
Por acción u omisión: A propósito de Sofía Gala en Alanís Por Elen Helen

Alanís (2017) comienza con un cuerpo arrumbado, un cuerpo utilitario, un cuerpo caído para luego terminar con un cuerpo de pie y riendo. La comunicación no verbal tiene un lugar especial en la película y son justamente los gestos, las posturas y las maneras que construyen cada espacio en la narrativa lo que lo hacen significativo. El film es llevado adelante completamente por Sofía Gala, en su personaje de Alanís.
La película está ubicada en la ciudad de Buenos Aires, barrio de once, reconocible por sus calles atestadas de gente, un crisol en cada vereda. Un barrio con gran presencia de la comunidad judía y peruana, una metrópoli cosmopolita que el ojo de Anahí Berneri (su directora) nos lleva a los márgenes, a la vida de Alanís, una prostituta que trabaja en un departamento, “un privado”. La ciudad es un personaje más que se articula simbióticamente con la vida de Alanís.
Con una poderosa escena de comienzo, observamos a dos hombres entrando por la fuerza en un departamento en donde una mujer delgada y pequeña es avasallada por un hombre alto y robusto y por otro de corpus mediano que vulneran su intimidad, simulando ser clientes que quieren pasar juntos, ella intenta impedir el ingreso hasta que finalmente lo logran mediante la violencia y allí descubrimos que son policías. El reflejo de Alanís en el espejo roto nos anticipa la fragmentación de la personalidad de la protagonista y la sucesión de hechos violentos que se avecinan. Berneri es una directora que construye sus films a partir de personajes y Alanís no escapa a esta idea. Es una película que está anclada en la ductilidad de Sofía Gala que con desparpajo y carisma naturales compone su papel. Personaje estoico y digno en un film orgánico, pero sin pretensión moral, pero que si interpela en tanto sociedad patriarcal mostrando el uso y abuso en las relaciones interpersonales que vive a diario.
Alanís también pone el acento en un Estado que por acción u omisión, priva de derechos a mujeres que deciden vender su cuerpo como mercancía, generando un vacío legal que las abandona a la marginalidad.
Es una película de tono naturalista que trata con realismo y de forma cruda la vida de una prostituta, este tono naturalista se opone con el preciosismo de la puesta en escena. La plasticidad de la puesta y la fotografía de Luis Sens hacen de esta obra una pieza imprescindible a la hora de leer un signo de época captando con sensibilidad un mundo que quiere ser oculto bajo el manto de la hipocresía. Alanís sale del estereotipo de prostituta construida mayormente por modelos exportados, de aquellos propuestos por Win Wenders en Paris, Texas (1984) o Iris, el personaje de Jodie Foster en Taxi Driver de Martin Scorsese (1976). La mirada de Berneri, se corre de la ética, la moral, y la redención, Alanís deambula por las calles buscando subsistir.
Una película cargada de contrastes y el mayor de ellos es el vínculo que tiene la joven con su hijo Dante (hijo real de Sofía Gala) que con un altísimo grado de frescura da oxígeno en momentos donde la película se torna asfixiante. La maternidad es vivida como liberación, como espacio lúdico y de amor, son los momentos en que Alanís disfruta, en el que su cuerpo se transforma en paz y alimento de ventura, un cuerpo de pie que ríe y goza como cuando por fin logra retomar el statu quo y todo vuelve a comenzar. .
