Freaks – La llegada
De Marías y Magdalenas
Por María Cabrera
Desde la antigüedad la religión ha sido esencial para el ser humano, proporcionando explicaciones a fenómenos científicos y orientación moral. Por ejemplo, los vikingos relacionaban el trueno con un dios y creían que el paraíso se alcanzaba muriendo en batalla, motivando su ímpetu guerrero. Las religiones abrahámicas —judaísmo, cristianismo e islam— han influido profundamente tanto en la espiritualidad como en las normas sociales, con Abraham como figura clave en sus creencias, más allá de ser un ancestro directo de la humanidad.
En la tradición judeocristiana, la percepción de la mujer oscila entre pecaminosa y maligna, y al mismo tiempo, idealizada como madre y virgen. Esta dualidad se refleja en la cultura popular y los estereotipos en el arte y el cine. La Biblia intensificó esta visión al enaltecer la maternidad y la función reproductiva femenina, probablemente para fomentar el crecimiento poblacional en tiempos antiguos, aunque estas características fueron eventualmente reguladas y controladas, representando a las vírgenes como puras y abnegadas, pero no sensuales.
A través de los libros sagrados, como guías de conducta diaria, se promovían prácticas como la prohibición de alimentos específicos por razones de salud y se vinculaba la castidad femenina con la paternidad certificada, dando lugar a conceptos duraderos. Entre ellos, la figura de la «Madonna», pura y abnegada, y la de la Magdalena, la mujer caída, como María Magdalena, que, aunque fue discípula destacada y líder; fue malinterpretada y estigmatizada como prostituta arrepentida, una visión que cambió con nuevas interpretaciones académicas y descubrimientos textuales en el siglo XX.
Así que hace aproximadamente 2000 años nos encontramos con tres conceptos que perduran al día de hoy. La “Madonna”, la virgen, la santa. Ella es pura, abnegada y debe sufrir por la humanidad; como la virgen María que más allá de un embarazo no deseado y de ser una mujer casada, es obligada a traer al mesías al mundo para que esta sufra por nuestros pecados y salve a la humanidad. La segunda es una pecadora, que incita a los hombres a la lujuria, por lo cual debe ser perdonada, sí, pero castigada por toda la eternidad, irónicamente masacrando su cuerpo, masacrado ya por el abuso.
Puede resultar muy difícil creer en algo que venga de un libro que un hombre escribió hace 2000 años sobre la historia de otro hombre, que más bien era un líder político y revolucionario. Menos aún en lo que posteriores interpretaciones de estos textos por otros hombres con intenciones materiales y políticas tiendan a decir sobre las mujeres. Pero queda claro que, en los primeros escritos, las mujeres eran vistas más parecidas a iguales, para luego caer en esta dicotomía de vírgenes y Magdalenas.
El tercer concepto presente desde las primeras escrituras es la otredad. Unos son el pueblo el elegido, los iluminados, los salvados; y el resto, pobres pecadores, siguen a falsos profetas. La contraposición de mujeres en roles de santas o corrompidas, junto con la distinción entre «nosotros» como iluminados y «ellos» como pecadores, ha influido en el pensamiento colectivo y cultural a lo largo de dos milenios en occidente, impactando el cine y otras artes, tal como se muestra en películas como Freaks (1932) y La llegada (Arrival, 2016).
Ellos
La historia de Freaks (que traducido al español sería «fenómenos») se centra en las maquinaciones de una femme fatale, la trapecista hegemónica Cleopatra (interpretada por Olga Baclanova), quien seduce y se casa con uno de los «fenómenos», el hombre pequeño Hans (Harry Earles), después de enterarse de que ha heredado una gran fortuna. Una vez que los otros artistas del espectáculo se enteran de su plan de envenenar a Hans con la ayuda de su amante, el forzudo del circo Hércules (Henry Victor), ejecutan una terrible venganza contra ambos, apuñalando al forzudo y mutilando de manera brutal a Cleopatra. Al final de la película en su versión original, se ve a Hércules cantando en falsete después de ser castrado, mientras que Cleopatra —ahora embreada y emplumada, sin lengua ni piernas, con las manos deformadas— se muestra cacareando y actuando en su nuevo papel como «mujer pollo». En versiones posteriores se eliminó la escena de la castración porque resultaba muy impresionante para los estándares de la época. Un hombre que solo se muestra cantando y se asume que sin su órgano sexual era demasiado. Pero una mujer mutilada más allá de lo imaginable, estaba bien, quedó.
La película explora la monstruosidad no solo física, sino moral, mostrando a los «fenómenos» de circo, tratados tradicionalmente como aberraciones, en su vida cotidiana y enfrentándose al rechazo social y a la explotación.
