Polyester: Nos reímos con ellos, no de ellos Por Leandro Magallanes

Comenzando a partir de este concepto, tenemos que hacer un pequeño resumen de quién es John Waters, director de Polyester (1981), y también de quiénes son los Dreamlanders. John Samuel Waters Jr., más conocido como John Waters, es, entre otras cosas, director de cine, que llegó a ser conocido por su pseudo-trilogía “Trash Trilogy”, en la cual se incluyen Pink Flamingos (1972), Problemas femeninos (Female Trouble, 1974) y Viviendo desesperadas (Desperate Living, 1977), películas que merecen textos por separado. Waters jugó mucho con la provocación más que nada en sus inicios, sin dejar nunca la comedia negra afuera. Por otro lado, los Dreamlanders, término que surge derivado por el nombre de la productora Dreamland Productions, están compuestos por mayoría de vecinos y amigos (muchos de ellos sin experiencia artística de ningún tipo) del director en Baltimore, su ciudad natal, que es muy importante en su obra, ya que prácticamente todas sus historias transcurren ahí.
Transición al mainstream
Luego de haber trabajado sobre esta pseudo trilogía -y sin pensarlo como tal ya que no es una saga marketinera- Waters dirigió Polyester, un largometraje mucho más amable que los anteriores, pero en términos ambiguos, ya que sigue presente la cuota de comedia negra que incluye en toda su obra junto a la provocación, pero con otro tono. En este trabajo, en donde podemos notar (luego) que comienza una nueva etapa de Waters que lo llevaría a la popularidad con películas como Hairspray (1988) o Llora nena (Cry-Baby, 1990), el realizador cuenta la historia de una ama de casa tradicional, sostén emocional de toda la familia, y al servicio de todos. Además de dejar en evidencia la cultura machista que rodea a la sociedad de aquél entonces, elige que la protagonista sea nada más y nada menos que Divine, musa de Waters y muy importante en su obra.
Francine ‘tradwife’ Fishpaw
En este largometraje, Divine interpreta a una especie de Elizabeth Taylor sufrida y exagerada, llamada Francine Fishpaw. Francine es castigada durante toda la película y absolutamente todo le sale mal, empezando desde su marido infiel, que la engaña con su secretaria del cine porno donde él es dueño, y hasta incluso el perro de la casa se suicida colgándose de la heladera. Asimismo, tiene que lidiar también con sus hijos, los cuales tienen, por así decirlo, algunos inconvenientes en su desarrollo: la hija es un poco rebelde, y el hijo tiene un fetiche algo extraño con los pies, algo que Waters ya había tocado en Mondo Trasho (Mondo Trasho, 1969) y vuelve a retomar.
Sin embargo, no todo es color negro para Francine ya que, a pesar de todo, cuenta con la única persona que se preocupa realmente por ella, que es su amiga Cuddles. Interpretada por la querida Edith Massey, muy amiga de John Waters y que comenzó su carrera actoral de su mano (y que sólo continuó así dado que no trabajó con otros directores), ya que Waters la conoció en un bar de Baltimore, donde ella era camarera ahí. En un intento de paralelismo con la vida real, Cuddles era sirvienta en la casa de Francine, y, luego de una herencia que le cayó del cielo se hace millonaria, y no se olvida de la única persona que la trató bien siempre: su ex patrona.
Lo más interesante que propone el realizador sobre este personaje, es la normalización de que sea tomada como mujer ama de casa durante toda la película, y en ningún momento se haga mención si es hombre o no, cosa que, en manos de otro director, probablemente se tome el enfoque por otro lado.
Mundo Waters
En este caso, a Waters no le interesa el enfoque explotativo de la historia trágica de un personaje travesti, sino que, a través de la construcción de lo que podría ser un universo paralelo a nuestro mundo real, realiza una crítica social muy interesante, normalizando cosas que no lo son en nuestro mundo, y sin embargo dejando en ridículo cosas que sí están normalizadas en este lado. De hecho, la normalización de Divine como ama de casa incluye hasta la religión católica, dónde acude a la iglesia para convencer y evitar que su hija aborte un hijo no deseado.
La exageración que propone Waters en el tono de la película nos permite reírnos de las situaciones propuestas y no de los personajes, que son tratados siempre con mucho afecto desde la realización, pero obviamente no desde la puesta en escena, donde es necesaria la ridiculización para contar la historia de la película.
Dentro de este mundo Waters, con su ojo crítico y seguramente con mayor información que el público general, elige a Tab Hunter para ser el galán e interés romántico de Francine, y también cantando la canción homónima del título de la película al comienzo de la misma, escrita por Debbie Harry. ¿Por qué mencionar su ojo crítico? Porque Tab Hunter luego reconoció ser homosexual y que siempre le costó reconocerlo en la época de su mayor esplendor, cosa que también le sucedía a Anthony Perkins, con el que, casualmente, afirma haber tenido una relación. Con esta información y con el diario del lunes, podemos creer que Waters ya lo sabía, y le dió la oportunidad en esta película de expresarse, aunque sea un poco.
Deshilachando el poliéster
En contraposición con sus obras anteriores hasta entonces, donde fue muy importante la transgresión o la provocación más que otra cosa, en Polyester apunta a reírse sobre los dogmas de la sociedad normal, dejando en ridículo a emblemas como la iglesia, los ideales religiosos, e incluso a la cultura norteamericana de la época, con solo presentar las situaciones y sin la necesidad de trazo grueso. De hecho, no por nada Waters eligió ese título para la película, podemos entender al poliéster como algo sintético, falso, que puede encapsular a la idea que tuvo para el largometraje, como algo artificial y copia barata de algo mejor, siempre con un tono satírico. La idea de Waters de acercarse más al público general no es incorrecta desde el punto de vista cinematográfico, incluso con Mamá, asesina serial (Serial Mom, 1994) donde la construcción con personajes aparentemente normales va al extremo (y en aquella película, con un tono más comedia tradicional estadounidense). Si surge cierto interés y gusto en estas películas, seguramente lleven a ver su obra anterior y a entenderlas con un mayor contexto. Y, aunque el poliéster tiene sus partes negativas, así como Waters ve lo bueno en lo malo, este material textil es resistente al paso del tiempo, un poco como la obra del querido director.

