo dura 90 minutos!”, decidieron realizar una película de casi tres horas de una historia corta de menos de 50 páginas.



