
Indiana Jones y los cazadores del arca perdida – Así en la Tierra como en el infierno
El salto de Fe
Por Candela A. Povedano
La magia del cine hace posible que toda leyenda cobre vida, y también que un personaje se convierta en leyenda. Harrison Ford es el actor que dio vida al arqueólogo Indiana Jones en el año 1981, con la filmación de Indiana Jones y los cazadores del arca perdida (Riders of the Lost Ark, 1981). Desde aquí este justiciero investigador de las reliquias históricas, se ha convertido en un superhéroe sin capa y sin poderes sobrenaturales. Es solo un profesor con agallas. Sin embargo, previo a este personaje, el actor había personificado a Han Solo en la película Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza (Star Wars: Episode IV – A New Hope, 1977), abriendo su camino icónico en la gran pantalla, pero su desarrollo será para otra ocasión.
En el año 1989 se estrena Indiana Jones y la última cruzada (Indiana Jones and The Last Crusade, 1989) siendo nuevamente el director Steven Spielberg, producida por Robert Watts, George Lucas y Frank Marshall, siendo el guion escrito por Jeffrey Boam. Este rodaje comienza con un Indiana adolescente que, en una excursión con los boy scouts, descubre a un grupo de cazafortunas celebrar su hallazgo: una cruz antigua, la Cruz de Coronado. Ante sus impulsos de justiciero decide tomar la cruz y escapar con ella hacía el pueblo, para llevarla a un museo que -según él- es donde debería estar. Sin embargo, sus planes fueron intervenidos por la policía local y el jefe del grupo, contratado por un magnate millonario que indica ser el dueño legítimo. Seguido de entregarle la cruz sin ánimo alguno, el villano le regala a Indiana su sombrero de cuero con una frase que marcara un comienzo inevitable: “Hoy has perdido chico, pero no tiene por qué gustarte”.
Paralelamente, su padre Henry Jones (Sean Connery), no da lugar a lo sucedido y continúa su investigación sobre la ubicación del Santo Grial (copa usada por Jesucristo en la última cena). Veintiséis años después, Indiana es contactado por el millonario Walter Donovan donde asegura que tiene información sobre la ubicación del Santo Grial. Al instante, la risa del protagonista no tarda en aparecer, señalando la equivocación que el anfitrión había cometido, ya que el experto en este tema era su padre. Allí el millonario saca su as baja la manga informando que eso fue lo que hizo y que su padre desapareció en la búsqueda.
Realicemos un salto en el tiempo y ubiquémonos en el año 1999, en donde la industria del cine tuvo una inesperada evolución y revolución con el estreno de la película El proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999). Esta película de género suspenso y terror psicológico fue grabada con una técnica llamada “la filmación de procedimiento”. Esta última aprovecha la perspectiva visual y física de los protagonistas, siendo ellos mismos los “camarógrafos”, como si fuera un documental de investigación. Ante el éxito rotundo que tuvo la película, se lanzaron varios proyectos con ánimos de que está técnica persista. Y, siendo así, en el año 2014 se estrenó la película Así en la Tierra como en el infierno (As Above, So Below, 2014), dirigida por John Erick Dowdle, y protagonizada por Perdita Weeks (Scarlett) y Ben Feldman (George).
Scarlett es una arqueóloga con intereses obsesivos en la alquimia, como lo era su difunto padre. A raíz de esto, sus investigaciones la llevaron a recorrer partes del mundo sumamente peligrosos, principalmente, por la búsqueda de la piedra filosofal creada por el legendario Nicolas Flamel. Según manuscritos, está piedra es capaz de conceder la vida eterna (al igual que el santo grial), y fue enterrada junto a su creador en la ciudad de París, Francia. Siendo así, esta arqueóloga sin límites junto con su compañero Benji, encargado de filmar toda la investigación, viaja a la ciudad en búsqueda de su viejo amigo George para que puedan descifrar la ubicación exacta de la tumba. Este último descubre que, adentrándose ilegalmente en las catacumbas de París, encontrarían un túnel directo que los llevaría a su destino. Con un guía contratado y un equipo formado, la aventura da comienzo, la cuestión es: ¿a qué costo?
Las catacumbas de París se destacan por ser tenebrosas, ya que sus pasillos colapsan de cráneos humanos y gran parte es “zona inexplorable”. A medida que los investigadores avanzan, se topan con grupos de sectas realizando algún ritual, carteles de advertencias y sonidos extraños. Sin miedo alguno, el objetivo sigue en pie y el grupo continúa su camino. En consecuencia, luego de un derrumbe no premeditado y sin otra opción a la vista, la arqueóloga asume el rol de líder y decide continuar por un túnel no inspeccionado en décadas. La preocupación va en aumento cuando la primera inscripción tallada en la parte superior de la entrada remite a las puertas del infierno.
Dos películas de géneros opuestos con similitudes que pueden vincularlas, ante lo exhibido. Indiana Jones y Scarlett son dos arqueólogos que deben recorrer dos caminos diferentes para alcanzar un objetivo similar. En el primer caso, el camino es peligroso pero aventurero, con personajes torpes, un amor prohibido y una relación de padre e hijo como dupla humorística, sin descartar la profundidad de su relación. Indiana, por un suceso no premeditado, debe acceder a pasar por tres fases antes de llegar al santo grial. La más importante y destacable es la última: el salto de Fe. En cambio, en el segundo caso, el enfoque del camino es totalmente diferente. La atmosfera se hace pesada y oscura, hay muertes sobrenaturales en el camino, y cada uno de los explotadores deben enfrentar a sus peores pecados. Sin embargo, para encontrar la verdadera piedra filosofal era necesario enfrentarse a estas transiciones y, por último, para salvarse de las criaturas del infierno deben realizar: el salto de Fe.
Dos perspectivas diferentes de una situación, pero con el mismo fin. Scarlett fue la que se llevó la peor parte, siendo que vivió una realidad traumática para llegar a “eso” que tanto quería. Todo lo contrario, en el caso de Indiana, que su aventura se convertiría en una buena anécdota para sus alumnos. En conclusión, las leyendas cobran vida en el cine, sin embargo, su impacto depende de cómo lo veas.



