
Terminator – Sacrificio
Apuesta
Por Gabriel Conversano
Durante una conversación, Alejandro Reys (uno de los compañeros que escribe para este espacio creado por Los cuenta historias) planteó que el diálogo entre las producciones, lejos de ser una simple coincidencia o un mismo conflicto contado desde otra puesta, es mucho más profundo; esto ocurre de manera inconsciente y ejemplifica con lo siguiente. Los asesinos de la luna (Killers of the Flower Moon, 2023) de Martin Scorsese y El Clan (2015) de Pablo Trapero -salvando las distancias- son la misma película. El personaje de Leonardo Di Caprio y Peter Lanzani es el de un hombre atormentado que hace el mal conscientemente, todo coaccionado por una figura de autoridad interpretada por un actor de jerarquía como Robert De Niro o Guillermo Francella. Incluso va más allá, eh imagina que De Niro le compartió la producción argentina al cineasta estadounidense cuando coincidieron en el año 2014 en el festival de de Cannes. Por eso, la escena de la cárcel donde William Hale presiona a Ernest Burkhart está llena de similitudes con la de Arquímedes Puccio hablando con su hijo Alejandro en las mismas circunstancias.
Lo que indefectiblemente me llevó a plantearme fue lo siguiente: Terminator (The Terminator, 1984) de James Cameron y Sacrificio (Ofrret, 1986) dirigida por Andréi Tarkovski. ¿Son la misma película? ¿Cameron inspiró a Tarkovski? ¿Ambas tienen simples similitudes o realmente dialogan entre ellas? El fin de esta crítica será el poder contestar a estas incógnitas.
Para contar estas historias, Cameron y Tarkovski parten de un mismo concepto: el miedo a la guerra. Tanto para Kyle como para Alexander, los protagonistas de cada producción, este miedo es lo que los mueve a través del relato y los lleva a cada uno a su inevitable cambio. Ellos vivieron la guerra, saben de lo que esta fuerza imparable es capaz, del daño irreversible que ocasiona y también saben que es por algo a lo que no están dispuestos a pasar nuevamente, es por eso motivo que sin dudas ellos deciden sacrificarse por completo con el único objetivo de que este hecho tan atroz no ocurra.
Esta decisión para sus directores sin dudas habrá sido de todo menos fácil de tomar; ambos provienen de países en donde el conflicto armado es parte de su cultura, donde ambos se atribuyen el haber “ganado” el conflicto armado más grande que el mundo haya experimentado, pero, sin embargo, tanto Cameron como Tarkovski, logran dar un mensaje antibelicista muy claro.
Es en este punto donde la vida de los directores se cruza para entender que el “parecido” en las producciones va más allá de una simple coincidencia, porque para ambos esta producción significa mucho. Si bien este no es el primer trabajo del director canadiense, sí es el que lo posicionó en el circuito comercial y lo convirtió en la mega estrella que es hoy en día, pero lejos de ser el creador de algunas de las piezas audiovisuales más costosas del cine, en este caso su presupuesto fue mínimo y la venta de sus derechos por tan solo un dólar lo deja claro, pero mientras él apostó el todo por el todo, Gale Anne Hurd (su productora) cerraba el trato con Orion Pictures y es así como de ser camionero, comer hamburguesas que pagaba con vales y dormir de prestado en casa de amigos, Jamen Cameron se convirtió en uno de los directores contemporáneos más influyentes que están en actividad.
Por su parte, Tarkovski, ya llevaba realizados doce largometrajes hasta ese momento, con los cuales había logrado encantar a colegas y al público en general, crear un estilo y no depender de las grandes casas productoras para llevarlos a cabo. De todas esas ideas siempre tuvo en mente una, la de Sacrificio, la película que siempre soñó realizar según él. Para hacer esto posible, tendría un aliado inesperado, el reconocido director y guionista de cine y teatro Ingmar Bergman, que le brindaría su apoyo en la producción y sumaría al equipo de trabajo a Sven Nykvist, director de fotografía de gran parte de sus producciones. Con todo esto, Tarkovski se embarcó en esta empresa que lo llevó a Suecia, con actores que hablaban otro idioma, con otras estructuras de trabajo, pero con la misma pasión y contra todo pronóstico, logró contar una historia impactante que a día de hoy sigue vigente y despedirse del cine por la puerta grande.
