
Huesera: Ser Madre, ser monstruo Por Elen Helen

“Una madre es alguien que, viendo que solo hay cuatro trozos de pastel para cinco personas, anuncia sin demora que nunca le interesó el pastel”.
Anónimo.
En la Argentina del año 2006 bajo la presidencia de Nestor Kichner, con logros económicos sostenidos, buen nivel de crecimiento y pronósticos optimistas para 2007, en la madrugada del 13 de julio mi cuerpo comenzaba a dar señales de querer partirse en dos. Nueve meses esperando este deseado pero terrorífico momento en el que una persona cual alíen iba a salir de mis cincuenta y cinco kilos.
En la pantalla grande se estrenaban películas tales como la brillante Caché: Escondido (Caché, 2005) de Michael Haneke y El Código Da Vinci (The Da Vinci Code, 20025) entre otras. Sin embargo, por estas latitudes familia y amigos felices sonreían en la fría mañana de ese invierno en Buenos Aires, luego de horas de intenso dolor unos gigantes ojos verdes azulados me miraban demandantes. Desde aquel día nada volvió a ser como antes.
Todo comenzó con una mezcla de placer y ansiedad, luego miedos, dudas, la incertidumbre se fue apoderando de mi mente. Pensamientos de toda índole, desde creer en misticismos hasta ser ferviente devota de la ciencia, todos mecanismos para tratar de explicar lo que sucedía en mi cuerpo. Mientras, alrededor todo era una fiesta, una pareja constituida, una familia feliz y ansiosa de recibir al nuevo integrante lograban tapar mis miedos más primitivos como ser morir en el parto.
Mucho tiempo después es que pude poner palabras, todas estas emociones y contradicciones que viví en esos nueves meses de embarazo. Nunca imagine ser madre, (como si eso no fuera físicamente posible), nunca lo imagine, pero una vez llegó el deseo luego de años de ser interpelada por la familia, llegó y rápidamente se concretó. El tiempo empezó a medirse en semanas, páginas de internet en las que veía la evolución de lo que crecía en mi interior se convirtió en rutina. Y es, en este punto, en el que luego de años de terapia y deconstrucción entendí el poder de los mandatos y de las expectativas ajenas.
Nada tiene que ver con mi hijx, sino que tiene que ver con encontrar la forma de maternar de cada una de nosotras que es única y especial. El rol de la madre, es en Latinoamérica especialmente avasallante y suprime en muchos casos a la mujer. La idealización y romantización de esta figura es superlativa.
Hoy es un tema que se pone en cuestión en muchos ámbitos y leyendo una entrevista a María Elena Muñoz, escritora colombiana del ensayo histórico y académico «Maestras y Eruditas. Mujeres en la historia» (2019), asegura que la romantización de la figura materna no es exclusiva de América Latina, sino que se da alrededor del mundo. Sin embargo, dice que esto no siempre fue así.
«Por ejemplo, en las comunidades prehistóricas las mujeres eran guerreras y cazadoras como los hombres, y no había roles de género. Estamos hablando de civilizaciones de hace 4 mil años antes de nuestra era». Añade que, con la aparición del patriarcado como un modelo de dominación social, la situación cambió radicalmente para las mujeres. Para la misma autora, la romantización de la figura materna se da «desde el momento en que los seres humanos ya son sedentarios y empiezan a determinar un líder patriarcal, es decir hombres que son líderes de sus grupos y que tienen a su cargo la producción de las tierras, cría de ganado y otras actividades de comercio.» las mujeres principalmente estaban destinadas a procrear para así proporcionar más trabajadores, más guerreros o más líderes que guiaran a la comunidad.
Sumado a esta idea que se fue arraigando en nuestra cultura, la influencia de la iglesia Católica determino de manera imperativa el rol de la mujer, la Iglesia Católica se opuso a los anticonceptivos hasta el siglo XX y la interrupción del embarazo era considerada inaceptable porque las mujeres debían cumplir con su rol de ser madres.La abnegación, la sumisión, la entrega, la total negación de ser mujer nos acercan a la imagen de la Virgen María y de esta forma nos asegura entrar en el “reino de los cielos”. El cuerpo de la mujer se convierte en un territorio de disputa, atravesado por un modelo económico y también espiritual.
La maternidad como institución que está moldeada por otros, por estados, por religiones, por instituciones e incluso con la medicalización, alejando de esta manera la posibilidad de parir y maternar entendida esta como una experiencia individual, privada y única. Huesera, film mexicano estrenado a principios del 2023 significó una experiencia intensa tocando fibras muy profundas en mí, que mucho y poco tiene que ver con el género en el que se inscribe.
El camino de la araña.
Huesera es la opera prima de Michelle Garza Cervera, una joven directora que supo captar el tono justo y en el momento indicado la cuestión del lugar que ocupa la mujer en nuestras sociedades, donde lo que está en cuestión no es la maternidad, sino el peso de ciertos mandatos que caen sobre el cuerpo femenino.
Michelle Garza Cervera nos lleva directo a la idiosincrasia mexicana, un universo femenino donde el acento esta puesto en la disputa cultural en el que el cuerpo juega un rol central.
