El mago de Oz – Guerra de los mundos
¿No hay lugar como el hogar?
Por Milagros Longobuco
¿Dónde reside el significado de la guerra? Según el diccionario, se denomina guerra a “la desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias”, sin embargo, se podría decir que también es la ruptura dentro del hogar. Es el quiebre que se produce en una familia cuando alguien ya no está, es el miedo que aparece en el pecho, latente, ante la amenaza que produce aquella palabra de seis letras y la subtrama que tiene detrás. Corría el año 1939, a vísperas de un conflicto bélico que cambiaría para siempre la historia del mundo en el que habitamos. Un conflicto en el que se involucraron la mayor parte de las naciones del mundo y cuyo eco sigue resonando con fuerza hoy en día. Un conflicto que destruiría muchos hogares. Ante este clima tan oscuro, Victor Fleming le propone a la Metro-Goldwyn- Mayer visitar el otro lado del arcoíris con una explosión de colores. Como una bocanada de aire fresco, esta película celebra la amistad, el amor, la valentía y el verdadero sentido de “casa”. Siendo una de las cintas más influyentes en la historia del cine, El mago de Oz (The Wizard of Oz, 1939) se convierte en una de las obras más queridas del séptimo arte, y al igual que la guerra que se estaba gestando en ese momento, marca un antes y un después en la Historia.
Dorothy Gale, una joven campesina oriunda de Kansas, sueña con lo que hay del otro lado del arcoíris. Un lugar que parece ser maravilloso, donde la paz reina y no hay vecinas molestas que atenten contra la vida de su fiel compañero, Toto, un pequeño perro destartalado que la acompaña a cada paso y que carga con la responsabilidad de ser el “hogar” de la niña. Pues muchas veces, el hogar no es un lugar físico, sino alguien que queremos. Hay que imaginarse, de otra forma, el amor que tenía Dorothy por Toto que, ante la posibilidad de ser sacrificado, la joven decide huir de su casa, lejos de la tía Em y el tío Henry, hacia lo desconocido, por lo que ella supone un bien mayor. Es esa decisión la que la lleva a encontrarse en el centro de un tornado que arrasa con todo su pueblo. Dorothy, incapaz de poder entrar al refugio donde se esconde su familia, se instala dentro de su casa junto a Toto a esperar a que el desastre pase, pero no contaba con que la cola del tornado arrastrara su casa también. presa por la curiosidad, la niña se acerca a la ventana y observa imágenes extrañas, siente un golpe y el aterrizaje, Dorothy se acerca a la puerta para posteriormente abrirla. Es en ese momento donde se produce un hito en el cine.
Al otro lado del arcoíris, en radiante Technicolor, nos encontramos con el maravilloso mundo de Oz, lugar donde se sitúa la odisea de Dorothy para regresar a Kansas, a los brazos de sus tíos y sus amigos. No obstante, si desea lograrlo, primero deberá recorrer el camino amarillo para llegar a la ciudad esmeralda y encontrarse con el maravilloso mago de Oz, poseedor de un poder tan grande que logrará cumplirle el deseo. Este trayecto no lo recorrerá sola, a lo largo del camino se encontrará con unos simpáticos personajes que se hallan incompletos: un espantapájaros que añora un cerebro, un hombre de hojalata que le falta corazón y un león sin valentía. Juntos se embarcarán en una aventura repleta tanto de música como de colores vibrantes.
¿Y si no hubiese sido así? ¿Si la vuelta a casa hubiese sido más oscura y tenebrosa? ¿Qué pasaría si el camino amarillo se tiñese de escarlata? Steven Spielberg nos muestra una alternativa diferente de esta historia. Al igual que Fleming, Estados Unidos se encontraba dentro de un marco de guerra -esta vez la guerra de Irak- y una visión más oscura y paranoica del mundo luego de aquel once de septiembre del 2001. El director vuelve a retomar la idea de la importancia del hogar, esta vez de la mano de Paramount, tomando también como punto de partida una novela clásica, Guerra de los mundos (War of the worlds, 2005) nos da un pantallazo de qué otra cosa podría haber del otro lado del arcoíris.
Ambas películas, si bien difieren en géneros, poseen la misma estructura narrativa. En este caso, nuestro protagonista, Ray Ferrier, vive una vida aburrida y monótona en Bayonne (Nueva Yersey). Su rutina se ve interrumpida por la llegada de sus hijos, quienes vienen a pasar unas vacaciones puesto que su ex esposa, Mary Ann, se va de visita a Boston junto con su nueva pareja, Tim. Jamás hubiese creído que aquella mañana sería la última normal antes de presenciar un desastre que acabaría con su pueblo. A diferencia de Dorothy, esta vez no sería un tornado el encargado de arruinar la ciudad, no, esta vez sería algo proveniente de un mundo -no tan- maravilloso.
De la tierra emergen unas enormes máquinas trípodes que aniquilan todo lo que encuentran, comandadas por unos alienígenas que caen a la Tierra en forma de rayos, como si se tratara de una tormenta. La presencia de estos seres descoloca por completo la vida en la tierra, dejando las ciudades sin suministros eléctricos y haciendo que todas las máquinas dejen de funcionar, por lo tanto, podemos observar como los autos dejan de funcionar y los aviones caen del cielo. El panorama es absolutamente apocalíptico y la paranoia se apodera por completo del relato. El frenesí por el que se mueve el personaje principal lo lleva a tomar la decisión de viajar hasta Boston, a donde está el resto de la familia de sus hijos.
