Caracortada: Say hello to el precio del poder Por Leandro Magallanes

En tiempos de remakes, secuelas, precuelas y la mar en coche, casi todas fallidas, por no decir el 99%, Brian de Palma hizo en la década de los 80´s una adaptación de Caracortada (Scarface, 1932) de Howard Hawks, la cual se basa, levemente, en la historia de Al Capone en los Estados Unidos. Aggiornando aquella historia, De Palma junto a Oliver Stone (al que el primero prácticamente le da el crédito de la idea en su documental homónimo) la transforman para llevarnos hacia otro lado, empezando desde lo que se llamó “el éxodo del Mariel”, un movimiento en masa de cubanos que emigraron hacia los Estados Unidos, en un acuerdo diplomático entre ambos países. El director, en una sabia decisión, no apela a la nostalgia ni a extender un universo, sino utilizar un clásico del cine ya existente y hablar de la actualidad de cuando fue estrenada la película.
Comenzando por ese evento, De Palma introduce al personaje de Antonio “Tony” Montana, un cubano que está migrando a los Estados Unidos, donde parte de su familia, madre y hermana, ya viven actualmente en ese país. Es una de esas películas que empiezan y empezaron: al principio de la película podemos ver cómo es tratado Tony por las fuerzas de los Estados Unidos, donde lo interrogan y lo acusan de cosas que tal vez hizo (o no), pero sin prueba alguna en un acto racista por parte de dichas fuerzas.
Brian De Palma, el cual dentro de su filmografía cuenta con homenajes claros a otros cineastas, en Caracortada los sigue utilizando para construir y contar su historia. Cuenta con una banda de sonido compuesta por Giorgio Moroder, recurso que utiliza el director para empalmarlo con el guión de Oliver Stone (con vasta experiencia sobre películas históricas), logrando homogeneidad, dónde se siente que camina todo de la mano y que coexisten naturalmente.
La Caracortada de Hawks
En la película de Hawks, el personaje principal, Tony Camonte, sufre del análisis moral de la época con el Código Hays en su esplendor, donde, entre tantas restricciones al arte, los personajes malos debían sufrir un castigo al final sin explorar mucho más. Dicho Código, un conjunto de reglas de autocensura que forzaba la producción de películas en Hollywood desde 1930 hasta 1968, prohibía la representación de contenidos que se consideraban moralmente incorrectos, como la violencia, la sexualidad y el uso de drogas. Como resultado, los directores de cine y productores se veían obligados a encontrar formas creativas de eludir el Código, a menudo utilizando simbolismos o planos sugestivos para expresar sus ideas.
En contraste, en la película de De Palma, también el personaje principal, en este caso Tony Montana, sufre un final trágico, pero es castigado de otra forma. En lugar de ser castigado por la ley o por la moral, Montana es víctima de sus propios errores y decisiones.
La Caracortada de De Palma
En esto de la moralidad trabaja mucho el director estadounidense, tanto en su filmografía como en Caracortada; no juzga a sus personajes, sino que los cuenta como son, con sus errores y virtudes. De hecho, la película recorre el camino del héroe, pero con un cambio interesante: es un villano, impreciso, algunas cosas le salen bien, pero otras muy mal. Y de esas que le salen mal, hay algunas que terminan así por no ser del todo un villano malo malísimo. Por ejemplo, cuando le ordenan asesinar a un hombre que va en contra de los intereses de los narcotraficantes con los que trabaja Tony, él termina reculando, ya que observa que este blanco al que deben asesinar explotando su auto, lleva consigo a su familia quienes ve como inocentes y se niega a asesinarlos
Sin embargo, hasta acá parece que es una película dramática donde un personaje es malo y listo, pero la película tiene un tono de comedia muy particular y depalmeano, además de lograr que conectemos con un personaje siniestro, en el que podemos llegar incluso a decir “quiero que le vaya bien”, y esto no es poco ni fácil de lograr. Y, a pesar de ser tachada como una obra que da una visión sesgada de los cubanos (algo difícil ya que un personaje de una película no representa una cultura ni un país, pero es otro tema) dentro de la misma trama nos encontramos que los mismos compatriotas de Tony Montana lo critican, incluso su madre, que le dice que deja mal parado al pueblo cubano con sus justos reclamos.