Freaks ha demostrado ser una obra maestra excepcional y difícil de clasificar, especialmente dado su origen en el Hollywood del sistema de estrellas. Contó con el respaldo de un gigante como Metro Goldwyn Mayer durante su producción y se rodó en sus estudios. Es una película completamente singular que selecciona como sus protagonistas a verdaderos “fenómenos de circo”, seres que nacieron con notables deformidades físicas. La genialidad de Tod Browning se manifiesta en su capacidad para retratar en el cine a individuos considerados menos que humanos, a menudo vistos como poco más que bestias y tachados de monstruos por la sociedad, a excepción de algunos como el notable Victor Hugo en sus obras empáticas y filosóficas como «Nôtre-Dame de Paris» y «El hombre que ríe». En su película, Browning los presenta no como atracciones de circo, sino en escenas de su vida diaria — charlando, comiendo, bebiendo, fumando y viviendo romances, como se ve en la escena de la mujer barbuda después de tener un hijo.
Browning los aborda como iguales, con respeto y sin ningún rastro de voyeurismo o morbosidad. A través de su dirección, exhibe una naturalidad y empatía hacia ellos, sin caer en el paternalismo y, a veces, incorporando un toque de humor sutil (como en el caso de las siamesas con sus novios, y el hermafrodita que interactúa de manera distinta con el forzudo según su género). La película no idealiza a estos personajes; retratados como marginados sociales, ellos desarrollan sus propios códigos de conducta, cruzando límites y, en ocasiones, recurriendo a medidas extremas de venganza contra aquellos que los desprecian y explotan.
A pesar de haber sido mutilada —un destino que marca a la película como maldita— los 64 minutos restantes de «Freaks» no disminuyen su estatus como una obra maestra única; su profundo humanismo desafía las percepciones que etiquetan, segregan y repelen a aquellos que, como dice el presentador de la galería, es pura casualidad que uno no haya nacido como ellos: «Ofender a uno de ellos es ofenderlos a todos». Noventa y dos años después de su estreno, y en una era donde, gracias a avances médicos y precauciones durante el embarazo, estos efectos en los bebés nacidos son mucho menos comunes, la parábola de «Freaks» sigue siendo relevante frente a la persistente intolerancia hacia lo extraño y diferente, aquellos que se desvían del estándar tranquilizador de la mayoría.
A través de «Freaks», Browning no solo cuenta una historia de amor y traición, sino que también plantea preguntas sobre la dualidad humana y cómo percibimos a los demás, especialmente a aquellos que desafían las normas convencionales de la sociedad.
Nosotres
En La llegada, los alienígenas funcionan como un poderoso catalizador para explorar profundas cuestiones humanas. La película, basada en el relato «La historia de tu vida» de Ted Chiang, utiliza la llegada de seres extraterrestres no como un simple vehículo para la acción, sino como una oportunidad para meditar sobre el universo, el ser, el tiempo y el espacio. La interacción entre humanos y extraterrestres destaca cómo las diferencias radicales en percepción y comunicación pueden desafiar nuestras comprensiones más básicas del mundo.
Los alienígenas en La llegada no son meros antagonistas o curiosidades: son espejos a través de los cuales se examina la condición humana. La película sugiere que la comprensión y la empatía a través de barreras aparentemente insuperables son posibles y necesarias para la supervivencia de la humanidad. Al desafiar las formas convencionales de pensar y comunicarse, La llegada invita a los espectadores a considerar cómo nuestras propias limitaciones lingüísticas y culturales afectan nuestras interacciones y percepciones, subrayando que en la comprensión del «otro» radica una parte crucial de entenderse a sí mismo. «La llegada» es más que hablar unos con otros. Se trata de los mapas que utilizamos para navegar el mundo.
La película también incorpora algunas notas secundarias importantes que añaden matices a esa conclusión fácil. Porque no es solo descifrar las palabras que alguien más está diciendo lo que es importante: es todo el marco que determina cómo esas palabras se vinculan a un significado. Técnicamente podemos hablar el mismo idioma, pero funcionalmente estar a millas de distancia. Solamente en español, tenemos palabras como “piola”, “seca” o incluso “cobre”, que en distintos contextos significan diferentes cosas. Son más que palabras polisémicas, son divisiones. Tienen que ver con clase, género, círculo sociocultural y experiencia de vida. Son ejemplos de lo lejos que podemos estar, uno al lado del otro.
Esto es importante para la trama de la película, pero más ampliamente —ya que esto es ciencia ficción, y por lo tanto realmente sobre nosotros— tiene implicaciones. El lenguaje no es solo entender cómo decir cosas a alguien y atribuir significado a lo que se recibe. El lenguaje tiene consecuencias. Incrustadas en las palabras y la gramática hay acción, porque las metáforas que usamos mientras tratamos de entender el mundo nos indican qué hacer a continuación. Actúan como pequeños mapas de ruta.
