
Damián García: El cine entra en su casa Por Tamara Rey
Nacido en 1979 en la Ciudad de México, Damián García hizo fotos desde niño, «fotos raras» como lo describe su amigo y director de cine José Luis García Agraz. Inmerso en un ambiente artístico supo desde pequeño quería ser cinefotógrafo. Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) en México y luego se especializó en Dirección de Fotografía en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña. Admirador de directores de fotografía como Sven Nykvist, Nestor Almendros y Gordon Willis. Su primera participación fue en un programa de óperas primas que realizaba el CCC, Más que nada en el mundo (2006). Ganador de los Premios a Mejor fotografía en el XXXII Festival Internacional de La Habana por Chicogrande (2010) de Felipe Cazals, Mejor fotografía en los Premios Ariel y en El Festival de Tribeca por Güeros de Alonso Ruiz Palacios (2014) y el Premio Ariel a mejor fotografía por Ya no Estoy Aquí de Fernando Frías de la Parra.
Un oficio como el de un zapatero
Damián García desprende una improvisada metáfora de la idea del oficio de ser fotógrafo como lo es ser zapatero en los cuales no es tan fácil de teorizar, sino que se practica, trabajarlo para poder entenderlo. Clases de laboratorio y física como la libertad de experimentar y trabajar en equipo han sido gran parte de su aprendizaje. García es el encargado de iluminar y la toma de vista de la cámara, atreverse y encontrar junto al director la manera visual de cómo contar la película. Piensa no tiene un estilo con características distintivas que harían alguien dijera «eso debe haber sido filmado por Damián García», considera no podría anteponer sus propias reglas estéticas a las de una película, de ésta depende la esencia de su realizador y de un productor que también genere proyectos y tome riesgos. Son un equipo, «el cine está muy bien inventado, cada uno se ocupa de algunas cosas» concluye Damián enfocando en el valor y responsabilidades de cada uno, en el departamento de fotografía el primer asistente se encarga de las ópticas y el foco, algo tan sutil y milimétrico que no puede fallar, una imagen fuera de foco puede tergiversar un punto de vista narrativo o condicionar un encuadre. A su vez, en el departamento de iluminación el gaffer es quien coopera junto a los eléctricos a seleccionar los equipos para iluminar lo propuesto por el director de fotografía.
Recapitular la era analógica
Si bien lo digital -inevitable por cierto- conforma un asombroso universo de control y resoluciones inmediatas, contradictoriamente García siente hay algo en la textura del cine y en su manera de reproducir las cosas que es irremplazable, «extraño esa falta de inmediatez y ese misterio del proceso químico de la película» expresa Damián, tan comprensible su impresión cuando el séptimo arte nace de la magia. Continúa arriesgando una reflexión sobre el altísimo costo que existe entre filmar en cine o video donde en la primera la concentración es absoluta sabiendo son haluros de plata lo que está dando vueltas dentro la cámara. Un relato anecdótico y de una simpleza magnífica es por uno de sus directores Felipe Cazals, quien resalta por un lado la seguridad de García en el rodaje del western Chicogrande (Selección Oficial e Inauguración del 58 Festival Internacional de San Sebastián), y por otro se remonta a los ´70 donde recuerda eran acompañados por técnicos que eran como artesanos por su sabiduría para manejar una cámara que pesaba 60 kg. y al tomar una decisión: «no podías decir diez minutos más tarde, puta me equivoqué, va allá, porque todo el staff se daba cuenta si sabías o no lo que querías».
Creer en las obras
En La vida precoz y breve de Sabina Rivas de Luis Mandoki, Sabina Rivas (Greisy Mena) es una adolescente que debe prostituirse para sobrevivir, una víctima de la pobreza y la migración económica. La película muestra la violencia en contra de los migrantes, la dificultad para atravesar fronteras y rehuir de las maras, grupos de criminales que se dedican a la venta de drogas, armas, secuestro, robo y asesinatos por encargo. García menciona lo complejo de filmar las escenas en trenes en movimiento con tantos extras y muchas cosas pasando alrededor. Tomar una distancia con la lente de la cámara, como en un western donde la distancia y el espacio determinan la acción y ésta a los personajes, para exhibir en un plano general a «los tatuados» violentando a quienes intentan ser libres es verdaderamente estremecedor.
