
“Al calor de las armas” Fuego contra fuego (Heat, 1995) Por Elen Helen

Allá por la mitad de la década del noventa o más hacia el final también el plan ideal para un fin de semana de invierno en cualquier casa del conurbano era alquilar una película en el videoclub y disfrutar del cine en casa.
Fue en este contexto de pochoclos y chocolates que vi por primera vez Fuego Contra fuego (Heat, 1995) película de acción dirigida por Michael Mann. La propuesta a priori no era mi favorita (mi genero favorito es el de terror), pero ver en escena a dos gigantes de la actuación era un gran atractivo y una más que interesante velada que estaba por suceder.
En la primera escena el film nos introduce en la ciudad, en la oscuridad de la noche, la cual acompaña toda la película. Una ciudad de Los Ángeles, que es protagonista de manera preponderante. Un sociedad postindustral inmersa en un periodo en el cual el triunfo de las ideas neoliberales, la ansiedad por el surgimiento de las nuevas tecnologías y la desigualdad social hacen el caldo de cultivo propicio para el surgimiento de películas de este tenor, no es casualidad que Fuego contra fuego se estrene un año después de Tiempos violentos (Pulp Fiction, 1994) de Quentin Tarantino.
Personajes oscuros, desesperanzados, una sociedad en la que no se avizora futuro alguno, familias en descomposición, desintegración social y la soledad que habita en las calles, que tiene su máximo nivel de desamparo en el intento de suicidio del personaje de Lauren, la adolescente hijastra del detective, interpretado por una joven Natali Portman.
El espesor dramático de la película no está puesto en la acción, que si la tiene y mucha, muchos choques , muchos tiros, si no en la confrontación en este juego de espejos entre el detective obsesionado y el metódico ladrón que hasta por momentos parecen ser el mismo personaje, Vincent Hanna interpretado por Al Pacino y el de Neil Mccauley interpretado por Robert de Niro. Brillantes actuaciones de ambos actores en el esplendor de sus carreras
La épica de gángsters recorre la película desde su vestuario, lenguaje, manera de moverse y se ve absolutamente reforzado en la escena del restaurante donde cual reunión familiar, uno de los integrantes de la banda, Michael Cheritto (Tom Sizemore) e propone matrimonio a su novia rodeada de sus hijos, al mejor estilo de El padrino (The Godfather, 1972) de Francis Ford Coppola sellan su estirpe.
Una época en la que se destaca por la proliferación de películas y series de conspiración, en un contexto político signado por una guerra aséptica, sospechamos más de lo que vemos. Angustia que no puede ser decodificada y es lo que vemos en el film.
Carreteras, autopistas, rutas y estaciones de tren, medios de comunicación y de transporte que solo transportan al vacío existencial. La ciudad se ha convertido en un lugar de paso, de tránsito, nunca de apropiación mucho menos de identificación. Se puede relacionar estas ideas con lo planteado por el antropólogo francés Marc Augé, quien en 1992 definió el concepto “la ciudad como no lugar “, allí dice: «En el no lugar los individuos evitan someterse al desenmascaramiento de su identidad”. Estas ideas cristalizan una década y convierten a Fuego contra fuego en uno de los films que mayor logro captar la impronta del decenio.
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