
La máscara de la Muerte Roja: Corman se viste de rojo Por Martín Vivas

Si hablamos de casos de trasposición literaria al cine no podemos eludir el del escritor estadounidense Edgar Allan Poe (1809-1849). En su obra se destacan algunos ensayos y poemas, además de una novela y varios cuentos. Una vasta cantidad de estos últimos fueron adaptados a la pantalla grande como el caso de los largometrajes El doble asesinato de la Calle Morgue (Murders in the Rue Morgue, 1971) de Gordon Hessler o La Casa Usher (The House of Usher, 2006) de Hayley Cloake, entre otros.
A su vez, el universo creado por Poe inspiró una cantidad de cortos y films experimentales. Se destaca la antología dirigida por el tridente Roger Vadim, Louis Malle y Federico Fellini, titulada Historias extraordinarias (Histoires Extraordinaires, 1968). Otro cineasta ampliamente reconocido, el español Luis Buñuel, trabajó en el guion de la película muda La caída de la Casa Usher (La Chute de la Maison Usher, 1928) de Jean Epstein. Finalmente, es innegable la influencia del escritor en cintas como Ecos mortales (Stir of Echoes, 1999) de David Koepp o Los crímenes de la Academia (The Pale Blue Eye, 2022) de Scott Cooper, que incluye en la historia al mismísimo Edgar Allan Poe como personaje.
Sin embargo, la conexión más fecunda fue la que sostuvo el director y productor estadounidense Roger Corman (1926-2024) con la obra de Poe, y que diera lugar, durante los años sesenta, al siguiente repertorio: La caída de la Casa Usher (House of Usher, 1960), El péndulo de la muerte (The Pit and the Pendulum, 1961), El entierro prematuro (The Premature Burial, 1962), Historias de Terror (Tales of Terror, 1962), El cuervo (The Raven, 1963), El palacio encantado (The Haunted Palace, 1963), La máscara de la Muerte Roja (The Masque of the Red Death, 1964) y La tumba de Ligeia (The Tomb of Ligeia, 1964), muchas de ellas protagonizadas por el actor Vincent Price (1911-1993).
En esta colección se destaca La máscara de la Muerte Roja, basada en el breve cuento homónimo del año 1842. No obstante este laconismo, Corman y los coguionistas del proyecto, Charles Beaumont y R. Wright Campbell, supieron expandir el relato en todo sentido. Aquí radica una primera y capital diferencia: el cuento nace del genio creativo de una única persona (el escritor), mientras que en el film intervienen varias figuras, algunas de mayor o menor importancia, pero cuya actividad afecta la obra de manera radical.
A esta altura es menester reconocer que en este trasmutar de la obra literaria en largometraje existen ciertas licencias que el autor (o autores) está obligado a tomarse, ya que es evidente que no puede efectuarse una mudanza lineal y directa. Hay una clara tensión entre los códigos artísticos de ambas obras, lo que va a dar lugar a una nueva economía de los elementos propios del producto; algunos quedarán en el camino, otros se sumarán amalgamándose a los originales y, en último lugar, algunos serán reemplazados, manteniendo su esencia en el mejor de los casos.
La ausencia de diálogos y la breve introducción a los sucesos principales constatados en el cuento permitieron a Corman y compañía otorgar un marco mejor cargado, brindando especificidades para apuntalar a los personajes. Vincent Price interpreta al príncipe Próspero, que se encierra en su castillo junto a la aristocracia para evitar el zarpazo de la mortal plaga, dándole la espalda a su pueblo. Pero antes lo vemos llegar a las casas en su carroza, para evidenciar en todo su esplendor la crueldad con la que actúa, castigando con la muerte a un par de aldeanos y ordenando la incineración de la villa ante la certidumbre de la epidemia.
El detalle que realiza Poe de la parte del castillo donde se desarrolla el baile de disfraces (en el film se da hacia el final) es exhaustivo. Siete son los salones que menciona, cada uno decorado con un color distinto, que bien podrían representar las diversas etapas de la vida, resultando negra la última por su significado tanático. Ahora, es sabido que Corman, al contar generalmente con un bajo presupuesto para sus producciones, poseía una gran habilidad para explotar decorados y elementos que habían sido utilizados en otras películas. Para La máscara de la Muerte Roja recicló escenografía de otros films históricos ingleses. Así, de las siete quedaron tan sólo cuatro salitas.
