
El motoarrebatador: Nadie se salva solo Por Matías Carricart

Una mujer ingresa a un cajero automático. Dos hombres en una moto están estacionados y la esperan. Cuando sale, le roban la cartera, pero, dado que ella se resiste, la arrastran unos metros por el piso. Así comienza El motoarrebatador (2018), la primera película en solitario de Agustín Toscano, co-director de Los dueños (2014) junto a Ezequiel Radusky, y que está situada (y filmada íntegramente) en San Miguel de Tucumán. Toscano elige desde el inicio el punto de vista de quien llevará adelante la película: un primer plano del conductor de la moto da paso a uno de la puerta de vidrio del banco donde, a través del reflejo, se ve tanto a la mujer como a los ladrones.
Quien maneja la moto es Miguel (Sergio Prina), un hombre de vida difícil: tiene un hijo y está separado de la madre, a pesar de su deseo de volver con ella. Su padre rechaza su actividad delictiva. No tiene un lugar fijo para dormir. Solo su socio, el Colorado (Daniel Elías) lo alienta a seguir con esa forma de vida, más como un cómplice necesario que como un amigo. En este contexto prrecario ocurre el robo que lo marca. Miguel siente que llegó a un límite, ya que ese robo estuvo a punto de convertirse en un asesinato. “¿Por mil pesos vamos a dejar tirada a una señora?” le dice al Colorado. La conciencia de Miguel pesa más y por eso sale a buscar a la mujer por los hospitales.
La mujer es Elena (Liliana Juárez), que debe permanecer internada durante un tiempo. Se reencuentra con Miguel, pero él tiene un punto a favor: el accidente le provocó amnesia y no tiene memoria reciente. Si Miguel quería acercarse a Elena como una oportunidad de redención, ahora tiene una herramienta que le da una ventaja. Él recuerda todo, mientras que ella no se acuerda de nada. Comienza a visitarla en el hospital e incluso ingresa a su casa. Su relato es que es un inquilino de ella. Claro que su versión es frágil y todo el tiempo está a punto de ser descubierto.
Sin embargo, la historia de ambos protagonistas no es ajeno a la realidad social. El director sitúa la película en 2013, cuando ocurrió una sedición policial que dejó a Tucumán sin las fuerzas de seguridad suficientes. Esto aparece en la película mediante imágenes reales de archivo. La ausencia de policía hace que nadie investigue el robo a Elena. Miguel no corre peligro de ser descubierto.
El motoarrebatador no es una típica película de ladrones. Toscano, también guionista del film, no muestra la vida de Miguel como un prólogo, sino que elige comenzar directamente con el hecho que marcará a ambos. La vida de Miguel es descubierta por el espectador a medida que transcurre la película. Algo similar ocurre con Elena, de una vida más misteriosa pero no del todo transparente. La relación entre ambos se va forjando a través de las risas y las emociones. “Sos un ángel” le dice Elena a Miguel, quizás haciendo de la ciudad de San Miguel -en esa situación caótica- una metáfora de la vida de su compañero.
La película no funciona como un juicio a Miguel, pues él demuestra constantemente su arrepentimiento. Su vínculo con Elena se la oculta a su familia (excepto a su hijo) e intenta que su socio entre en razón. Claro que, como nadie sabe que él fue el autor del robo, nadie lo puede perdonar. En una escena de un saqueo, nota que está siendo filmado y hasta se muestra entregado. Lo que roba de ahí es un regalo para sus afectos: un juguete para su hijo y una tostadora para Elena. El film le da una segunda oportunidad a Miguel, sin golpes bajos ni oportunismo.
Para terminar, El motoarrebatador resuelve la situación de Miguel. Su pasado de ladrón lo termina condenando a la cárcel. Sin embargo, el plano del final, nuevamente con un vidrio en el medio, lo muestra a Miguel recibiendo la visita de Elena y la sonrisa de ambos. Él terminó en preso, pero, ese vínculo que siempre pendió de un hilo por las mentiras de Miguel pero que, paradójicamente, nació de una búsqueda honesta, cobró sentido. Miguel se redimió y Elena lo perdonó. No es el público quién los juzgó, sino ellos mismos, que decidieron darse una nueva oportunidad.

