
Office: Cantando por un sueldo Por Alejandro Reys

El nombre de Johnnie To remite indudablemente al thriller de acción sobre el submundo criminal. Pero no siempre fue así. Durante la primera etapa de su filmografía, que comprende más de 15 años y casi 20 películas, este género resulta más bien una excepción. Son mucho más habituales en cambio las comedias, que van desde las románticas o fantásticas hasta remakes de La comezón del séptimo año (The Seven Year Itch, 1955) de Billy Wilder o Un príncipe en Nueva York (Coming to America, 1988). Hasta que en 1996 decide producir sus propias películas y funda, junto al guionista Wai Ka-Fai, Milkyway Image. En una búsqueda audaz por oponerse expresamente al comercialismo imperante en el cine hongkonés, inicialmente basan el enfoque en presupuestos acotados y un tono más sombrío e intelectual. Tras algunos años difíciles, sin logran afianzarse en el mercado, hacia el cambio de milenio consiguen dos éxitos de taquilla enormes, dirigidos por To: Running Out of Time (Am zin, 1999), donde aborda la temática que le valdría el reconocimiento internacional poco después, y Needing You… (Goo nam gwa lui, 2000), donde demuestra su experiencia en la comedia romántica. Desde entonces esta doble oferta anual de cartelera se convierte en el modelo de la productora. En 2015, sin embargo, estrenan una única película, que en cierta forma cubre ambos frentes, siendo a la vez comedia musical y reflexión punzante sobre el mundo empresarial. Y refleja muchas obsesiones recurrentes del cine de To, al tiempo que resulta una rareza en su filmografía: La oficina (Hua li shang ban zu, 2015).
En 2009 To vio “Design for living”, una puesta teatral inspirada por la crisis financiera mundial del 2008, y pensó que le gustaría adaptarla al cine. Corría con una ventaja: la autora y estrella principal de la obra, la también actriz, directora y guionista de cine Sylvia Chang, era su amiga hacía más de 20 años. Por lo que le pidió que ella misma se encargara de la transposición del guion, que posteriormente se convertiría en La oficina. El resultado, aunque mantiene la esencia de sátira musical del mundo de las altas finanzas, se complejiza particularmente en cuanto a los personajes y sus vínculos. La obra gira en torno a la relación romántica que surge entre la CEO de una enorme empresa financiera y un nuevo asistente, mucho menor que ella. En la película, en cambio, la CEO Winnie Chang (la propia Chang) constituye más bien una figura de mentora para el nuevo asistente, Lee Xiang, quien por su parte está enamorado de Kat, otra joven asistente ingresante, que es en secreto hija del presidente de la compañía, Ho Chung Ping (el legendario Chow Yun-Fat), quien hace años mantiene un romance en secreto con la CEO Chang, que a su vez esconde una relación del pasado con David, jefe del departamento contable, que empieza un amorío con Sophie, una contadora abandonada por su prometido por priorizar su trabajo. Este complejo entramado melodramático, digno de un culebrón, donde absolutamente todos los personajes mienten u ocultan algo, permite a To introducir uno de sus temas favoritos: la pugna entre lealtades y traiciones.
