
La secuela que nadie esperaba: Psicosis 2 por Claudio Marcelo Mion

Poco tiempo después de la muerte de Alfred Hitchcock, en abril de 1980, los ejecutivos de Universal empezaron a trabajar en la secuela de Psicosis. En Hollywood ya comenzaba a surgir la tendencia de continuar las películas de terror mas exitosas, y ya para 1981 se estrenaban Halloween II (Rick Rosenthal) y Martes 13 II (Steve Miner). Para esa época también Robert Bloch, el autor de la novela original en la que se basó el guion de Joseph Stefano de Psicosis, anunció que iba a escribir la segunda parte, la que finalmente publicó en 1982. Esto movió a los productores a avanzar a paso firme con la secuela, pero quedaron muy decepcionados con la trama de la novela. La historia de como Norman Bates escapaba de la institución mental donde estaba recluido y ponía rumbo a Hollywood donde estaban realizando una película de su vida no gusto para nada a los productores de la Universal (entre los que se encontraba Hilton Green, asistente de dirección de Hitchcock en Psicosis y en Marnie), por lo cual decidieron trabajar sobre un guion apartado totalmente del trabajo Bloch.
Primero buscaron un director apropiado para el proyecto, y el elegido fue el australiano Richard Franklin, parte fundamental de la Ozplotation (subgénero surgido en Australia a partir de 1971 y que combinaba películas de bajo presupuesto, acción y terror). Director de Patrick (1978) y Juegos de carretera (Road Games,1981), ambas contienen mucho del modelo hitchcokiano que convenció a los productores, además de la admiración de Franklin por el director ya que había mantenido una relación cercana hasta su muerte y fue parte del set de Topaz (1969) y de Family Plot (1976). El australiano dio el primer paso para la historia ya que para él Norman no debía escaparse del hospital, sino que tenía que haber pagado su deuda con la sociedad, y fue el que sugirió para el guion a un joven escritor, Tom Holland, que luego dirigiría dos filmes hoy considerados clásicos del cine de terror, La noche del espanto (Fright Night, 1985) y Chuky: el muñeco diabólico (Child’s Play, 1988). Ya estaba todo listo, pero hacía falta convencer a la estrella principal. La carrera de Anthony Perkins estaba en declive desde hacía más de una década y no quería en principio volver a representar un papel de un psicópata, pero leer el guion y unos cuantos dólares hicieron que aceptara el desafío. También se sumaría Vera Miles como los dos únicos sobrevivientes del elenco original, en el mismo papel de la hermana de Marion Crane (Janet Leigh).
La película comienza con la escena de la ducha donde es asesinada Marion, y es desde los mismos títulos donde el guion de Holland toma riesgos. La comparación va a ser inevitable con uno de momentos culminantes del cine de todos los tiempos (escena de la que se han escrito ensayos y se han hecho documentales como 78/52 de Alexandro Phillippe, además del sublime score de Bernard Hermann) pero al mismo tiempo nos muestra que es una continuación de aquella y aprovecha el poder de esas imágenes para seducir a una nueva generación de espectadores. Han pasado 22 años desde los asesinatos en el motel y Norman Bates es puesto en libertad de su tratamiento psiquiátrico en una institución mental. Su doctor Bill Raymond (Robert Loggia) argumenta que ya está totalmente curado y equilibrado, pese a la oposición de Lila Crane (Vera Miles), la hermana de Marion, ya que asegura que va seguir siendo un asesino psicópata.
El confiado doctor cree ciegamente en su recuperación y le ha conseguido un trabajo en un restaurante cercano, ya que el motel ahora es regenteado por el desagradable Sr. Toomey (Dennis Franz). Norman no va a ser bien recibido en ese lugar ya que su pasado lo condena, pero eso no le importa a la joven y bella camarera Mary (Meg Tilly), que con algún problema personal termina acercándose cada día más a él y al poco tiempo termina viviendo en su casa. A partir de allí sucederán una serie de extraños asesinatos de los que nadie parece tener culpa, y misteriosos llamados con voces del pasado volverán loco de nuevo al de por si siempre inestable Norman.
Realizar la continuación de una de las películas más famosas de todos los tiempos suponía un desafío enorme con todo para perder, pero la dirección de Franklin y el atractivo guion de Holland saben explotar de forma positiva todas las referencias a su antecesora, y crean una muy buena muestra de terror psicológico. No solo el regreso de Anthony Perkins (gran actor, encasillado para siempre en este personaje) sino también aciertos en varias rubros, como la reconstrucción de la sombría casa de la colina y el motel (gran trabajo del diseño de producción para reconstruir el set de filmación en colores, ya que el inconsciente las tiene registradas en blanco y negro), la banda sonora de Jerry Goldsmith (Barrio Chino, La Profecía), la dirección de fotografía por parte de Dean Cundey (habitual colaborador de John Carpenter) y por supuesto un tono mas acorde a los años ochenta, con muertes más violentas a puro slasher (no podía faltar la parejita de novios que ingresa al lugar equivocado para tener sexo, un clásico de esa época del cine de terror).
Es interesante también el cambio de punto de vista de la historia por el paso de victimario a víctima del personaje de Norman (algo totalmente contrario a la continuación de la novela de Bloch, por lo menos hasta el final que asegura la continuación de la saga) y los detalles y diálogos del guion, bastante alejados de los filmes de terror de la época. Entre muchos momentos dos para destacar: el instante en que Mary lee la novela “In the belly of the beast” (En el vientre de la bestia) en la habitación de huéspedes de la casa de Norman, previo atranque de la puerta con una silla; y cuando Mary le dice a Norman: “Recuerda solo las cosas buenas de tu madre” a lo que este responde: “Los médicos del psiquiátrico se las llevaron”.
Luego de Psicosis 2 se hicieron dos secuelas más, Psicosis 3 (1986) dirigida por el propio Anthony Perkins (la más floja, tanto por la inexperiencia de Perkins en la dirección como por el cambio de tono de la historia), y Psicosis 4: El comienzo (1990) de Mick Garris (adaptador para TV de varias obras de Stephen King) que nos lleva a la infancia y adolescencia de Norman Bates. Imposible no mencionar el remake cuadro por cuadro realizado por Gus Van Sant en 1998, un experimento en colores que palidecía respecto al original al avanzar cada fotograma.