Lo primero que podemos notar es la poca confianza que su familia le tienen a Ray. A lo largo del primer acto podemos escuchar a Robbie, el hijo mayor, recordarle su padre la falta de cerebro, de corazón y valentía que tiene, podemos verificar aquello en cada acto que realiza en esta parte. Pues Ray es un personaje sumamente cobarde y egoísta, su motivación a lo largo del metraje de llevar a sus hijos a Boston dista de la motivación de Dorothy de querer volver a casa. Él no quiere ir a casa, no quiere llevar a sus hijos a casa por un bien mayor, él quiere deshacerse de la responsabilidad de tener que velar por alguien más que no sea él mismo, y sus hijos lo saben. Sin embargo, a lo largo del segundo acto su personaje crece, (al igual que el espantapájaros, el hombre de hojalata y el león) adquiriendo aquellas falencias a la fuerza en búsqueda de la supervivencia de Rachel, su hija menor, cuyo personaje es idéntico al de Dorothy.
Al comenzar el segundo acto, nos encontramos con un escenario catastrófico. Robbie, el hijo mayor, decide demostrar que él sí posee la valentía para poder pelear contra los Otros y se une a los militares. Esto genera un quiebre dentro de la microestructura de “hogar” que habían formado durante esta odisea, en ese momento Ray debe decidir si retiene a Robbie para mantenerlo con vida o si va en busca de Rachel, quien había sido atrapada por una pareja que también buscaba escaparse de las máquinas, el deja que se vaya y se limita a cuidar a la única persona que le queda. El panorama va de mal en peor, mas no tomamos dimensión de la violencia del relato hasta que Spielberg utiliza como recurso la puerta que abre Dorothy. Esta vez no nos encontramos con un mundo en radiante Technicolor, todo lo contrario, nos encontramos con el camino amarillo teñido de escarlata, con personas desmembradas, hierbas rojizas y un rio de sangre. A esta altura del relato, Ray se encuentra completamente desesperado ante la amenaza de perder a su hija, ya que había sido tomado prisionera por los extraterrestres, aquella misma desesperación sentían sus contrapartes en El mago de Oz (The wizard of oz, 1939) cuando la bruja del Oeste tomaba prisionera a Dorothy. Aquí es cuando Ray crece como personaje demostrando que tiene corazón al temer perder a sus hijos, valentía para salvar a Rachel e inteligencia para poder escapar de una muerte espantosa. La inteligencia de nuestro protagonista, similar a la del espantapájaros, hace que logre descubrir una forma de asesinar a esos extraños visitantes: detonando una granada dentro de las máquinas.
Poco después de este suceso, Ray y Rachel llegan a Boston, donde se dan cuenta que las hierbas rojizas comenzaron a secarse y los trípodes parecen estar muriendo también. Además, son testigos de un trípode actuando de manera extraña, luchando por mantener el equilibrio y sin prestar atención a los soldados y refugiados que tiene cerca. Entonces Ray ve un grupo de aves volando en círculos y aterrizando en la campana de la máquina, lo que indica que el campo de fuerza del trípode ya no funciona. Rápidamente avisa a unos soldados sobre del descubrimiento y éstos atacan al trípode con un lanza misil, derribándolo al instante, por lo tanto, Ray logra destruir dos de los trípodes -comparándose a la cantidad de brujas que Dorothy asesinó-. Una vez abatido se acercan al trípode mientras observan una puerta que se abre en la máquina y descubren en el interior a un piloto alien que muere tras dejar escapar un último gruñido.
Tras esa escena, Ray y Rachel llegan a casa de los padres de Mary Ann, quién sale a abrazarles. Entonces aparecen Tim, los padres de Mary Ann y para su sorpresa: Robbie, que de alguna manera ha sobrevivido; por lo que Ray y Robbie se abrazan, dando una especie de sensación al espectador de que todo lo que han vivido, o ese encuentro se trata tan sólo de un sueño, como el de Dorothy dentro de Oz, sin embargo, el narrador explica que la ciudad está destruida y los trípodes derribados aparecen esparcidos por el suelo. De fondo el narrador revela que debieron morir mil millones de humanos para que nos diéramos cuenta de nuestros actos. También se revela que los extraterrestres estaban muriendo debido a que sufrían por las enfermedades causadas por microbios terrestres comunes, que contrajeron del aire y los alimentos de la Tierra para los cuales no tenían inmunidad. Un final medio agarrado de los pelos, pero fiel al libro.
Dicho esto, la palabra hogar significa etimológicamente “casa o domicilio” en otras definiciones refiere a “grupo de personas emparentadas que viven juntas” pero también significa “dónde la combustión se produce en comunicación directa con el aire” y esa la acepción que es la más cercana a lo que ambas obras expresan. El hogar es el lugar que nos cobija, que nos da calor, que nos brinda esa seguridad instantánea. Cuando un mal día en el trabajo lleva a pensar en el regreso a casa, o de la misma manera que un perro puede representar un hogar, a modo de escape. Es lo mismo que sucede en Guerra de los mundos con una invasión extraterrestre que amenaza con acabar la Tierra y lo único que pueden hacer algunos personajes es encerrarse en ese lugar seguro con sus familias.
Porque por más que se niegue -o intenten no demostrarlo- las personas necesitan de esa combustión directa con el aire, necesitamos ese fuego que utiliza Dorothy para deshacerse del mal, ese fuego que nos da calor y vida y que también calienta la sopa hecha por mamá que al tomarla nos hace saber que las cosas van a estar bien.