Tony y las mujeres
Brian De Palma, tiende a despertar polémica con sus personajes femeninos, y Caracortada no queda fuera de aquella discusión. Sin embargo, la verosimilitud en el desarrollo de los personajes femeninos es muy precisa, y es por eso que llama la atención. El personaje de la hermana de Tony, Gina, es una mujer que toma sus propias decisiones, aunque hasta cierto punto: dentro de su entorno de violencia y pobreza, termina “cayendo” y entabla relaciones con gente no muy agradable, gente muy parecida a Tony, claro. A pesar de tener una fuerte personalidad, no puede escaparle a su destino.
También tenemos al personaje interpretado por Michelle Pfeiffer, Elvira, que si bien parece tomar sus propias decisiones, termina siendo controlada por el elemento principal de esta película: la cocaína. La adicción controla su vida, y, a pesar de haber sufrido relaciones abusivas y violentas, ella decide igualmente quedarse, ya que le permiten vivir el estilo de vida que busca. No hay una glorificación de estos personajes bajo ningún punto, y tampoco se los juzga, sólo se los muestra como son. No son personajes femeninos pasivos, y, a pesar de tomar sus propias decisiones, hay un poco de intención en mostrarnos que esas decisiones son dentro de su entorno, y, por ende, limitadas.
Controversias
Así como con la construcción de personajes femeninos y sus controversias, De Palma también tuvo muchas críticas sobre su película, empezando desde el sistema de clasificación poniéndole un rating X (algo que es inentendible) alejando a mucho público en el momento de su estreno, hasta críticas sobre la glorificación del mundo gángster. Lo que tal vez no se entendió, es que en la película no hay glorificación de ningún tipo: Tony es una persona mala (con retazos de límites), que hace cosas malas, y termina mal. Su personaje es castigado pero no por la moralidad, sino por sus propias y malas decisiones, decisiones que incluso afectan a todo su círculo más íntimo: yendo desde cualquier persona con la que entabla un vínculo laboral (traiciona a todos sus jefes y colegas), asesina a su mejor amigo porque estuvo con su hermana Gina, a su madre la maltrata y no la escucha, y la mujer con la que se casó, Elvira, nunca llegó a tener un vínculo que los una más que las adicciones.
Las influencias que dejó
El legado de Caracortada se extiende más allá del mundo del cine. Su influencia se puede ver en una amplia gama de medios, desde videojuegos hasta programas de televisión.
En el mundo de los videojuegos, Caracortada fue una importante fuente de inspiración para títulos como Grand Theft Auto: Vice City (2002) y Payday 2 (2013). Estos juegos se basan en gran medida en la estética y la atmósfera de la película, y cuentan con personajes y escenarios que recuerdan a los de Caracortada.
En cuanto a la televisión, Caracortada influyó en series como Breaking Bad (2008-2013) y Better Call Saul (2015-2022). Ambas series cuentan con personajes complejos y moralmente ambiguos, similares a Tony Montana y al universo Scarface. De hecho, Breaking Bad cuenta con dos actores que también aparecieron en Caracortada: Mark Margolis y Steven Bauer.
La influencia de la película también se puede ver en la moda. El estilo de Tony Montana, con sus trajes llamativos, sus joyas extravagantes y, especialmente, sus camisas floreadas, fue imitado por celebridades y personas de todo el mundo.
Caracortada es una película que dejó una marca indeleble en la cultura popular. Su influencia se puede ver en una amplia gama de medios, y es probable que siga inspirando a artistas y creadores durante muchos años más. Sin embargo, esa influencia llegó muchos años más tarde, y, la película, a pesar de haber tenido buenos números en taquilla en su estreno, su valorización llegó mucho después. Lo cual, finalmente, nos habla de la apreciación de la crítica y del público que, con el paso del tiempo, supieron reconocer su calidad y su importancia en la historia del cine. Algo similar a lo que le pasó a El ciudadano (Citizen Kane, 1941) de Orson Welles, pero eso es para otra historia.


