
Que lloro por ti Por Ariana Retamar

Llora nena (Cry-Baby, 1990) es la primera película de estudio del director y guionista John Waters. Importante diferenciar entre ópera prima y primer largometraje apoyado por un estudio de cine – en este caso, Paramount -. Esta comedia musical, protagonizada por Johnny Depp y Amy Locane, en su debut actoral, narra la historia de un pueblo que está dividido entre dos bandos: los Squares, un juego de palabras del director para describir a estos integrantes pacatos, literalmente “cuadrados”, dueños de la moral y los Drapes. Parodiando a las películas situadas en los ‘50, Waters muestra esta rivalidad extrema y ridícula, con personajes de personalidades exageradas, como suele representar a las personas en sus películas.
Depp interpreta a Cry-Baby, un joven rebelde que se enamora perdidamente de Allison Vernon-Williams, una inocente Square, que tiene curiosidad por saber qué hay más allá de su entorno privilegiado. Acompañan a Cry-Baby una banda compuesta por sus abuelos y amigos inconformistas, algunos vienen de familias religiosas, otros de familias muy permisivas y otros si fueron criados en el seno de la conducta díscola. Allison en cambio está acompañada por su abuela, una señora que con el correr de la película se permite ver más allá de los prejuicios, y un pretendiente, cuyo amor no corresponde.
La filmografía de John Waters siempre se caracterizó por tener elencos llamativos, ya sea por el estilo de vida que llevaban los actores, o simplemente por pertenecer al colectivo LGBTQ+. Una particularidad de Llora nena es que utilizó a la mayoría del cast en un registro distinto del que el público los conocía. Johnny Depp era el ídolo adolescente del momento, protagonizando la serie Comando Especial, mientras que Cry-Baby se ríe del estereotipo de chico rudo. El tío Belvedere está interpretado por Iggy Pop, ícono sexual de la época, pero en pantalla vemos a un hombre desmejorado. La madre de Wanda, interpretada por Patricia Hearst, se pone en la piel de una dulce e inocente mujer, que siempre sonríe, cuando en la vida real estaba acusada de ser funcional al Ejército Simbionés de Liberación, quienes habían cometido muchos crímenes violentos -Y así podría seguir durante toda la extensión de este texto- Pero sí considero interesante señalar este doble juego que realiza el director, esa complicidad que busca en el público de mostrar figuras importantes del momento en el rol opuesto al que leían en los tabloides.
Si bien la película carece de coreografías complejas como las que se pueden apreciar en otros largometrajes que ésta misma parodia, como Vaselina (Grease, 1978), el enfoque está puesto en las canciones, en que parezcan creadas en los ‘50 y puedan representar ese espíritu arrabalero del rock, que tanto horrorizaba a la sociedad. Llora nena, mantiene la base de lo que tantas otras historias sostienen, aquellos que se autoproclaman dueños de la decencia, moral y buenas costumbres, no siempre son tan buenas personas como proclaman, y aquellos personajes que representan “todo lo que está mal”, no suelen ser tan malos. Este mensaje es claro en la película, pero considero que el director y guionista lo corona de una forma sutil, haciendo que los Squares solo canten hits, a diferencia de los Drapes, que cantan canciones originales para manifestar su sentir.
En una época en la que es habitual que una película se adapte a teatro musical para luego volver al cine, es importante recordar que Hairspray (1988) -también de Waters- hizo ese recorrido hasta su remake musical en 2007. A Llora nena, en cambio, no le fue tan bien en su estreno; fue querida, logró tener fans con el tiempo y, si bien llegó al teatro, lamentablemente no compartió el éxito masivo de su predecesora.
Si tenemos que quedarnos con algo, me gustaría cerrar con el siguiente dato curioso: Disney fue uno de los estudios que quiso comprar esta película.



