
Carlito´s Way: Un favor te mata más rápido que una bala por Luciano Cundino

Carlito’s Way (1993) fue la segunda y última colaboración entre Brian De Palma y Al Pacino. La primera vez había sido en la brutal Caracortada (Scarface, 1983), una película que a su vez fuera un remake de la mítica película de Howard Hawks (1896-1977) del mismo nombre, la cual estaba contextualizada en tiempos de la “ley seca”, periodo en el cual la comercialización de alcohol era prácticamente un delito. El remake que realizó De Palma estaba igualmente ligado al mundo delictivo pero tocaba temas como la inmigración y el narcotráfico en la Miami de la década de 1980.
La película anteriormente citada traza claros paralelismos con Carlito’s Way por varios elementos, pero hay un punto en particular que los separa ya que Caracortada narra el ascenso y caída de un narcotraficante y por otro lado Carlito’s way, estrenada exactamente diez años después, comienza con un ex líder narco de nombre Carlito Brigante (Al Pacino), quien recupera la libertad luego de pasar varios años en prisión y cuya aspiración es rehacer su vida alejado todo tipo de negocio ilegal.
Algunos años antes, más precisamente en 1990. Se estrenaría El rey de Nueva York (King of New York, dirigida por Abel Ferrara y protagonizada por Christopher Walken. Una película que sería ideal para un doble programa con Carlito’s Way ya que al igual que esta, El rey de Nueva York comienza con la puesta en libertad de un capo criminal llamado Frank White (Christopher Walken) quien, a diferencia de Carlito que busca una vida tranquila alejado de las malas calles, Frank busca ascender nuevamente en la ciudad con mucha más fuerza, empleando más violencia e intimidación con el objetivo de volver a la cima y controlar todo.
Ambos largometrajes retratan la ciudad de Nueva York de una manera oscura y hostil en donde el peligro está a la vuelta de la esquina. Los personajes que rodean tanto a Carlito como a Frank son en su mayoría, lacayos y asesinos y pocos son realmente fieles a su líder. Frank White abraza ese peligro, incluso parece disfrutarlo y no manifiesta ningún tipo de temor. En este sentido, la puesta en escena de Abel Ferrara es misántropa y nos abre la puerta para cuestionarnos como espectadores si debemos o no sentir empatía por Frank. Todo lo contrario de lo que puede sucederle al espectador con Carlito Brigante, un personaje que Brian De Palma construye generando una cercanía con el espectador.
La decisión de Brian De Palma es ubicar al protagonista como narrador en primera persona para profundizar un poco más en la psiquis del personaje desde que inician los títulos de crédito. Algo que en cierta forma nos va a permitir vislumbrar que el camino de Carlito en libertad no será nada sencillo. Como así también su relación con su abogado y amigo Dave Kleinfeld (Sean Penn), a quien Carlito estima y siempre se sentirá en deuda por haberlo ayudado a salir de la cárcel. En un intento por mantenerse alejado de la violencia que impera en las calles, aceptara un trabajo como gerente de un club nocturno propiedad de Reinaldo Saso (Jorge Porcel), en la cual sería su última interpretación. No tiene muchos minutos en pantalla pero los necesarios como agregar un aspecto anecdótico de la película y quien, indirectamente incidirá en algunos actos posteriores de Carlito.
Dentro de todo el amenazante contexto que lo rodea, será un antiguo amor, Gail (Penelope Ann Miller) la persona que en cierta manera humaniza en profundidad al personaje de Pacino. Su “cable a tierra”, un personaje atormentado por una duda tajante, basada en confirmar si Carlito alguna vez asesinó. Para introducir a Gail en la historia, De Palma efectúa un gesto autoral típico de su cine, el voyerismo, que a su vez remite al realizador que más influyó en su carrera, Alfred Hitchcock (1900-1980).
Con la finalidad de ser un poco más minucioso, estoy citando una escena clave en la cual Carlito observa, ventana mediante, a Gail en una clase de danza. A lo largo de todo el metraje, cada toma de Al Pacino observándola denota una sensación de rendición plena hacia ella, la cual tiene el poder de apartarlo, de manera metafórica, de todo el peligro que aún lo rodea.
Otro ejemplo de reminiscencias con las diversas obras de Alfred Hitchcock es el momento en el cual el personaje de Sean Penn finaliza su visita a un cliente y es amenazado por el mismo. La escena nos permite visualizar al abogado sufriendo una crisis que le provoca un leve desvanecimiento hacia el suelo y el plano siguiente se ubica desde el punto de vista de Kleinfeld, quien al intentar reincorporarse permanece observando casas, botes y la costa. Este plano puede relacionarse directamente con los empleados por Alfred Hitchcock en la película Los pájaros (The Birds, 1963), cuando el personaje de Tippi Hedren cruza en bote un lago.
Una escena clave que puede definir y nos permite reconocer algunos rasgos del estilo de Brian De Palma combinándolo con su referente principal es, sin lugar a dudas, la secuencia final de Carlito’s Way en la estación de tren. La sincronización de tomas y el manejo del suspenso que orquesta en la persecución que ejercen los mafiosos sobre Carlito. Una secuencia que genera un clima de tensión constante, asemejándose con la secuencia que podemos apreciar en su obra Los intocables (The Untouchables,1987). Es imposible no ver estas escenas sin que nos causen sensaciones similares. La imagen de Al Pacino descendiendo en la escalera mecánica mientras a su lado suben los sicarios es igual de inquietante y genera una ansiedad superlativa digna de equipararse con la secuencia del carrito del bebe descendiendo por las escaleras de la estación en Los intocables.
Para concluir, Carlito’s Way es un contundente drama con varios momentos de suspenso dignos de su realizador que remite no solamente a obras pasadas de De Palma, sino también a rasgos de estilo al maestro del suspenso quien, directamente sería precursor y el modelo de referencia a lo largo de toda la filmografía de Brian De Palma.