Nosotras
En las películas Freaks y La llegada, las figuras femeninas centrales, Cleopatra y la Dra. Louise Banks, respectivamente, reflejan dimensiones trágicas y redentoras de la violencia que sufre la humanidad, donde fácilmente se pueden encontrar paralelismos con figuras bíblicas como María Magdalena y la Virgen María.
En Freaks, Cleopatra, inicialmente presentada como una trapecista seductora y manipuladora, se convierte en el vehículo a través del cual se explora la violencia retributiva. Su castigo es brutal: los «fenómenos» se vuelven contra ella en una escena de venganza visceral. Esta transformación refleja el arco bíblico de María Magdalena, quien es tradicionalmente retratada como una mujer caída que sufre, se redime y es finalmente rehabilitada. La humillación y metamorfosis de Cleopatra, que culmina en su conversión en «mujer pollo», evoca imágenes de caída y expiación, aunque sin la redención que sí caracteriza a María Magdalena.
Por otro lado, en La llegada la Dra. Louise Banks encarna una forma de violencia mucho más sutil pero profundamente emocional: la premonición del sufrimiento inevitable. Al aprender el lenguaje de los alienígenas, adquiere la capacidad de percibir el tiempo de manera no lineal, lo que le revela el futuro trágico de su hija aún no nacida. A pesar de conocer el dolor que le espera, Louise elige tener a su hija, abrazando tanto el amor como la pérdida futura. Este sacrificio la alinea con la figura de la Virgen María, quien, según las creencias cristianas, acepta dar a luz y criar a Jesús, sabiendo de antemano el destino trágico que le espera. Louise, similarmente, acepta la llegada de su hija como un acto de amor incondicional, esencial para el proceso que eventualmente asegura la colaboración pacífica entre humanos y extraterrestres, simbolizando así una salvación a una escala mucho más amplia.
Ambas películas, a través de estas figuras femeninas, exploran temas de sacrificio, sufrimiento y redención, reflejando aspectos complejos de la violencia humana y su resolución. Cleopatra y Louise representan dos caras de cómo la violencia impacta y es procesada por la humanidad por medio de las mujeres: una a través de la venganza y la otra a través del sacrificio.
Ustedes y yo
En el cine, las feminidades frecuentemente se representan como otredad, incluso cuando son protagonistas. A pesar de ser figuras centrales, las narrativas tienden a utilizarlas más como vehículos para la trama que como voces con agencia propia. Las figuras femeninas, ya sean como víctimas o redentoras, a menudo están atrapadas en un ciclo de representación que las cosifica y limita a roles estereotípicos, tal como se observa en personajes como Cleopatra y la Dra. Louise Banks.
Esta cosificación no se limita a las feminidades; la otredad en general es tratada de manera similar. Ya sea en forma de alienígenas, fenómenos de circo o minorías sociales, las representaciones cinematográficas reflejan una construcción cultural que nos inclina a no comprender verdaderamente a estos «otros». En lugar de ello, se les ve como entidades homogéneas, reducidas a meras herramientas narrativas que sirven para resaltar las historias de los protagonistas convencionales.
En Freaks, los personajes con deformidades físicas, aunque humanizados por Tod Browning, siguen siendo vistos a través de un lente de monstruosidad que la sociedad impone. De manera similar, en La llegada, los alienígenas, aunque esenciales para el desarrollo de la trama, son interpretados a través de las limitaciones humanas de comprensión y comunicación. Ambas películas revelan cómo la otredad se utiliza para reflejar nuestras propias limitaciones y miedos, más que para explorar las realidades y complejidades de estos «otros».
Culturalmente, estamos formados para mantener a la otredad en una posición de incomprensión y exotización, perpetuando así una visión unidimensional que no reconoce la diversidad y la humanidad plena de estos sujetos. Ya sea a través de figuras femeninas, minorías, o seres de otros mundos, la narrativa dominante sigue cosificándolos y utilizándolos como simples reflejos de nuestras propias narrativas y conflictos internos.
La solución a esta problemática reside en sumar muchas voces de distintos contextos culturales, etnias y minorías. Al incorporar estas perspectivas diversas, el cine puede evolucionar de un «otro» simplista a un «todo» más complejo y enriquecido. Este enfoque no solo ampliará nuestra comprensión y empatía hacia lo diferente, sino que también nos permitirá construir narrativas más inclusivas y representativas de la variedad de experiencias humanas, llevándonos hacia una representación más auténtica y respetuosa de la otredad en el arte cinematográfico.