Todo esto que a simple vista parece un dato trivial, pero lo que en realidad arroja es una reflexión sobre la importancia de las producciones en lo personal para cada uno de sus directores; uno luchando por entrar en el mercado y demostrar que es un nombre para tener en cuenta (que en 1997 quedó totalmente demostrado) y el otro intentando despedirse de la mejor manera posible Otro factor que crea el diálogo entre estas producciones es cómo sus directores reflejan el mundo onírico que existe en la cabeza de sus protagonistas, como así también el trabajo en efectos prácticos que es tan vital para cada uno de los relatos. Ambos personajes sueñan, estos sueños están unidos estrechamente a su conflicto, a su compromiso de irrenunciabilidad con el mismo y a su deseo de transformación.
Estas escenas están cargadas de fuertes simbolismos, su duración es perfecta para que comprendamos lo que es y nos permite entender mucho mejor esta histeria de guerra que Kyle y Alexander padecen. Mientras una representación es de pálidos blancos y negros intensos, la otra es gris, azul y violeta, con muchísimo ruido en su imagen, porque para ellos la guerra es tan incomprensible que es la manera que encontraron para reflejarla.
Por otra parte, los despertares de estos sueños siempre son abruptos y para nada placenteros, otra oferta es empatizar más con ellos. Ambas producciones tienen una escena icónica en la que toda su identidad mercantil está apoyada. Cuando a alguien se le nombra Terminator o Sacrificio la primera palabra que surge para ambas películas es: robot y casa en llamas. Todo esto es en parte gracias a un sueño y a una pesadilla.
Conocida es ya la historia de que Cameron sonó con un esqueleto de metal y, un poco menos, que Tarkovski llevaba toda su carrera queriendo realizar la escena de su vida, que es la que le da cierre a su último trabajo, pero en ambos casos esto se dio gracias al gran equipo que los directores tenían detrás. Por parte de Cameron, contó con Stan Winston, el cual planteó un nuevo paradigma en cuanto al trabajo en los efectos. Fue el responsable de llevar a cabo al exterminador, el cual estaba operado por varias personas.
Una escena con la cual tuvieron problemas es en la que un camión explota. Como no tenían el presupuesto suficiente para hacerlo con uno de verdad, se creó una maqueta. En el primer intento, cuando el camión tenía que volcar, el tren delantero se desprendió y el resto de la carrocería quedó en su sitio. Es así como tuvieron que reconstruir la maqueta y esta vez tenía que salir bien porque no tenían otra, pero por suerte se les dio. En cuanto a Tarkovski, la pregunta es: si en tu equipo tienes a Bergman, a Nykvist y a todo un batallón de profesionales comprometidos con la obra, ¿qué podría salir?
Para empezar, las órdenes del director fueron claras. El final es un largo tráiler, en donde Alexander corre entre sus allegados de un lado a otro, mientras su casa se prende fuego. La acción tenía como tiempo estimado de duración menos de dos minutos y debía hacerse con una sola cámara. Ante esto, Nykvist expresó que utilizar una sola cámara era muy arriesgado, teniendo en cuenta todos los factores: aire libre, caída de la luz, el fuego, el humo, los actores, el agua y los movimientos que el operador tenía que realizar, pero igual llegó el día y se rodó.
Una vez que la acción finalizó y se corroboró el material, Nykvist se armó de valor y le comunicó a Tarkovski que la escena salió mal. La escena que llevaba 10 años soñando realizar había salido mal, Tarkovski casi se pone a llorar. Pero lo intentaron nuevamente, luego de muchas discusiones, días de trabajo reconstruyendo la casa, una mañana se volvió a gritar acción y el resto es una de las mejores escenas del cine del siglo XX.
De esta manera es que una producción norteamericana de acción – ciencia ficción y otra europea de drama interactúan y dialogan entre ellas, abordan temas tan humanos como el miedo y la búsqueda de un mundo mejor. Contestando a las preguntas echas al principio de este texto, diría que ambas producciones son muy similares, que, si bien Cameron no inspiró a Tarkovski, en algún momento de su vida el destino los unió y que definitivamente Kyle y Alexander lucharon por un mundo mejor y a su manera lo consiguieron.