Tras presentar a Kat y Lee, la pareja protagonista, en apenas la tercera escena repentinamente dos de los personajes empiezan a cantar. Pero, aunque imprevisto, no resulta arbitrario. Mientras los jóvenes ingresantes son instruidos sobre sus nuevas tareas, dicha canción se presenta como una regla mnemotécnica para recordar que bebe habitualmente cada uno de los altos ejecutivos de la empresa en las reuniones. Se introduce así, de manera dramática, un elemento formal clave, heredado de la obra teatral: la escena da paso al primer número musical de la película, donde los equipos legales y contables cantan, en tono burlesco, sobre el sentido de equipo/familia imperante en la empresa. Aunque la comedia no fuera extraña para To, hasta este punto nunca había abordado el género musical. Sin embargo, no se trata de algo muy lejano al estilo de acción iniciado por John Woo y continuado por directores como Ringo Lam, Tsui Har o el propio To; muchas veces definido como “acción balética”, por compartir con dicha danza un alto grado de estilización y planificación coreográfica. En La oficina las pegadizas melodías compuestas por la estrella del mandopop Lo Ta-yu y las coreografías del multipremiado bailarín Yuri Ng (actual director de la Compañía de Danza Contemporánea de Hong Kong) se combinan con la puesta dinámica de To, cuya cámara se desliza hábilmente por el espacio, transformando la tediosa vida empresarial en elaborados números coreografiados. Una mezcla de géneros que desafía las definiciones, tomando la forma de una sátira musical hiper-estilizada para lograr el efecto de distanciamiento propio de la teatralidad brechtiana.
El otro gran factor que despega a la diégesis de la película del mundo real es, indudablemente, el espacio. Otra anomalía en la filmografía de To, cuya acción, si bien altamente estilizada, siempre se desarrolla en la muy tangible espacialidad de Hong Kong, donde están ambientadas la mayoría de sus películas (algo que, por otro lado, se condice con el amor expreso del director por la ciudad). En La oficina, sin embargo, la única referencia a la realidad se reduce a la secuencia de créditos inicial, donde una maqueta virtual muestra algunos de los edificios icónicos del skyline hongkonés. El resto transcurre íntegramente dentro de un enorme y complejo set, que costó más de 40 millones de yuanes (alrededor de seis millones y medio de dólares). Al igual que los números musicales, el diseño a cargo de William Chang (responsable también del diseño de producción de todas las películas de Wong Kar-Wai) exalta la artificialidad, reduciendo el espacio a su mínima expresión y anteponiendo una serie de potentes metáforas visuales por sobre el realismo. La transparencia de las estructuras de alambre que componen ambientes y mobiliarios evidencia la observación constante a la que se encuentran expuestos los empleados, a la vez que representan la prisión voluntaria de la ambición corporativa. Mientras tanto, la presencia de escaleras casi en cada plano simboliza la constante avidez de ascenso en el mundo empresarial; aunque estas no conduzcan a ningún lado y hasta por encima de la azotea del edificio se pueda ver un techo. Todo, pero especialmente la codicia financiera, tiene un límite.
En el mismo año que La oficina, apenas dos meses después, se estrena La gran apuesta (The Big Short, 2015); película que, coincidentemente, también utiliza la comedia y ciertos recursos que evidencian el artificio cinematográfico, como la pantalla partida o romper la cuarta pared, para hablar de las consecuencias de la ambición financiera. Pero mientras esta última hace referencia explícitamente a la crisis económica del 2008 y muchos de quienes fueron partícipes en la vida real son sus protagonistas, To disimula su visión crítica sobre el corporativismo empresarial bajo varias capas de sátira, canciones, melodrama y enredos amorosos. A medida que los conflictos de los personajes quedan expuestos por la inmaterialidad del espacio, lo que en un principio se nos presenta en tono de comedia irónica gradualmente vira hacia el drama y la tragedia. En una de las primeras escenas Lee Xiang, de forma torpe y sonriendo ingenuamente, intenta tomar un ascensor reservado a los altos ejecutivos y se le prohíbe el acceso. En el último plano de la película finalmente puede hacerlo, pero esta vez con un gesto apesadumbrado. Su arco dramático, como el de los demás personajes, evidencia la crítica de To: la ferocidad del capitalismo financiero, la alienación del trabajo y la ambición corporativa por ascender, empujan a la pérdida de empatía y la desconexión. Y cuando esto ocurre con personas en lugares de toma de decisiones, puede ser algo peligroso. Porque sea la crisis del 2008 o cualquier otra que se avecine, seguramente aquellos responsables harían lo mismo si creyeran que pueden obtener alguna ganancia económica.



