
Hong Kyung-pyo: Veo veo ¿Qué hay en lo que ves? Por Matías Carricart

La industria cinematográfica mueve una gran cantidad de puestos de trabajo. Directores, actores, productores. Todos ellos logran un reconocimiento gracias a las películas de las que formaron parte. Pero hay un miembro del set que también es importante y que mucha gente no reconoce sus nombres. Este es el director de fotografía. Su labor es materializar la visión artística que tiene el director con respecto a la película. Lo hace a través de la iluminación y el encuadre. El estilo visual correrá por su cuenta.
El cine coreano ha traspasado fronteras en los últimos años. Las películas de Bong Joon-Ho como Parasite: Parásitos (Gisaengchung, 2019), Snowpiercer (2016) y Madre (Madeo, 2009) y thrillers como En presencia del diablo (Gokseong, 2017) y Burning (Beoning, 2018) fueron vistas alrededor del mundo y se llevaron los elogios de la crítica. Todas tienen un elemento en común: el director de fotografía fue Hong Kyung-pyo. Nacido el 11 de agosto de 1962 en Corea del Sur, su debut fue en 1998 con la película Girls’ Night Out (Chunyudleui jeonyuksiksah, 2000) de Im Sang-soo. En sus primeros diez años, trabajó en quince películas, entre la que se destaca Save The Green Planet! (Jigureul jikyeora!, 2003), premiada en varios festivales alrededor del mundo, incluyendo el BAFICI. Sin embargo, su salto al éxito se debió gracias a Madre de Bong Joon-Ho, director de las exitosas Memorias de un asesino (Salinui chueok, 2007) y The Host (Gwoemul, 2007). Y por algo quería a su compatriota para hacerse cargo de la fotografía. Es que Kyung-pyo no trabaja como se hace habitualmente en Corea, en el que el DF solo se ocupa del movimiento de cámara y el encuadre, sino que también se ocupa de la iluminación, habitualmente a cargo de otra persona. Kyung-pyo se destacó en la Nueva Ola Coreana del cine por adoptar el sistema estadounidense en su forma de trabajo.
Madre fue la primera colaboración con Bong Joon-Ho. Narra la historia de una mujer que busca justicia por su hijo, acusado de un crimen. Hay un gran uso del color azul tanto en las locaciones como en la ropa de todo el elenco, excepto en la madre, que se viste de bordó y usa el azul únicamente cuando alcanza la justicia por mano propia. Kyung-pyo no solo utiliza los colores para retratar un ambiente, sino que también está al servicio de la historia de los personajes. Lo mismo ocurre con la iluminación cuando, en el final de la película, la felicidad de la protagonista por haber conseguido su objetivo, se ve mediante una silueta, mientras se mezcla con otras personas en un micro. No hay una toma del rostro, por lo que la mujer llevará por siempre esa sombra oscura luego de lo que cometió.
La segunda colaboración con el célebre director fue en Snowpiercer en 2016. La historia narra un viaje en tren de los últimos habitantes de la tierra. Tanto el color como la luz son utilizados para crear ese ambiente que son los vagones que dividen a las clases sociales. El vagón de la clase baja, es oscuro y sus integrantes visten colores monótonos como el negro y el gris. A medida que van avanzando de vagones, van apareciendo otros colores más claros. El jardín de infantes tiene colores pasteles, el spa tiene iluminación más soleada y el boliche es oscuro con destellos de luz. Hay una escena que incluye una pelea con antorchas, donde no se utilizó iluminación adicional. Nuevamente el protagonista, Curtis (Chris Evans) se destaca: si bien sus compañeros visten oscuros, él es el único que está vestido de negro. Utilizando el color en estas dos películas se nota la influencia de Vittorio Storaro, el cual siempre cita como uno de sus referentes.
Luego de Snowpiercer, Joon-Ho dio el salto a Hollywood para dirigir Okja (2017). Pero Kyung-pyo se quedó en Corea y participó en dos películas de investigación como En presencia del diablo de Na Hong-jin y Burning de Lee Chang-dong. Si bien ambas tienen un misterio, son filmes muy diferentes. En presencia del diablo es de terror con elementos sobrenaturales. En ella, una serie de asesinatos conmueve a una comunidad local. La sospecha recae en una infección y hay dos personajes claves: una mujer “sin nombre” y un hombre extraño. Mientras la mujer viste de blanco y solo es iluminada por la luna, el hombre extraño es iluminado a través de las llamas del fuego. En presencia del diablo fue un éxito que exploró un terror alejado del occidental y que, a través de la fotografía, jugó con la ambivalencia de los misteriosos personajes.
Burning también tiene su lado inquietante, aunque no sea de terror. La historia es sobre un joven que retoma el contacto con una ex-compañera de colegio y que, luego de un viaje, desaparece. La sospecha recae en el novio de ella. La película juega constantemente con esa ambigüedad entre el bien y el mal. Los personajes aparecen a través de siluetas, detrás de un vidrio húmedo o contrastados por la luz solar. Y es que justamente Burning se destaca porque no se utilizó ningún tipo de iluminación artificial. No se apunta a la diferencia de clase entre los personajes con el color, sino al halo de misterio que rodea a cada uno a través de luces y sombras. También hay grandes planos de los campos donde uno de los protagonistas trabaja. El uso de la luz y la sombra se convierte en una herramienta crucial para expresar la ambigüedad y el misterio que rodean la trama. A medida que la película avanza, la cinematografía de Hong subraya las crecientes tensiones emocionales y la sensación de paranoia que afecta a los personajes principales. Nuevamente la fotografía como aliada a la historia. Con este tándem, haciendo más énfasis en la iluminación, se nota su otra gran influencia: el británico Roger Deakins.
Pero, sin dudas, el mayor reconocimiento a Kyung-pyo le llegó con Parasite: Parásitos, en la que se reunió nuevamente con Bong Joon-Ho. La película narra la historia de una familia Kim que perpetra una estafa a los Park, ingresando e instalándose de distintas maneras en su casa. La diferencia entre ambas familias es de nivel socioeconómico. Mientras los primeros sufren inundaciones y su casa está por debajo de la tierra, los Park tienen su mansión con niveles y subsuelos. Para enfatizar la diferencia entre las clases, Kyung-pyo utilizó nuevamente la iluminación como recurso. Mientras que en la casa de los Kim hay una iluminación cálida, en la de los Park hay varias fuentes, entre las que se incluye el sol que ilumina el patio. Lo mismo ocurre con las tomas, donde los cuatro miembros de la familia Kim suele aparecer junta en un plano cerrado, mientras que para los Park se utilizan planos abiertos con la cámara desplazándose y aprovechando los espacios de la casa. Para destacar, y a diferencia de sus películas anteriores, en Parasite: Parásitos se utilizaron efectos visuales para el exterior de la casa de los Park, aunque pasan desapercibidos y no interfieren en la historia. A pesar que la película arrasó en los premios Oscar, ganando el premio a mejor película, Kyung-pyo no fue nominado.
Hong Kyung-pyo se convirtió en el director de fotografía más importante del cine coreano. En la actualidad, su trabajo es requerido por diversos directores. Él no diferencia en presupuestos ni en géneros. Puede trabajar en una película independiente como en un blockbuster local, con una gran abertura de géneros que va desde el drama, pasando por la acción, comedia, terror y hasta falsos documentales. Desde su silencioso trabajo como director de fotografía, Hong Kyung-pyo es uno de los máximos responsables de haber colocado al cine coreano en lo más alto.



