La máscara: Mezclando un traje amarillo con Carl Jung Por Erica Zu Werra

Generalmente cuando se piensa en comedia, es probable que un gran porcentaje de personas piensen en las clásicas películas con chistes tontos, fáciles y típicos del humor yanki desencadenando en la frase “no me gusta la comedia”. Pero si se empieza a indagar en profundidad, seguramente algunas de esas mismas personas no estaban considerando entre sus opciones películas románticas, infantiles, fantásticas e incluso de terror. Y eso es por la asociación que mencionábamos al principio que es real y no tiene nada de malo, pero que a su vez simplifica y recorta la lista.
Nadie puede dudar de que La pistola desnuda (The Naked Gun: ¡From the Files of Police Squad!, 1988), Locademia de policía (Police Academy, 1984) o Scary Movie: Una película de miedo (Scary Movie, 2000) son comedias, nos guste o no sus chistes. Pero tampoco se puede dudar de que Mi pobre angelito (Home Alone, 1990), Volver al futuro (Back to the future, 1985) o Gremlins (Gremlins, 1984) tambien lo son, incluyendo momentos dramáticos y convirtiéndose en grandes historias.
La comedia muchas veces ayuda a tratar temas difíciles que resguardados con situaciones graciosas nos hacen apaciguar lo que acabaos de ver minutos antes, por ejemplo, después de ver la muerte de Mufasa en el Rey León (The Lion King, 1994) vemos a una dupla inolvidable que se encuentra con Simba y debaten si se quedan a un cachorro de león como mascota. Si bien nunca olvidaremos la muerte, al ritmo de hakuna matata, entendemos que es parte de la vida.
Nuestra amiga la comedia puede filtrarse en todo tipo de tramas, como la psicología y la transformación de la personalidad con ayuda de la magia. Aquí es donde llega La máscara (The Mask, 1994). De la mano del director Chuck Russell conocimos a uno de los personajes mas celebres del género y quien posiblemente le dio gran popularidad a su protagonista Jim Carrey, interpretando a Stanley Ipkiss, un bonachón que trabaja en un banco y que una noche, en que todo le sale peor de lo habitual, encuentra una máscara antigua que le dará ciertas habilidades.
Ipkiss es un joven con el que empatizamos casi al instante, soltero, trabajador, con pocos amigos y con un jefe que aprovechando que nunca va a responder lo humilla delante de todos. Vive solo en compañía de su mejor aliado, su perro Milo, es fanático de las caricaturas clásicas y es un romántico que quiere encontrar a su media naranja. Aquí es donde aparece Tina, interpretada por una debutante en la actuación, una desconocida Cameron Diaz. Una mujer inalcanzable para alguien como Stanley y encima, en pareja con el villano de esta historia, un mafioso llamado Dorian Tyrell (Peter Greene).
En la noche que todo sale mal, Stanley no puede entrar al boliche Coco Bongo, se le rompe el auto y queda varado en el medio de un puente pensando en todo lo que esta equivocado en su vida, es el momento de quiebre que hará que comience su transformación. Una mascara de madera aparece en las rocas que pasan por debajo del puente, luego de haber estado miles de años en el fondo del mar.
Ya en su casa y casi como llamándolo – al mejor estilo con el anillo a Frodo en El señor de los anillos (The Lord of the Rings)- se pone la máscara y se convierte en su alter ego, un ser de cara verde con poderes sobrenaturales que puede hacer muchas cosas, pero sobre todo imponerse a las dificultades y reírse en el proceso. Esa es la primera vez que vemos a Jim Carrey con el traje amarillo, que luego sería icónico, demostrando todas las capacidades corporales y faciales que tiene para interpretar este papel, lo que logró incluso que el estudio ahorrara mucho dinero porque no les fue necesario usar tantos efectos especiales para sus expresiones.
Volviendo a la historia, luego de este primer despertar de Stanley, poco a poco comienza a recordar lo sucedido después de ponerse la mascara y busca ayuda en el Dr. Neuman, al cual escuchó hablar en televisión, pero con el pequeño detalle de que el doctor no hablaba de máscaras literales, sino conceptuales.
Y aca es donde nos encontramos inesperadamente con Carl Jung y su teoría arquetípica. El señor Jung fue un importante psiquiatra y psicólogo suizo que justamente al igual que el Dr. Neuman, nos plantea que el ser humano utiliza diferentes roles para funcionar en sociedad. Menciona cuatro tipos de máscaras y podríamos decir que en la vida de Stanley observamos con claridad al menos dos de ellas: la persona, que es quien dice quien debemos ser todos los días, fingiendo ser alguien que no se es y la sombra, que es quien nos confronta con las actitudes y acciones que realmente deberíamos tener, pero que al hacerlo nos enfrenta con aspectos que no queremos reconocer de nosotros mismos, lo cual sucede cuando se convierte en el ser verde.
La mascara no lo transforma en una mala persona, su sombra le pide, por el contrario, que se suelte, que se divierta, que no deje que lo pasen por arriba, aunque esto lo haga de forma extravagante y lunática. Es un personaje que no deja de ser bueno a medida que toma confianza. De hecho, cuando no la esta usando, Stanley comienza a tener destellos de lo que logra en sí mismo cuando si lo hace.
Este camino que hace lo podríamos bautizar como “el camino del héroe”, en donde ese personaje que empieza siendo un don nadie al que todos pisotean va transformándose, tomando confianza y se da cuenta que puede hablar, luchar e imponerse a los maltratos convirtiéndose en una persona segura que logra sus objetivos sin lastimar a nadie y en el medio incluso, salvar a alguien más aparte de sí mismo.
Esto mismo lo podemos observar en otra película cómica donde el personaje de Brendan Fraser tiene características muy similares a las de Stanley, hablamos de Al Diablo con el Diablo (Bedazzled, 2000). Aquí tambien el protagonista por medio de algo fantástico logra ir madurando su personalidad y deja de ser el “idiota” al que todos usan.
Focalizando en el uso de la mascara literalmente, tambien vemos que cuando la persona que la utiliza tiene un alma ruin y malvada no bloquea esa personalidad, es mágica pero no tanto. La máscara deja aflorar las cosas buenas y malas del ser más profundo de quien la utiliza, ya que cuando la misma cae en las manos del villano, su personaje es totalmente diferente a nuestro héroe. Su deseo de poder y dinero hacen que las habilidades que se le dieron las use solo para hacer el mal, aquí no hay una transformación positiva.
Por supuesto para Stanley termina todo bien, y el público quería que así fuera porque el buen tipo a veces tiene que ganar, aunque sea en la ficción. Porque además vemos que saco el mejor provecho de este camino, se podría haber quedado con la mascara para su beneficio, pero prefirió vivir en la legalidad entendiendo que lo atravesado fue solo para llegar a ese fin.
Habiendo llegado hasta aquí, queda claro que las comedias no solo son divertimento vacío o si y eso tampoco está mal. Pero si queremos ir a buscar un poco más, es un género que tiene mucho para darnos si sabemos dónde buscar, lo único que hay que hacer es ponerse la mascara y dejar que nuestra sombra, al menos por un rato, nos marque el camino.


1 Comentario
Excelente análisis. Me parece muy acertado, además que se hace mención de una película que tiene un contenido muy interesante y en la cual se vislumbra el papel del diablo (como aquello que desata tu sombra) como parte de un plan para integrar y equilibrar al personaje principal. Enhorabuena. Saludos.