¿Qué desea cualquier mujer? ¿Cuál es su aspiración máxima? y la respuesta parece ser una, ¡Ser Madre! y no conforme con eso ¡Ser una buena madre! ¿Qué es ser buena o mala madre? sobrevuela en el film. La directora lleva la narración cual telaraña, poco a poco va tejiendo la historia de una mujer, su embarazo y su familia en lo que parece algo “normal” y a medida que avanza la narración, lo inquietante toma preponderancia. Michele Garza Cervera envuelve a su protagonista cual viuda negra en un capullo para ser devorada.
En la película varias escenas se dan alrededor de una mesa reforzando la idea de familia y de vínculos «amorosos», y subrayo amoroso porque poco de amoroso tiene esta escena. Valeria se encuentra en la cocina con su madre, su tía y su hermana, todas hablan de ella y se “sorprenden” de que esté embarazada, comparándola con la tía, diciendo pensé que ibas a ser «la quedada» como la tía Isabel.
Valeria se trona los dedos y es en este gesto de ansiedad en la que la película se va cocer a fuego lento, mezclando un buscado naturalismo, para pasar luego a claras (escenas de horror y fantástico.
Una sinopsis rápida diría que, tras mucho desearlo, Valeria por fin queda embarazada. Sin embargo, esto es el comienzo del horror pues, a partir de ese momento, una figura macabra y esquelética empieza a visitarla.
El film es un film de atmosferas ya en el comienzo con la virgen de Guadalupe de un tamaño colosal hacen diminuta a su protagonista, y anticipa los tormentos que atravesará. Tras la grandilocuencia de su escena de apertura, la próxima escena es en la intimidad de la pareja teniendo relaciones sexuales ya intervenida por un forzado método para quedar embarazada, de esta forma Michelle Garza Cervera nos muestra los vaivenes en los cuales va a moverse el film. Interior- exterior hasta convertirse en el interior más claustrofóbico.
El ambiente asfixiante de la vida en el departamento de la joven pareja recuerda mucho los climas de El bebé de Rosemary (The Rosemary Baby, 1968) de Roman Polanski. Es más, podemos encontrar detalles en el film que recuerdan a la popular trilogía de este director, El bebé de Rosemary, El Inquilino (Le locataire, 1976) y Repulsión (Repulsion, 1965).
Como en El inquilino de Roman Polanski, el desdoblamiento de la personalidad y los límites de la cordura se convierte en centrales.
Valeria se dedica a hacer muebles que construye con sogas cual red de telaraña, Michelle Garza Cervera nos la presenta a través de estas mediaciones, la vemos siempre a ella tras una de estas redes, cual prisión, interceptada por las miradas de los que la rodean. Solo vemos pedacitos de ella cuando se encuentra con su antigua novia Octavia, pero tampoco puede sostener el vínculo.
En otra escena alrededor de la mesa en su departamento, la pareja recibe unos amigos del marido, los primeros planos mientras comen con gestos animalizados citan directamente a Repulsión.
En uno de los tantos flashback observamos a una Valeria adolescente rebelde de pelo corto y rubio , quien corriendo en el bosque mientras grita no me gusta la domesticación encadenada a la escena siguiente de ella sentada en la mecedora del futuro cuarto del bebe inmersa en colores pasteles, un cuerpo derrotado, un cuerpo domesticado.
Cual lucha entre lo natural y lo cultural, la directora plantea el recorrido del film con elementos naturales, el agua, el bosque, el fuego. El agua va a ser su principal conductor siendo la puerta de entrada a sueños, recuerdos y fundamentalmente el (principio) de la metamorfosis de Valeria.
El lugar del bosque en una de las escenas oníricas y más terroríficas hacia el final de la historia termina funcionando como oxígeno en la narración. El fuego, por su parte actúa como redentor incendiándolo todo, hasta que por fin Garza Cervera desenreda a su protagonista con un poco de ayuda de magia pagana.
El juego con los espejos, las redes y el tránsito por el puente ponen en escena fragmentación de la identidad. La directora apoya su historia en la leyenda mexicana de la huesera, también conocida como “La Trapera” o “La Loba”, esta mujer camina por el desierto recogiendo huesos de animales muertos, como cuervos, serpientes, venados y, especialmente, lobos. Tras esta recolección, regresa a su cueva y los agrupa para formar un esqueleto completo. Utiliza esta figura para darle materialidad, terror y dramatismo a las experiencias que vive la protagonista, quien se siente acechada por esta silueta fantasmal.
El personaje de Valeria camina inexorablemente por sus propias decisiones en arenas movedizas, siendo la escena final donde vemos a Valeria tomar por primera vez una decisión genuina y dando un salto de fe.
El género de terror no conoce de fronteras, pero sí entiende de miedos y de géneros, Huesera es un ejemplo, cuestiona a través del horror muchas ideas arraigadas en nuestra cultura y por eso se constituyó como uno de los films más importantes del año. Huesera se sitúa dentro de un contexto en el cual el paradigma de la maternidad clásico entra en cuestión, y se ponen en escena en films como Barbarian (2022) de Zach Cregger (2022) Distancia de rescate de Claudia Llosa (2021), la brutal Titane (2021) Julia Ducournau entre otras, todas ellas películas donde el cuerpo tiene un lugar trascendental.
Finalmente puede decirse que la disputa es de sentido, la colonización del cuerpo, del inconsciente y del espíritu debe erradicarse para dar lugar a la singularidad. Nada que nazca de la imposición es algo virtuoso, la idea de maternidad entendida como abnegación y negación del yo es siniestra.


