¿Qué significa realmente estar vivo? Robert De Niro en Despertares Por Camila Arjemi Alvarez

Despertares (Awakenings, 1990) conmueve profundamente por su intensidad emocional y por la forma en que retrata con delicadeza la fragilidad humana. Más que una historia sobre medicina es una mirada íntima a la condición humana, a la lucha por la dignidad y al valor de cada instante vivido con plena conciencia.
La película está dirigida por Penny Marshall, una realizadora reconocida también por Quisiera ser grande (Big, 1988) y Los hombres de mi vida (Riding in Cars with Boys, 2001), Despertares está basada en el libro autobiográfico del neurólogo Oliver Sacks. El film adapta con respeto y sensibilidad los casos reales de pacientes que, tras haber caído en un estado catatónico durante décadas a causa de una epidemia de encefalitis letárgica, experimentaron breves “despertares” gracias a un tratamiento experimental con L-DOPA.
La película comienza con una escena ambientada en la Nueva York de los años 30, donde un grupo de niños juega sobre un puente de Manhattan. Uno de ellos es el joven Leonard Lowe (interpretado en su infancia por Anthony J. Nici), a quien vemos cómo empieza a manifestar los primeros síntomas de su enfermedad: temblores, espasticidad y pérdida progresiva del control de su cuerpo hasta quedar completamente inmóvil. La historia avanza rápidamente hasta 1969, donde conocemos al reservado y tímido Dr. Malcolm Sayer (Robin Williams), quien comienza a trabajar en un hospital del Bronx. Sin experiencia previa en el trato directo con pacientes, ya que había dedicado su carrera a la investigación de laboratorio.
A medida que avanza la trama, el Dr. Sayer (una versión ficticia de Oliver Sacks), observa patrones inusuales en ciertos pacientes del hospital, quienes, a pesar de parecer ausentes, muestran reflejos que sugieren alguna forma de conciencia. Intrigado por estos indicios decide probar en uno de ellos un nuevo tratamiento utilizado en pacientes con Parkinson, el medicamento L-DOPA. El elegido para probarlo es Leonard Lowe, ya adulto, interpretado por Robert De Niro.
El despertar de Leonard es uno de los momentos más impactantes de la película. Su retorno a la conciencia no es solo una recuperación física sino también una reconexión emocional y existencial con el mundo, luego de 30 años. Redescubre el habla, el movimiento, los vínculos humanos y el deseo de vivir. Una escena que refleja esto es cuando se mira por primera vez en el espejo, su expresión mezcla asombro, miedo, ternura y tristeza. Durante un momento contempla su reflejo como si no pudiera reconocerse del todo, como si intentara entender el tiempo perdido y la posibilidad de una segunda oportunidad. Además, por primera vez conoce el amor, cuando se vincula con Paula (Penelope Ann Miller), una joven que visita a su padre internado en el hospital. Los deseos de Leonard de llevar una vida normal y ser libre, generan tensiones con su entorno.
A medida que los pacientes responden al tratamiento, el hospital que antes era un espacio de silencio y abandono se llena de vida, esperanza y, finalmente, de aceptación. La escena que mejor ejemplifica esto es cuando se ve a cada paciente en movimiento: Miriam corre por el pabellón perseguida por una enfermera que intenta tomarle la presión. Lucy se dirige sin dificultad hacia la ventana, aunque cree que está en 1926. Rose, que tuvo una activa vida social, pide maquillaje y tintura negra para su pelo al verse desaliñada frente al espejo. Frances, de fuerte carácter aristocrático, le pide al Dr. Sayer que corte los frutales porque no le agradan. Bert, harto de la comida de siempre pide un menú especial.
La caracterización de Robert De Niro es profundamente conmovedora. A través de gestos mínimos y una transformación física impresionante, transmite no solo la fragilidad de Leonard sino también su humanidad. Esta actuación se aleja por completo del arquetipo de “hombre duro” que lo popularizó en películas como Taxi Driver (1976), Toro salvaje (Raging Bull, 1980), o Buenos muchachos (Goodfellas, 1980). Robin Williams, por su parte, ofrece uno de sus papeles más serios como un Dr. Sayer llenó de empatía y humildad. Su personaje además experimenta un despertar interno: de ser un científico aislado, se transforma en un médico comprometido con la vida emocional de sus pacientes.
La relación de Leonard con Sayer va más allá del vínculo convencional de médico y paciente. Su conexión da lugar a una amistad auténtica marcada por el respeto, la admiración mutua y la compasión. Leonard es el protagonista emocional y simbólico del relato mientras que Malcolm funciona como el canal narrativo que nos guía a través de los médicos. Juntos representan el mensaje central de la película: la vida vale la pena ser vivida y reconocida con dignidad.
Obtuvo tres nominaciones, como mejor película, mejor actor principal (Robert De Niro) y mejor guión adaptado (Steven Zaillian).
Despertares nos invita a mirar con otros ojos a quienes consideramos que están ausentes, a valorar cada instante y a preguntarnos si estamos verdaderamente despiertos en nuestra propia vida.
