
La leyenda del jinete sin cabeza: Con la frente en alto Por Ariana Retamar

La leyenda del Jinete sin Cabeza (Sleepy Hollow, 1999) es la onceava película del director Tim Burton, protagonizada por Johnny Depp en su mejor momento y producida por Francis Ford Coppola. La historia acompaña a Ichabod Crane, interpretado por un joven Johnny Depp, un investigador en 1799 que ansía investigar asesinatos con el rigor científico que le permite la época. Incomprendido por sus pares y superiores, es enviado a Sleepy Hollow, un alejado y tenebroso pueblo donde están asesinando personas de una forma macabra: decapitan a las víctimas, y sus cabezas desaparecen. Los locales aseguran que el asesino se trata del legendario jinete sin cabeza, está vengando su muerte. El incomprendido Ichabod deberá cuestionar sus creencias y entregarse a un mundo lleno de magia y maldiciones, mientras memorias del pasado, que creía eliminadas, le recuerdan que desde temprana edad, su vida estuvo marcada por lo esotérico, la traición y la doble moral de quienes lo rodean.
Un paseo por los clásicos y ¿títeres?
Es destacable el recorrido de la historia por los métodos clásicos de engaño o “magia” que utilizaban en distintas épocas. En el audiocomentario de la película que ofrecía el DVD – otras épocas que deberían volver- Burton cuenta que decide incorporar la escena de Jinete sin Cabeza falso, -donde el novio de Katrina Van Tassel cegado por los celos busca asustar a Ichabod Crane- como un homenaje a los trucos de teatro y cámara analógicos, y señala que, si bien funcionaron un tiempo, el problema de desproporciones en el cuerpo -antebrazos exageradamente largos- delata la farsa.
El verdadero jinete sin cabeza, interpretado por Christopher Walken, es un protagonista casi ausente. La película se centra en la investigación realizada por Johnny Depp, su lucha contra lo sobrenatural y los recuerdos que lo acechan de su niñez. Sin embargo, su ausencia, sólo le dan más poder a sus apariciones. El jinete no habla, no grita, la mayor parte de la película ni siquiera se vé su rostro, pero la determinación con la que realiza los asesinatos hace que al espectador tema por los protagonistas.
Si dividiéramos a los monstruos en categorías, esta versión del jinete, pertenecería a aquellos que siguen órdenes de terceros, deben lograr un cometido impuesto por otro y no descansaran hasta lograr su misión ¿Acaso podríamos llamarlos monstruos títeres? Siempre hay otro utilizándolos como medio para lograr su cometido, sin quedar implicado en el o los crímenes. Su ejecución es implacable y no se va a detener hasta lograr su cometido, su actuar podría ser comparado con el del modelo T-800 de la película Terminator (The Terminator, 1984), o el de Golem en -spoiler alert- Medium (Oddity, 2024).
Una dupla que solía tener gracia.
Mencioné anteriormente que considero que estos años forman parte de, como dirían los jóvenes hoy en día, el prime de la fórmula ganadora Burton – Depp. Viniendo de títulos como El joven manos de tijeras (Edward Scissorhands, 1990) y Ed Wood (1994), este par supo incorporar el humor en sus historias. En el Joven manos de tijera juega con la ingenuidad de Edward y los deseos sexuales de la vecina, al igual que en Ed Wood, hay momentos y gestos que hacen reír al espectador, pero nunca de Ed. En el caso de su onceava película, no teme molestar a sus protagonistas, llenar de sangre a Johnny Depp cada vez que tiene la oportunidad. Incluso en los momentos más violentos sabe encontrar un alivio cómico, como cuando es asesinado el Magistrado y su cabeza rueda hasta encontrarse en la entrepierna del temeroso Crane.
La leyenda del Jinete sin Cabeza es una de esas películas que siempre da gusto volver a ver, los colores -o la falta de ellos-, los escenarios, los efectos sutiles, los vestuarios, nos recuerda que Tim Burton una vez fue algo más que una caricatura vacía de sí mismo.



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