El infierno escrita, producida y dirigida por Luis Estrada, fue uno de los proyectos más crudos del cine mexicano, de clasificación C, fue la más taquillera y se mantuvo por 12 semanas en cartelera. Benny (Damián Alcázar), un hombre que regresa a su pueblo después de 20 años, tras ser deportado de Estados Unidos, se entera su hermano menor fue asesinado. El narcotráfico, el crimen organizado y el poder destinan al personaje principal a involucrarse implícitamente a un grupo del cartel para salvar su familia. Una escena impresionante sucede en la ceremonia del Grito de la Independencia donde asiste el Presidente Municipal quien es nada menos que el jefe de la mafia, Benny aparece de espaldas entre la multitud acercándose al escenario, camuflado entre celebradores y fuegos artificiales la cámara tomará el tiempo sensato para presentarlo a él de frente a la pantalla en un plano mas cerrado, con poca profundidad de campo, solo él y su ametralladora tomando represalia y mediante un alud de sangre alcanzar su propia venganza.
Ambientada durante la guerra contra el narcotráfico en México a finales de los 2000, Ya no estoy aquí narra la historia de Ulises (Juan Daniel García Treviño), un joven amante de la cumbia rebajada, expresión artística unificadora de la cultura urbana colombiana y mexicana. Amenazado de muerte tras un ataque entre carteles de Monterrey y otros barrios populares de Nuevo León se ve obligado a huír y cruzar ilegalmente al barrio Queens de Nueva York. El color, la danza y la música subyacen, de manera brillante, como bastidores que ilustran la lucha de una sociedad por el sentido de pertenencia e identidad. La película fue rechazada en varias ocasiones por no cumplir con las expectativas de una producción sudamericana con un contexto fílmico de violencia y narcotráfico, aun así fue considerada mejor película en el Festival de cine de Morella, ganó el Premio Ariel y el premio Pirámide Dorada a la mejor película en el Festival Internacional de Cine de El Cairo. Fue seleccionada para los Premios Oscars en 2021.
Güeros, Tomás (Sebastián Aguirre Boëda) es enviado por su madre a Copilco donde vive su otro hijo mayor Sombra (Tenoch Huerta), éste junto a su compañero de licenciatura y a causa de la huelga universitaria (el film hace referencia al conflicto de la UNAM en 1999) se la pasan allí haciendo ocio. Ya instalado Tomás, deciden intentar encontrar al artista que oían en su infancia Epigmenio Cruz, un roquero de los ´70 que evoca recuerdos de los hermanos con su padre. El filme rinde homenaje al intérprete y compositor Agustín Lara, las canciones funcionan como puentes que van delineando una época pasada y una juventud en búsqueda de una identidad. Damián García explica lo difícil de plasmar en imágenes una ciudad tan contaminada de ruido y color, decidieron editarla en un contraste bajo de blanco y negro y lograron una combinación de cámara y óptica con la escala de grises deseada. Las sombras reflejan el punto de vista del niño, sus miedos y lo desconocido como algo gigante y oscuro, así como paradójicamente en una primera escena la sombra enaltece su personalidad y fortaleza. Una secuencia extraordinaria es cuando los hermanos finalmente descubren a Epigmenio Cruz sentado en una mesa al fondo dentro de una pulquería, su figura se va revelando de a poco, suena «Hasta que te conocí» de Juan Gabriel y la cámara acompaña con un travelling a Tomás de costado, yendo desde la barra hacia al encuentro, aquí se asoma sutilmente el derrumbe de un mito, esa transición que existe entre idealizar a alguien y verlo como quien realmente es. Ruiz Palacios escribió la historia cuando estaba sin trabajo y quiso reflejar el racismo que existe en la sociedad mexicana, incluso en movimientos sociales. Güeros, realizada con muy bajo presupuesto, ganó el Oso de Oro a la Mejor ópera prima en el Festival Internacional de Berlín y en el Festival de la Habana, ganó el Premio a Mejor película latinoamericana en el Festival de San Sebastián, el Premio Ariel y una Mención Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Toronto.
“Hay un grupo de directores que hacen cine muy distinto, que consiguen que tengamos la sensación de que el cine en México se mueve” Damián García.