En el cuento se la da una importancia sustancial al reloj gigante de ébano, alojado en la recámara negra de ventanas rojo sangre. Cumple su rol como un símbolo de la finitud de la vida humana y la ineluctabilidad de la muerte. Al sonar el mismo, los corazones de los danzarines se detienen por un momento. Se les enrostra como un recordatorio del paso del tiempo, el cual no puede ser frenado siquiera por las murallas del castillo. Nuevamente Corman dispone del cuento a su gusto, restándole el peso que el reloj tenía en la obra literaria, exhibiéndolo poco más que como parte del decorado.
Es indudable que Poe practica una crítica a la nobleza y su poder. Pero Corman realiza una hiperbolización de la temática. Exhibe a un príncipe tirano, arrogante y adorador de Satán, dios de la dolorosa verdad. Próspero aparece en sintonía con los sucesos de los años sesenta, principalmente en los Estados Unidos y Europa, época en la que tomaron fuerza el satanismo y el ocultismo, en clara oposición a la moral cristiana tradicional. El personaje interpretado por Price se inscribe en este ámbito. Pero también sus invitados son pervertidos, pestilentes y veneran el mal.
En la obra de Poe, la aparición de la Muerte Roja, encarnada como personaje, provoca sorpresa y desaprobación del resto. El baile se detiene y, tras morir Próspero, cae el resto de los libertinos. Corman aprovecha el concepto de la danza en otro sentido. Es la propia Muerte Roja la que formula una nueva coreografía macabra, la que se ha transformado en ícono del cine de terror, junto a la realizada por Polanski en Los intrépidos asesinos de vampiros (The Fearless Vampire Killers, 1967). Los bailarines se sumergen en un trance colectivo, propio de la locura mística que ya había desarrollado Julio Cortázar en “Las Ménades” (1956).
El director se toma otras licencias que permiten extender la historia en esta traslación inter semiótica. Así la Muerte Roja es uno de los primeros personajes que aparecen en el film, cuando en el cuento aparece en el desenlace. Incluso Corman imagina el encuentro de aquella con otras calamidades que visten túnicas de otros colores. Pero la idea de que la Muerte Roja no sea otra que el doppelgänger de Próspero le agrega una lectura psicoanalítica a la película, resultando la plaga tan solo una proyección del inconsciente del príncipe, de lo reprimido en él, convirtiéndose en su propio verdugo.
A su vez, la historia en el largometraje transcurre en pocos días, cuando Poe habla de meses. E incluye nuevos personajes, le pone nombre y cara a la multitud anónima que refiere el escritor. Suma figuras femeninas como Juliana, la amante de Próspero y también devota de Satán, y Francesca, la joven campesina, que se constituye en la antítesis del príncipe debido a su ingenuidad y fe en Cristo.
Asimismo, hay un personaje que por momentos es hasta más despótico y repugnante que Próspero. Nos referimos a Alfredo, cortesano cruel, cuya vil acción sobre la bailarina enana Esmeralda, desencadena el ánimo vengativo del bufón Hop Toad. En realidad, ésta determinada parte de la historia corresponde a otro cuento de Poe intitulado “Hop Frog” (1849). Así, Corman aprovecha que ambos relatos tienen cierta afinidad, ya que el uno y el otro comparten soberanos y cortesanos sádicos más fiestas o bailes de máscaras, y los funde en una única narración.
Resta analizar el complejo tema de la fidelidad. Un film puede ser más o menos fiel a la obra original. Esto dependerá de la capacidad e intenciones del autor que deba adaptarla. Ya hemos dicho que es imposible cumplir en su totalidad con una transposición inter artística. Entonces sería más indicado valorarla desde la óptica de la fidelidad temática, antes que de la fidelidad narrativa. Para el caso, resultaría de apreciar en la cinta de Corman si se ha logrado capturar el espíritu del cuento de Poe, es decir, si el director ha resultado hábil para mudar las ideas esenciales al nuevo medio.
La respuesta a dicho interrogante se encuentra manifiesta en los argumentos que esbozamos, ya que Corman no sólo ha respetado en lo esencial la obra del escritor, sino que ha ensanchado su universo, creando algo distinto pero que en sustancia se asemejan. Veremos hacia donde nos lleva la nueva transposición del texto de Poe, proyecto producido por A24, escrito y dirigido por Charlie Polinger, y protagonizado por Mikey Madison. Según algunos detalles que se conocieron de la película, la misma resultaría una versión revisionista, salvaje y con toques de comedia negra. La actriz representaría a dos gemelas, cuyas sendas historias de vida las han llevado a vivir en distintas clases sociales. Su fatal encuentro repercutirá en tensiones entre los diversos grupos, lo que permitirá el avance de la Muerte Roja.



