“Vos me arruinaste así que te voy a arruinar”: Lee Eun-shim y una villana monumental Por Lucas Ibañez

Originaria de Nagoya (prefectura de Aichi, Japón) la actriz Oksun Seo nació un 2 de enero de 1935. Se la conoce mejor por su nombre artístico (en coreano): Lee Eun-shim.
Hay poca información disponible sobre su carrera y menos aún sobre su vida privada. Al buscar su nombre y apellido en Google los resultados son escasos, la información poco clara y las fuentes dudosas. Los diferentes sitios web coinciden en que participó en 4 películas (todas coreanas) entre 1959 y 1962.
En 1959 debutó en King Gojong and Martyr An Jung-Geun, dirigida por Jeon Chang-Geun (otro actor). Luego, en 1960, alcanza la fama al interpretar a uno de los personajes femeninos más impactantes de la historia del cine coreano en The Housemaid de Kim Ki-young. Por esta película obtiene el Premio a Mejor Actriz Novel en la 1ª edición de los Korean Best Film Awards, organizados por el Ministerio de Información y Comunicación en 1960. En 1982, emigra a Brasil con el director Lee Seong-gu, su marido en ese entonces. En 2015, es invitada al 20° Festival Internacional de Cine de Busán y en una entrevista con los medios durante su visita a Japón (luego de más de 33 años sin pisar suelo nipón) explica que se retiró porque sintió que “no tenía talento para la actuación”.
Su fama se consolidó con The housemaid en donde interpreta a Myung-sook, una joven que trabaja en una fábrica y comienza a desempeñarse como criada en el hogar de una familia. Más pronto que tarde desarrolla una obsesión por Dong-sik Kim (padre de dos niños) sin importar la presencia de su esposa y se establece un triángulo amoroso que irá de mal en peor. La criada detecta fácilmente el punto débil del señor Kim y no tiene reparos en amenazar tanto a él como a su “amiga” Kyung-hee Cho (interpretada por Aeng-ran Eom) responsable de conseguirle el trabajo como empleada doméstica. Tal es su fuerza para imponerse que, más allá de ser una villana sin ambigüedades y con una agenda poco noble, su invasión en el hogar es progresiva y desprovista de una antagonista que pueda mínimamente frenar su avanzada.
Lee Eun-shim comenta que el director Kim Ki-young guiaba su actuación de manera distinta a otros cineastas:
«Él me mostraba exactamente lo que quería que hiciera y luego me dejaba imitar lo que veía, mientras que otros directores esperaban que yo creara mi propia interpretación después de leer el guion», explicó. Debido a su poca experiencia en el cine, es probable que las indicaciones recibidas le hayan permitido construir un personaje tan sólido, fuerte e intenso que logra imponer su propia órbita sin necesidad de que haya, por ejemplo, un héroe o una heroína que genere un contrapeso. Su presentación en la película (encerrada y fumando a escondidas en el trabajo) denota el carácter transgresor que adquiere y se refuerza a través de cada uno de sus actos. Es importante destacar que, en Corea en esa época, no era habitual que las mujeres fumaran y tampoco era valorado positivamente. “Mis compañeras me enseñaron a fumar para poder darme ordenes a cambio de cigarrillos” le cuenta a su patrón. De hecho, la señorita Cho también recalca esto: “tiene un mal hábito: fuma”. Myung-sook escandaliza con poco y subvierte la dinámica familiar, algo que se vislumbra a través de numerosos presagios (mérito del director y guionista Kim Ki-young). El despliegue de Lee Eun-shim es físicamente melodramático, intenso (como su personaje bien lo requiere) y con pocos, pero bien seleccionados primeros planos que acentúan el temperamento del personaje en momentos de máxima tensión.
La construcción del personaje está sostenida- al principio- a partir del contraste con Kyung-hee Cho: una chica simpática, amable y prolija en su apariencia. Se gana el cariño de la familia inmediatamente con regalos y golosinas. De ella hablan bien y hasta incluso sonríen al mencionarla. Por el contrario, Myung-sook es poco conversadora, examina constantemente con su mirada y su presencia genera incomodidad en toda la familia. Sin embargo, a medida que avanza la trama y la criada conquista terreno, se independiza de la señorita Cho rápidamente y adquiere una dimensión gigante y crucial en el desarrollo de la historia. Incluso sus intenciones y el modo de vincularse con el resto constituyen una fuerza centrífuga de tal grado que, todo aquel que se acerque (o que no se aleje de ella) saldrá gravemente herido.
Ni siquiera la ética y la moral logran poner un freno en Myung-sook quien, casi como el protagonista de Sólo contra todos (Seul contre tous, 1998), llegará hasta las últimas consecuencias sin miramiento alguno por las otras personas a su alrededor. The Housemaid es la primera película en la que se abordó de manera significativa el motivo recurrente del cine coreano de los años 60 y 70: «mujeres de clase baja que entran en una mansión burguesa moderna y alteran el sistema de orden establecido», de acuerdo a Wikipedia. Lo que sobresale de manera estrepitosa en este film es el punto de no retorno al que Myung-sook arriba. En su viaje arrastra hacia un destino trágico al resto de los personajes, sin redención alguna. Pura venganza, locura y muerte.
